El mensaje de Fátima y la Divina Misericordia

El mensaje de Fátima es un mensaje de reparación. Son tres las peticiones de Nuestra Señora: oración meditativa, penitencia y reparación eucarística. La devoción a la Divina Misericordia también está basada en la reparación. Solo a través de la reparación puede devolverse la creación a su Creador.

Podemos relacionar ambas devociones: la aparición del 13 de octubre de 1917 en Cova da Iría (Fátima, Portugal) y la aparición de Jesús a Sor Faustina el 22 de febrero de 1931. La Hna. Lucía (vidente de Fátima) cuenta en sus Memorias que cuando la Virgen se les apareció a ella y a los otros dos pastorcitos, mientras el milagro del sol ocurría, también vieron a Jesús Resucitado bendiciendo al mundo, con rayos que salían de Él como representando gracias que derrama sobre la tierra; podría referirse ante literam al Buen Señor de la Divina Misericordia que se le apareció a Santa Faustina el 22 de febrero de 1931. Es la misma descripción del Señor Resucitado.

En junio de 1929 la Santísima Trinidad se le revela a la Hna. Lucía en el convento de Tuy. Se le presenta Cristo crucificado y bajo su brazo izquierdo la sangre y agua que caen de su mano clavada y que brotan del costado abierto por la lanza, se transforman en agua cristalina en la que se puede leer las palabras “Gracia y Misericordia”. Este es el mensaje de Fátima que se reza en la jaculatoria de cada decena del Santo Rosario, “María es Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos gran Señora. Amén”.

Jesús en ti confío, es el lema de la Divina Misericordia. Todo se basa en la confianza. En la medida en que confiemos nuestra vida a Dios a través del Inmaculado Corazón de María, el mensaje de Fátima se renueva. El Papa San Juan Pablo II consagró el mundo a Dios a través del Inmaculado Corazón de María en unión a los Obispos diocesanos en marzo de 1984, rogando por la conversión de Rusia y del mundo, cumpliendo la petición de la Virgen de Fátima a Sor Lucía en Tuy. Los Obispos de la Iglesia Ortodoxa usa se unieron en secreto a este acto de reparación, consagrando todas las naciones necesitadas de la misericordia de Dios.

Un estilo de vida misericordioso

Nuestra Madre de la Misericordia nos enseña a tener una actitud de misericordia hacia nuestros hermanos, a perdonar para poder ser perdonados. Nos enseña el valor de la oración meditativa y a contemplar el misterio de Dios en su Divina Misericordia; podemos conocer mejor a Jesús su amado Hijo. A través de la contemplación del Inmaculado Corazón de María, los tres pastorcitos recibieron una revelación del misterio de la Santísima Trinidad que no les fue permitido revelar… A través de la luz que emana del Corazón Inmaculado de María descubrieron la infinita misericordia de Dios hacia los pecadores y el infierno que depara a los que no la aceptan. En esta luz los pastorcitos podían verse como en un espejo; ver sus conciencias, su vida interior y tenían la certeza de que la luz que emanaba del Inmaculado Corazón de María era Dios.

El deseo de Dios es la conversión de pecadores. Los llamados de Fátima y de la Divina Misericordia son vías por las cuales Dios comunica su voluntad mientras hay tiempo para convertirnos.

Perfección Espiritual

Fátima y la Divina Misericordia están enfocadas en que la gente se acerque más a Dios, fuente de bendiciones y perfección espiritual. Como dice el Evangelio: Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto. Una vida de intimidad con Jesús es la esencia de ambas devociones que se complementan y buscan la conversión de pecadores; son un carisma para la Iglesia Universal, un llamado que sirve de eco al Evangelio de Cristo.

El año 2016 sirve de Año del Jubileo de la Misericordia Divina. La Providencia Divina ha hecho que Papa Francisco lo proclame en la antesala del Centenario de las Apariciones de Nuestra Señora de Fátima a celebrarse del 13 de mayo al 13 de octubre de 2017. Siempre juntas ambas devociones del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María.

Más información: www.apostoladomundialdefatima.org / alfatima1@gmail.com

(Prof. Américo López-Ortiz)

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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