Hermanos queridos: Buenos días. La Iglesia Diocesana de Mayagüez los saluda a todos. ¡Que viva Cristo Rey! ¡Que viva la Virgen de la Providencia! ¡Un aplauso grande para Puerto Rico! Y para nuestros hermanos del anexo. Gracias por estar todos aquí. Tengo aquí una vista privilegiada. ¡Qué lindo se ve el pueblo de Dios reunido para alabar y bendecir la gloria de Dios Todopoderoso!

BIENVENIDA:
Bienvenidos todos hermanos. Bienvenidos a las tierras del oeste. Bienvenidos a la cuna del cristianismo puertorriqueño. Bienvenidos al oeste, la cuna y la tierra de la libertad de los esclavos en la pila bautismal. Bienvenidos al oeste, a la tierra de la Aguada de Colón; bienvenidos a la tierra donde, por vez primera, se enclavó, un 19 de noviembre, la cruz del cristianismo que hoy nos reúne. Yo lo creo por fe: Por Aguada Fue.

Bienvenidos hermanos a esta tierra del oeste, tierra de la mariofanía montserratina; bienvenidos a la tierra del oeste, la tierra de los protomártires del Espinar, la tierra del Porta Coeli; bienvenidos a la tierra que sabe a mangó.  Bienvenidos al oeste, la tierra de Betances, de Ruiz Belvis, de José de Diego, de Eugenio María de Hostos. Bienvenidos a la tierra de Monseñor Ulises Casiano, nuestro padre fundador de la iglesia diocesana de Mayagüez. ¡Qué alegría poder decirles bienvenidos a la tierra donde ejerció abundantemente su ministerio nuestro querido Mons. Romualdo Ortiz, sacerdote hijo de Dios!

MENSAJE A LOS OBISPOS:

Un saludo muy especial y cariñoso, primero que todo, para ustedes, nuestros Obispos Puertorriqueños.
Queridos Señores Obispos: mis primeras palabras se las quiero dirigir a ustedes: aquí está esta porción del Pueblo de Dios. Ustedes nos han convocado y aquí estamos. Este pueblo los quiere, este pueblo los ama, este pueblo los respeta y este pueblo está aquí hoy porque ustedes nos han llamado. Ustedes nos han convocado y aquí estamos.  Venimos a iniciar la Misión Continental con ustedes.  Venimos a decirle que queremos unir nuestras manos con las de ustedes para levantar a esta gran nación y para darle fuerza a la historia de la iglesia en Puerto Rico. Ustedes, señores obispos, nos han convocado y nosotros aquí estamos listos y preparados para formar el lío que nos ha pedido que formemos nuestro Papa Francisco. Aquí estamos todos, pastores y fieles, para constituirnos en lo que debemos ser siempre: la fuerza de Dios en esta tierra bendita, la fuerza de Cristo y de su iglesia, la única fuerza capaz de transformar y de iluminar a esta gran nación puertorriqueña. La fuerza de la Iglesia de Cristo. ¡Que viva la Iglesia Católica! ¡Da gusto ser católico, se siente sabroso ser puertorriqueño, llevar la mancha de plátano y la cruz de Jesucristo en el cuello! ¡Sin miedo, que somos el pueblo de Dios! ¡Que se vean esas banderas, que Cristo y María Santísima están en medio de nosotros! ¡A él la gloria por los siglos de los siglos! Siéntense, ¡que esto está bueno!

Señores Obispos, Padres y Pastores nuestros: los católicos aquí reunidos le pedimos que nos guíen, que nos den luz, que nos custodien, que nos cuiden, que nos quieran, que nos gobiernen, que nos eduquen y nos santifiquen, que nos reprendan cuando sea necesario. Aquí estamos todos juntos: sacerdotes, diáconos, consagrados, y fieles, para que se cumpla aquello de que no le falte nunca al rebaño la solicitud de sus pastores ni le falte nunca a los pastores la obediencia de sus rebaños. Gracias por convocarnos. Aquí estamos.

