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La iglesia nos invita a la sinodalidad, caminar juntos y este caminar implica que todos vivamos unidos en un mismo sentir. El Papa dice: “Obispos, Sacerdotes, Diáconos, cultiven una vida Eucarística sin abandonar a los que sufren, donándose a la gente y confiando en el Señor que les ha llamado…con la oración sencilla, la palabra cercana, la acogida fraterna y el trabajo perseverante… no poner su confianza solo en las grandes ideas o en las propuestas pastorales bien diseñadas”. Además, señala: “Los laicos especialmente las mujeres deben ser mas valoradas en sus competencias y en sus dones humanos y espirituales, para la vida de las parroquias y de las diócesis”. Todos formamos el pueblo de Dios, compartamos la vocación del amor. La iglesia promueve la sinodalidad y todos debemos estar dispuestos a asumir la responsabilidad de caminar juntos. Lamentablemente algunos se salen del llamamiento del amor, se extralimitan y se condicionan a sus propias ideas. Se olvidan que debemos dejar que el Espíritu nos guie, para que no se detenga la obra de Dios y tampoco se maltrate o hiera la misión encomendad. Sobre nuestro pensamiento está el proyecto de Dios. Orar y discernir para actuar a la luz del Espíritu. Misionar desde la unidad es compromiso de consagrados, religiosos y laicos.

Somos el cuerpo de Cristo que es uno y cada integrante es importante. No debe haber separación. La misión exige testimonio; que nuestras palabras convenzan. Los profetas del antiguo testamento, trabajabajaron incansablemente; siempre en oración constante y en vigilancia oportuna. Su labor apostólica los impulsó a predicar. Llegó Jesús y escogió a los doce para continuar propagando el Evangelio y les deja el Espíritu Santo. Siguen trascendiendo profetas de la historia hasta hoy. El Espíritu sigue obrando y se deja sentir. La palabra sigue siendo esa fuente de luz que nos instruye, educa, transforma y nos mueve a evangelizar. El profetismo sigue actualizándose en nuestra realidad de vida, mientras que el sectarismo trata de infiltrarse en la obra evangelizadora. Por eso tengamos mucho cuidado. Este camino sinodal no es para unos, es para todos. La fe no tiene fronteras y el amor de Dios siempre nos muestra las veredas que nos llevaran a alcanzar la unidad y la santidad.

San Mateo 15, 27-28 nos enseña como la disponibilidad y la aceptación es clave en el camino sinodal. La mujer cananea, se echa a los pies de Jesús pidiendo libere a su hija: Jesús le dice: “No esta bien echar el pan de los hijos a los perritos” ella contesta: “Sí Señor, pero los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Jesús quiso demostrarnos con esta parábola el valor de la fe y la disposición para servir y terminó diciéndole, “mujer que grande es tu fe, hágase lo que tu quieras”. Porque el que este dispuesto a vivir la fe y el amor, recibe lo esperado. En San Marcos (9, 38-40) Juan se acerca a Jesús y le dice: “Maestro vimos a unos, liberando oprimidos y quisimos impedírselo, porque no son de los nuestros. Jesús dijo: “No se lo impidan, el que está conmigo no esta contra mí”. La unidad genuina que la iglesia presenta es salir al encuentro. Continuemos este camino sinodal viviendo, la comunión, participación y misión.

Olga Aldea

Para El Visitante