Se le llama Triduo Pascual a los tres días cuando se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús.  En el pasado se consideraba que el triduo pascual era tres días de preparación para la Pascua. Sin embargo, las nuevas normas litúrgicas le dieron un enfoque diferente. Es un triduo de la pasión y resurrección, que abarca la totalidad del misterio pascual.

El triduo comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor, alcanza su cima en la vigilia pascual y termina con las vísperas del Domingo de Pascua.  Es importante conocer que la Cuaresma termina el Jueves Santo en la tarde, antes de la misa de la Cena del Señor.

Padre Rodney Algarín Rosado, párroco de la parroquia San Felipe Apóstol de Carolina explicó que en la misa del Jueves Santo se celebra la institución del sacerdocio y de la Eucaristía al recordar lo que hizo Jesús en la Última Cena con sus discípulos. “Al manifestar la celebración de la Eucaristía, por tradición se celebra ese día como el que se instituyó también el sacerdocio que está muy unido a lo que es la Eucaristía y por eso tradicionalmente se celebra el mismo día”, dijo.

Asimismo, indicó que “con el lavatorio de los pies, Jesús establece claro lo que es el mandamiento principal porque cuando les lava los pies a sus discípulos les dice: vayan ustedes y hagan lo mismo. Siendo la eucaristía el centro, el sacerdocio no es un llamado a un clericalismo vacío sino recordando la raíz de cualquier vocación que es la caridad. No hay amor más grande que el que da la vida por un amigo y a la misma vez el mandamiento del amor. Jesús deja establecido quiénes son los apóstoles y también deja establecido cuál es su misión; el servicio por eso el sacerdocio, aunque es sacerdote y pastor, también es siervo”.

El también Vicario de zona de Carolina, precisó que el sacerdote tiene que recordar que es siervo. En otras palabras, servidor. Destacó que “el Papa Francisco ha estado enfatizando el llamado sacerdotal del servicio. Es un recordatorio y también es un llamado para que los sacerdotes vayamos a la raíz de nuestra misión que es el servicio. El Papa Francisco no está haciendo nada nuevo, sino que nos está recordando la esencia de la vida sacerdotal”.

Sobre cómo se seleccionan las personas que representarán a los apóstoles para lavarles los pies, aceptó que por muchos años la liturgia decía que debían ser hombres escogidos de la misma comunidad litúrgicamente hablando. Sin embargo, “el Papa Francisco ha señalado que no tiene que ser necesariamente hombres, sino que pueden ser inclusive mujeres a las que se les resalte la llamada del servicio. No está atado a que sean los doce apóstoles ni que sean varones porque el discipulado que se nos enseña es para todos”.

P. Rodney enfatizó que la Vigilia que se realiza el Jueves Santo luego de que culmina la misa sirve para acompañar a Jesús en los últimos momentos de su vida antes de ser crucificado. “De hecho la vista de los siete monumentos surge para acompañar a Jesús en los momentos en que estuvo siendo enjuiciado”, comunicó.

De otro lado, relacionado al Sábado Santo, durante el día la Iglesia continúa en silencio por la muerte de Jesús. No es permitido celebrar la Eucaristía y la comunión solo se da como viático. No se puede administrar ningún sacramento a excepción de la Unción de los enfermos y la Confesión. Se pide que se silencien las campanas y la cruz debe permanecer cubierta con un paño morado. El altar no tendrá mantel y el sagrario seguirá abierto y vacío como quedó el día anterior. Las luces del templo deben permanecer apagadas.

Ese día no hay propiamente un culto litúrgico oficial, es un día de meditación y silencio. Por lo menos, durante la mañana del sábado se debe mantener un ambiente en silencio y libre de ruidos ante la muerte de Jesús, por lo tanto todo debe ser sobrio.

Mientras, el Sábado Santo en la noche cuando se está a punto de celebrar la Vigilia Pascual todo cambia.  P. Rodney reiteró que es el culmen de toda la celebración. “Ese día la Iglesia la llama la madre de todas las fiestas. Lo dice San Pablo: ‘Si Cristo no hubiese resucitado, vana seria nuestra fe’”, señaló. A su vez,  recordó que ese día la celebración comienza fuera del templo, en oscuridad y silencio. “Esa noche va a ser signo de luz y de fiesta. El pueblo sumergido en la muerte, el pecado y las tinieblas”, expresó.  Manifestó que una vez se hace la bendición del fuego, se enciende el cirio pascual, esa luz que es Cristo y que es el único que puede liberar de las tinieblas.  Para ese día los fieles también llevan sus pascualitos o velas que son encendidos del cirio pascual.

El sacerdote dijo que ya en el interior de la iglesia, se procede con la liturgia de la Palabra que narra la historia de la salvación. “Los cánticos del Gloria y el Aleluya van señalando y abriendo las puertas del momento de la Resurrección y por medio de la Palabra se nos va narrando la historia de la salvación que encuentra su cumplimiento en el triunfo de Cristo. Luego del pregón pascual y el repique de las campanas todo es alegría y regocijo porque Cristo venció la muerte y resucitó”, manifestó.

Por último, al indagar sobre aquellos que aprovechan la Semana Santa para vacacionar, P. Rodney no los criticó, y admitió que es posible dividir el tiempo entre el descanso y la reflexión.  “La Iglesia no critica irse a vacacionar, sino que hace un llamado a que se tome un tiempo para poner la familia y la vida delante de Dios. Si se vacaciona en Puerto Rico se pueden obtener experiencias riquísimas a nivel religioso porque se visitan otras comunidades”, puntualizó.

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