En momentos de crisis la Iglesia ha de ser luz y esperanza
Amadísimos hermanos: en estos momentos de crisis en tantos órdenes de la vida mundial, en momentos de tristeza y desolación, de guerra y de violencia en tantos lugares del mundo, en estos momentos de crisis en el pueblo de Puerto Rico, en estos momentos en que se generaliza un sentimiento de desesperanza ante lo económico, lo social, lo político, en estos momentos de tristeza, dolor y sufrimiento: ¡Aquí está la Iglesia de Jesucristo, con la fuerza poderosa de Nuestro Salvador! Hoy, con el salmista, proclamamos la esperanza para el pueblo: ¡El Poderoso ha hecho obras grandes por mí y su nombre es santo! El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres!
El Señor está mirando la humillación de este pueblo. Él está presto para mostrarnos su misericordia, para hacer proezas con su brazo transformando a los soberbios de corazón y a los poderosos. El Señor está presto para levantar y ensalzar al pueblo humilde y auxiliar nuestra amada patria borincana.

El pueblo de Dios, la Iglesia de Dios, esta iglesia reunida aquí en esta mañana, no se empequeñece. Esta Iglesia no se amilana. El pueblo de Dios, la Santa Iglesia, tiene la promesa de que las puertas del infierno no podrán contra ella. Esas puertas infernales podrán hacer frente a nuestras vidas. Nos van a hacer frente a nosotros creyendo que nos van a detener, pero en el nombre Cristo vamos caminando y en nombre de Cristo vamos a tumbar las puertas del infierno, y le vamos a pasar por encima. Esta iglesia va a derribar los muros como los derribó el pueblo de Israel. ¡Los que esperan en el Señor le nacen alas como de águila para levantarse a las alturas! ¿Cuántos de ustedes se atreven levantar alas al cielo y decirle al Señor: “aquí está tu iglesia Señor. Tus obispos nos han llamado y obispos y pueblo aquí estamos, Jesús, a tu servicio, doblando ante Ti la rodilla porque Tú eres la fuerza capaz de transformar nuestra historia?”.

Hoy ha de cumplirse para nosotros lo que nos dice San Pablo por medio de su carta a los Gálatas: Dios nos ha enviado a su Hijo, nacido de esta Gran Mujer, nacido de Santa María Madre de La Divina Providencia. Ella nos cuida.  Esta imagen bendita es aquella imagen que, cuando en el 1976 las manos criminales se atrevieron a quemarla, se dejó quemar, pero no permitió que se quemara ese Niño que tiene en los brazos. ¡Así es que ella hace con nosotros! Por eso hoy la tenemos aquí con orgullo, porque detrás de esa acción vandálica y detrás de ese hecho, que yo considero milagroso, Dios nos está hablando: “No se olviden que ella está entre nosotros”.

Aquí está el pueblo de Dios, El Dios que viene a poner en nuestra boca una frase santa: Abba Padre…; que viene para arrancar las cadenas de la esclavitud que nos atan como pueblo; que viene para liberarnos y hacernos Hijos y herederos por la Voluntad del Padre Celestial.

Aquí está el Pueblo de Dios, el pueblo  que viene con fe viva para poner su mano en la reconstrucción del pueblo que nos han dejado. Nos lo ha dicho Benedicto XVI en el Discurso Inaugural de Aparecida: (N. 1 Documento Aparecida)

“La fe en Dios ha animado la vida y la cultura de estos pueblos durante más de cinco siglos. Del encuentro de esa fe con las etnias originarias ha nacido la rica cultura cristiana de este continente expresadaen el arte, la música, la literatura y, sobre todo, en las tradiciones religiosas y en la idiosincrasia de sus gentes, unidas por una misma historia y un mismo credo, y formando una gran sintonía en la diversidad de culturas y de lenguas. En la actualidad, esa misma fe ha de afrontar serios retos, pues están en juego el desarrollo armónico de la sociedad yla identidad católica de sus pueblos.”

Dice el Papa:

“A este respecto, la V Conferencia General va a reflexionar sobre esta situación para ayudar a los fieles cristianos a vivir su fe con alegría y coherencia, a tomar conciencia de ser discípulos y misioneros de Cristo, enviados por Él al mundo para anunciar y dar testimonio de nuestra fe y amor.”

El evangelio nos invita a llenar las tinajas

El Evangelio de las Bodas de Caná que hoy ha sido proclamado nos presenta la crisis que experimentaron los novios cuando se les acabó el vino.  Una sala llena de comensales, una fiesta que estaba, como dice el jíbaro, “encendía”, estaba en todo su apogeo… y se les acabó el vino… ¿Han ido ustedes a esas parrandas nuestras donde son las tres de la mañana y hay doscientas personas, y nadie se quiere ir, y suena ese cuatro, como está sonando en esta mañana, y decimos, “nos amanecemos, pero que viva la cultura, la tradición, la navidad y que viva nuestro pueblo”.  Yo no sé ustedes, pero yo, de cura, todavía me tiro esas parrandas. Uff, claro.  El obispo lo sabe.

