Los iconos han tenido un lugar importante en el culto cristiano desde los inicios de la Iglesia, sobre todo en la parte oriental del Imperio romano. En la tradición del oriente cristiano, los iconos llevan el verdadero sentimiento y la enseñanza de la “recta doctrina” u ortodoxia.

No se les debe rendir culto, sino que sirven como puntos de conexión entre Cristo y la comunidad de los Santos. Por supuesto, Cristo y los Santos están cerca de nosotros con o sin iconos, pero estos ayudan a servir como constante recordatorio de que vivimos en la presencia de Dios y entre medio de una “nube de testigos”. El  famoso monje trapense Tomás Merton en su libro El significado de los iconos nos dice: “Es tarea del iconógrafo abrir nuestros ojos a la presencia real del Reino de Dios en el mundo, y recordarnos que aunque no vemos nada de su espléndida liturgia, la estamos -si creemos en Cristo el Redentor- de hecho viviendo y alabando como “conciudadanos de los ángeles y santos, fundamentados sobre la piedra angular con Cristo”.

Los iconos de la tradición cristiana oriental no deben ser tomados como arte puramente dicho, sino más bien deben ser utilizados como ventanas que nos llevan al mundo espiritual. Tienen un papel importante en transmitir la teología y las tradiciones de la ortodoxia, y conectan al creyente con el cielo mediante la realización de una actitud de oración que nos conduce a una vida de oración y contemplación.

No menos que la palabra escrita, el icono es un instrumento para la transmisión de la tradición cristiana y la fe. A través de imágenes sagradas, el Espíritu Santo habla al creyente, revelando verdades que pueden no ser evidentes a aquellos que usan solo las herramientas de la razón. Y este es uno de los aspectos más importantes de la espiritualidad de los iconos, que nos enseñan que el dogma, que es el conocimiento revelado de Dios, es ante todo hermoso. El icono nos da la visión de los santos, y revela que el dogma cristiano, como la Trinidad y la Encarnación, es extremadamente hermoso.

El icono es una obra de Tradición. Es más que la meditación personal de un artista individual, sino el fruto de muchas generaciones de creyentes que nos unen a los testigos de la Resurrección. Y aunque los iconos pueden diferir en estilo, por ejemplo los iconos bizantinos representan figuras alargadas, mientras que los iconos coptos representan figuras aún más redondas, siempre hay una uniformidad espiritual. El icono se extiende más allá de los límites culturales y atestigua la unidad de fe centrada en la Persona de Cristo y la Visión de Dios.

En el mundo occidental, sobre todo en la Iglesia latina, el icono más conocido es aquel que llamamos el “Perpetuo Socorro” (patrona de la diócesis de Arecibo). Es un icono típico del arte bizantino, conocido en la Iglesia oriental como el icono de la “Theotokos (Madre de Dios) de la Pasión”. El original se encuentra en la Iglesia de San Alfonso de los Padres Redentoristas en Roma.

En el icono vemos a Jesús atemorizado por la visión de dos ángeles que le muestran los instrumentos de la Pasión sale corriendo a los brazos de Su Madre, perdiendo casi una de sus sandalias. María lo protege en sus brazos maternales. Jesús sujeta sus pequeñas manos a la mano de María buscando protección, de esta manera, ahora en el Cielo, nos la confía a cada uno de nosotros en sus tiernos y amorosos cuidados.

(Prof. Jorge Macías de Céspedes, S.T.L.)

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