Icono de la Ascensión

Dentro del arte cristiano a través de los siglos, la iconografía resalta como la expresión artística por excelencia, llena de sentido teológico, espiritual, como estético, tanto en la Iglesia de Oriente (bizantinas) como en la de Occidente (Latina). Una de las 12 fiestas principales en el año litúrgico, recogidas todas ellas en los iconos que adornan los iconostasios en las Iglesias bizantinas, es el icono de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo. La solemnidad de la Ascensión se celebra como parte inseparable de la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor. En un canto de la liturgia de la Ascensión se proclama: “Adoramos tu Pasión, honramos tu Resurrección, glorificamos tu gloriosa Ascensión”. El icono muestra cómo Cristo resucitó de entre los muertos en un cuerpo físico. Él se aparta físicamente de esta tierra en su ascensión al Padre en la Gloria. Esto se refleja en el icono por medio del Trono, y como en el icono de la Resurrección, por medio de la aureola que le rodea. Los círculos concéntricos aquí son un símbolo de los altos Cielos. Él va delante de nosotros y permanece en ese Reino que está por venir, para sentarse a la diestra del Padre. Está acompañado por ángeles, que son la expresión de su gloria y grandeza, y también son un símbolo del Reino de los Cielos.

El énfasis en los relatos evangélicos de este evento, así como en los textos litúrgicos y en el icono en sí, como vemos, no es tanto la figura de Cristo, sino en los que permanecen de pie debajo de Él. Este grupo representa a la Iglesia que deja visible en la tierra. Como dice Leovid Ouspensky (teólogo ruso), los iconos hablan del establecimiento del Cuerpo de Cristo y la relación con su cabeza, que es Cristo. El grupo no solo está formado por los doce apóstoles, sino también la Madre de Dios (Teotokos) y San Pablo, dos personas que no están en la narrativa del Evangelio. La inclusión de ellos es un buen ejemplo de cómo el icono trasciende el tiempo. No se puede leer como una “foto de periódico o celular” o una ilustración real. Más bien, se nos revela lo que es más importante para nuestra comprensión de la Ascensión del Señor y el establecimiento de la Iglesia. La Madre de Dios se coloca como el eje central del grupo, siendo este su lugar en la Iglesia. Los Apóstoles elevan su mirada hacia arriba, hacia la fuente de la vida de la Iglesia.

“Vayamos, elevemos y volvamos nuestra mirada y pensamientos a las alturas…” (Canon de la Ascensión). Cristo, con su mano derecha los bendice. Ya les había dicho: “Si no me voy, el Espíritu Consolador no vendrá a vosotros” (Jn 16,7), y mientras se va dice: “He aquí que Yo estoy con vosotros siempre” (Mt. 28, 20). El Himno describe el icono muy bien: “Cuando cumplas la dispensación por nuestro bien, y unas la tierra con el cielo: Tu ascensión a la Gloria, oh Cristo nuestro Dios, no te separará de los que te aman, sino que permaneces con ellos y clamas: Yo estaré con vosotros y nadie estará contra vosotros”. Todo esto quiere decir que el icono, así que como la fiesta en sí, mira hacia y se ha de cumplir en el día de Pentecostés; Él se va para enviarnos al Espíritu Santo.

Dentro de este icono, y luego en el icono de la fiesta de Pentecostés, vemos el misterio de la obra salvadora de Cristo. Él ha llenado todas las cosas consigo mismo y, al hacerlo nos une a todos y nos hace partícipes con Él de la vida divina. En nuestro bautismo participamos en su muerte, y es Él quien nos saca de las profundidades de los infiernos. “Hoy asciendes en gloria desde el Monte de los Olivos. Has compartido nuestra naturaleza humana. Hoy te has elevado hasta el trono del Padre en las alturas…” (Himno de la Ascensión).

(Prof. Jorge Macías de Céspedes)

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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