Así estaban aquellas bodas de Caná,  y de momento se escuchó un susurro: “se está acabando el vino, ¿qué vamos hacer?” Y había que decirlo calladito. “Se está acabando el vino y, si se acaba el vino se acaba la fiesta, si se acaba el vino, se arruina todo, si se acaba el vino, los novios se desmoralizan”.

Me imagino el corre y corre en la despensa… los mozos cuchicheando, el mayordomo desesperado, los papás de los novios a punto de una “nervousbrakedown, youknow”. Tal vez la noticia llegó a oídos del novio, y el novio dijo “que no se entere la novia porque se me acaba la esperanza”. Y mientras ellos buscaban a ver qué hacer ante la crisis que se les venía encima, ante la crisis que ya estaban sintiendo porque se estaba acabando el vino, o, más bien, porque se acabó, los enemigos del novio se reían: “se les acabó el vino… cójanse ahora, yo se lo dije, está bueno que les pase, ahora me toca a mí.Ja ja…”

Hermanos: Puerto Rico, en las últimas décadas ha  sido una Gran Fiesta de Caná. Se derrochó el vino sin tomar provisiones para que no se acabara. Y ahora estamos diciendo “el vino se nos acabó, y ahora, ¿qué? Se nos acabó el vino”  Los novios y los mayordomos están nerviosos y, mientras tanto, los enemigos están gozando. “está bueno que les pase”…

Pero volvamos a Caná de Galilea:En aquella Fiesta había dos invitados especiales.El Evangelio que hemos proclamado dice: “En aquel tiempo había una boda en Caná de Galilea, ¿yqué pasó en aquella boda?La Madre de Jesús estaba allí y con ella estaban Jesús y sus discípulos”. María estaba en la Fiesta y estaba pendiente de lo que estaba pasando.  Pero no estaba pendiente para criticar ni para alegrarse,  estaba pendiente para ayudar, para prestar sus manos, porque no quería ser parte del problema sino parte de la solución. Y María acude a su Hijo y le dice: “Hijo, no les queda vino”.  Y Jesús le dice “Mujer déjame…”. Y María lo vuelve a mirar y le dice “No les queda vino…”… Y Jesús, “pero Madre no ha llegado mi hora…”,  y María, mujer al fin… Madre al fin… “no les queda vino, Jesús, no les queda vino, Hijo mío, por favor, no te das cuenta, Hijo mío, no les queda vino…” Me imagino que huboun momento de silencio en ambos, pero una mirada profunda…  Y Jesús: “Mamá…” y María: “Hijo…”…  Y los labios de Jesús dejaron entrever una sonrisa… y los ojos de María dejaron entrever un brillo de alegría:   HAGAN LO QUE EL LES DIGA…Y COMENZO LA FIESTA…: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor. Tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora…

En las bodas de Caná estaban Jesús, María y sus discípulos.  En la boda y en la historia de Puerto Rico, no se nos olvide, hay también tres grandes participantes: María, Jesús y sus discípulos, su Iglesia.  Esta Iglesia Santa que desde el 1493 llegó a las playas del oeste para quedarse con nosotros. Esta Iglesia Santa, como ella misma confiesa en Aparecida, que entre luces y sombras, ha caminado por más de cinco siglos con nuestro pueblo.Esta Iglesia es la que cuando nuestro pueblo no sabía leer ni escribir comenzó a establecer escuelas; cuando nadie cuidaba nuestros ancianos ella establecía asilos; cuando no había quien protegiera nuestros enfermos ella abrió hospitales; cuando no había quien cuidara nuestros niños ella estableció orfanatos.  Esta es la Iglesia que no tuvo miedo a fundar los primeros centros de estudios universitarios para educar a nuestro pueblo.

Esta es la Iglesia que defendió los derechos del hombre en la defensa de los derechos de nuestros indios. Esta es la iglesia que no tuvo miedo a las autoridades españolas, ni ahora le puede tener miedo a las autoridades americanas, a la hora de orientar, de guiar, de proteger y de levantar la moral y la dignidad de nuestro pueblo. Esta es la Iglesia que fue fundó nuestros pueblos y ciudades; que fueeducando y forjando patriotas; esta es la iglesia que nos enseñó el valor, la necesidad y la urgencia de formar una identidad nacional de pueblo, que nos enseñó, sin miedo,a utilizar la palabra patria, nación, iglesia e identidad.

