La historia de recuperación del Instituto Especial de Desarrollo Integral del Individuo, Familia y Comunidad (IDIIFCO) en Guánica está íntimamente ligada a la recuperación de sus comunidades. IDIIFCO reanudó sus servicios el lunes, 26 de septiembre, fueron días de tensión, confusión y tristeza. Era vital el contacto con los participantes, así como conocer el bienestar de los empleados. Debido a la falta de comunicación se adoptó la estrategia de trabajar junto a la Oficina de Manejo de Emergencias de Guánica, la parroquia del pueblo y la Oficina de Servicios al Ciudadano para conocer las necesidades inmediatas de la comunidad.

Esto implicó visitar hogares, atender personas en crisis. También, incluyó acompañar a aquel que perdió un ser querido. Se ayudó a ordenar el centro de acopio parroquial para canalizar las necesidades de los damnificados. IDIIFCO se unió a la Congregación de las Hermanas de Fátima con un centro de acopio de ropa que se complementó con comida, y efectos de primera necesidad.

Debido a la falta de electricidad y comunicación IDIIFCO trabajó hasta el mediodía. En las tardes visitaron hogares para llevar alimentos, se impactaron 2,100 familias y otros 1,250 recibieron comida caliente. Todo esto gracias a los esfuerzos de los auspiciadores.

IDIIFCO recibió donaciones de emergencia para ayudar la comunidad. Luego de un mes de espera, llegó la luz y los servicios se reanudaron a tiempo completo.

Sin embargo, existen otras necesidades. Los salones de adiestramiento técnico vocacional en la Comunidad de Santa Juanita sufrieron daños en el techo de concreto, a su vez perdieron materiales didácticos y equipos. Aún no cuentan con servicios de comunicación ni de Internet, por lo que las visitas a los participantes se mantienen.

A través de este tiempo, se han hecho ajustes. Por ejemplo, recuperar a los participantes que se ha convertido en todo un reto, no solo por falta de comunicación sino porque algunos se han ido fuera del País. Además, se hace necesario fortalecer emocionalmente a los grupos civiles, profesionales, religiosos y a los empleados de IDIIFCO.

Este análisis los ha movido a un nuevo comienzo. Nuevos estudios de necesidades y planes de acción para reclutar participantes y la elaboración de talleres de resiliencia, recuperación y manejo de emociones ya se llevan a cabo. De hecho, temas dirigidos a la sanación del pueblo se perfilan como estrategia en el caminar hacia la normalidad. Las jefas de familia, los grupos religiosos, los maestros, niños y los envejecientes necesitan ser alcanzadas en este proyecto de vida.

Un profundo proceso de aprendizaje y reflexión surgió de las experiencias vividas como consecuencia del huracán María para el personal. Específicamente con los envejecientes, que a veces lloran al saber que existe gente que se acuerda de ellos. Es necesario entender que conectar al pueblo con sinceridad y realismo compasivo contribuye a su recuperación. Una visión realista es necesaria para adquirir entereza y proveer la certeza de que aún en medio de la tristeza se viven alegrías y de que la vida se compone de todos los tonos del arcoíris, algunos días violeta, otros días verde esperanza. Esa es la vida y se trata de aprender, aplicar y enseñar para poder evolucionar.

No se debe olvidar, la abundancia presente en el Espíritu de Dios que se manifiesta en un espíritu agradecido por la vida. A través de esta experiencia común se ha adquirido la certeza de que aun en medio del desastre Dios se hace presente: en el renacer de la naturaleza, en la bondad de los hermanos, en el amor de la familia y de aquellos que se ocupan de los menos afortunados. En el nuevo año, hay que mantener la práctica de virtudes con aquellos cuyas ayudas aún no han llegado, pues los países toman tiempo en recuperarse de desastres de esta magnitud y no se puede desfallecer.

(Diana I Martínez, CPL, NCC)

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