Esta es la iglesia que nos trajo el Evangelio, que nos enseñó a amar a Dios y a la Virgen Santísima, que nos enseñó a vivir los principios de la moral y humanidad; la Iglesia que ha defendido los valores de la familia, del matrimonio, de la vida, de la persona humana, de la mujer puertorriqueña. Esta, esta queridos hermanos, esta es la iglesia compañera en los terremotos, en las tormentas, en los huracanes, en las pestes y enfermedades, en las buenas, en las malas, en la salud y en la enfermedad. Y así será hasta que la muerte nos separe.

Ya les decía hace un ratito, ¡da gusto ser católico, da gusto ser puertorriqueño!No faltará quien entienda que tal vez mis palabras son triunfalismo. Posiblemente lo sean.  Es que los hijos de Dios no estamos llamados a la derrota ni al fracaso. Somos y existimos para el triunfo y la victoria en el nombre de Aquel que triunfó sobre la muerte y que glorioso se levantó del sepulcro.Yo sin embargo, prefiero llamarle a mis palabras no triunfalismo, yo le quiero llamar a mis palabras conciencia, yo le quiero llamar a mis palabras empeño, yo quiero que mis palabras signifiquen compromiso de -la iglesia con el pueblo que Dios le puso en sus manos.

 

Iglesia Triunfal: Iglesia Profeta

Esta Iglesia Triunfal es la que hoy, en medio del momento en que parece que a Puerto Rico se le acabó el vino de la fiesta, levanta su voz para, para gritar con fuerza: NUESTRO PUEBLO TIENE QUE VOLVER A DIOS.  Esta es la Iglesia que hoy tiene el compromiso de hacerse presente con los invitados principales de la boda: JESUCRISTO, MARIA SU MADRE, Y SUS DISCIPULOS.

Esta Iglesia católica, esta iglesia nuestra, no puede ahora, en momentos de las peores tormentas sociales, morales, políticas y económicasde nuestro pueblo, guardarse en la seguridad de los templos y en el confort.Esta Iglesia ha de recobrar la conciencia de ser una Iglesia misionera. No puede mantenerse al margen de la lucha por la justicia y el bien, antes bien, esta iglesia católica puertorriqueña tiene que insertarse nuevamente, con nuevos bríos, con mayor fuerza, con responsabilidad, en todos los quehaceres de la vida nacional.

En este hermoso día, aquí en Mayagüez, nuestros Obispos, junto a la Iglesia congregada en sus laicos, consagrados, consagradas y clérigos, lanzarán el inicio de la Gran Misión Continental… Con Cristo, Misioneros para Puerto Rico entero. “Necesitamos, en Palabras de Aparecida, un nuevo Pentecostés. Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de sentido, de verdad y amor, de alegría y de esperanza” (DA 548)

En esta lucha misionera que hoy se reinicia, nuestra Madre, La Virgen de la Providencia, será nuestra capitana. Ella será quien con su intercesión, no enseñará a ser discípulos y misioneros de su Hijo Jesucristo. A ella la invocamos en este momento crucial de la historia borincana. A ella hoy le queremos pedir, y se lo quiero pedir cantando, que interceda por nuestro, como intercedió por los novios en las bodas de Caná.  Yo quiero cantarte a Ti, madre bendita, para que bendigas a nuestro pueblo.  ¡Qué viva la Iglesia Católica!

 

Virgen de la Providencia

tú que eres madre de honor,

dale a este pueblo valor,

danos fe, danos paciencia.

Fortalece la conciencia

de este pueblo en aflicción.

Llénanos el corazón,

de esperanza y alegría,

protege Virgen María,

a nuestra Iglesia y Nación.

 

Tú eres Madre Protectora,

del pueblo puertorriqueño,

libra nuestro pueblo isleño

en esta difícil hora.

Tú eres nuestra gran Señora,

tú eres nuestra protección.

En momentos de aflicción

tú eres para nuestra casa,

orgullo de nuestra raza

honra de nuestra nación.

¡Viva Cristo Rey!¡Viva la Iglesia Católica! ¡A Dios la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Gracias a mi obispo por haberme permitido tener la homilía en esta mañana. Gracias a todos.

 

Por: P. Ángel Luis Ríos Matos

 

1 COMMENT

  1. En el Visitante dice que se vea esta pagina para acceder la homilía en su totalidad pero aquí aparece igual que en el periódico y entiendo que la homilía fue mas larga. Le falta contenido. Gracias!

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