Queridos hermanos y hermanas:

¡Feliz Año Nuevo 2017!

Hace ocho días celebramos una nueva navidad, es decir, una nueva celebración del nacimiento de Jesús. En tanto hoy celebramos un nuevo año con la esperanza de que cada día de este nuevo año esté marcado con lo que Dios quiso  significar con el Nacimiento de ese Niño, que es señal de la cercanía de Dios para la humanidad y con la humanidad.

Con ese Niño ha nacido la verdadera esperanza: Aquella que ni defraudó, ni nos debe defraudar. Ha dicho el Papa Francisco: “Donde nace Dios, nace la esperanza: él trae la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz. Y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra.” (Urbi et Orbe, 2015) Por tanto, la desesperación y la falta de paz son una contradicción del espíritu navideño que se está llamado a vivir, no solo en estos días, sino vivirlos a perpetuidad.

Esa esperanza y esa paz que nació en Belén y que renace en cada Navidad también está destinada para Puerto Rico, donde parece que hemos cambiado el canto encantador y alegre del coquí por el otro canto, el canto de tristeza y pesar del lamento borincano. Si algún momento propicio tenemos en Puerto Rico para abrirnos a la esperanza, es este, el de la Navidad donde la vida nueva, la esperanza y la paz jamás han dejado de brotar.

Puerto Rico, ¡que hoy, cuando celebramos un nuevo año, renazca tu esperanza!

Para Puerto Rico se han pronosticado muchas noticias pesimistas: que  perderemos más población, que perderemos fondos para la salud, etc., lo cual es muy preocupante y posible.

Lo que Puerto Rico nunca debe perder es su esperanza. ¿Cuál es esa esperanza?  La esperanza que brotó desde la cueva de Belén. La esperanza que nace en cada navidad y se renueva en cada nuevo año en quienes están dispuestos a vivir como Abraham, con esperanza para vencer los retos de un mundo herido por su falta de esperanza en Aquél que vino a guiarlo y salvarlo.

En estos días, el Papa Francisco, en su catequesis, hablaba sobre la esperanza y la desesperación. Las cosas que decía, me hacían pensar en la desesperación que se está viviendo en Puerto Rico. Decía el Papa:

“Abraham cree, su fe se abre a una esperanza en apariencia irrazonable; es la capacidad de ir más allá de los razonamientos humanos, de la sabiduría y de la prudencia del mundo, más allá de lo que es normalmente considerado de sentido común, para creer en lo imposible. La esperanza abre nuevos horizontes, hace capaces de soñar lo que no es ni siquiera imaginable. La esperanza hace entrar en la oscuridad de un futuro incierto para caminar en la luz. Es hermosa la virtud de la esperanza; nos da tanta fuerza para caminar por la vida.”

…[e]n el corazón de Abraham estaba la oscuridad de la desilusión, del desánimo, de la dificultad para continuar esperando en algo imposible. ..La fe no es solo silencio que todo lo acepta sin replicar, la esperanza no es certeza que te da seguridad en la duda y en la perplejidad. Sino que muchas veces, la esperanza es oscuridad; pero está ahí la esperanza… que te lleva adelante. Fe es también luchar con Dios, mostrarle nuestra amargura…” (Catequesis del 28 de diciembre de 2016)

Y, hoy, al inicio de un nuevo año, cuando es natural preocuparnos por el futuro personal y familiar y el de Puerto Rico, la Iglesia celebra en su calendario litúrgico la maternidad de María, fuente viva de esperanza acerca del futuro. La nuestra es una esperanza basada, no en ilusiones, sino en lo que, a través de María, ya ha sido posible para nuestra humanidad. La Iglesia resume todas las esperanzas. Nuestra esperanza no se sostiene en lo que puede pasar; sino que brota en lo que pasó en aquella primera Navidad. Dios se hace cercano; se encarna y viene a habitar en medio nuestro. Lo hace en medio de lo pobre, de lo olvidado, de lo descartado, de lo pequeño. Nuestra esperanza se sostiene de Aquel que se sostuvo en aquel pesebre olvidado, escondido, ignorado: ¡Jesús!

En el misterio de la Navidad Puerto Rico puede hallar  los principios y las enseñanzas fundamentales que han de guiar nuestro viacrucis hacia su recuperación económica y sobre todo, la espiritual: Dios siempre se hace presente; obra en lo imposible; lo descartado, lo engrandece; no hay noche que no pueda iluminar; los humildes son los primeros; los humildes también cuentan.  ¡La austeridad nunca debe atentar contra la dignidad del ser humano!

Hoy también la Iglesia celebra su ya tradicional Jornada Anual  Mundial para la Paz,  la número 50. ¿Por qué celebrar esta jornada en Año Nuevo y en la Solemnidad de María, Madre de Dios? Porque la Santísima Virgen María es Madre de la Paz. En el Nacimiento de su Hijo, que recién celebramos,  los ángeles glorificaban a Dios deseando paz en la tierra, a los hombres y mujeres de buena voluntad.

Como donde nace Jesús, nace la paz, el Papa, confiado en el milagro de la paz, nos ha dado un mensaje para esta jornada, que les recomiendo lo lean, lo releamos, lo discutan en los hogares, en las escuelas,  y lo tengan en la lista de las lecturas obligadas. Pueden “googlearlo.”  El tema es: “La no violencia: un estilo de política para la paz.”

A veces cuando hablamos de la falta paz pensamos que eso nada tiene que ver con nosotros y nosotras aquí; pensamos que es un asunto de Siria, Turquía, Pakistán y otros países amenazados por el terrorismo. De manera especial pedimos por las víctimas del atentado terrorista en la madrugada de hoy en Estambul y nos solidarizamos con todos los turcos. Pero en el mundo no hay paz, incluido en Puerto Rico que también somos una nación sin paz.

En  Puerto Rico, hemos creado una sociedad donde la paz se ve amenazada por una cultura abortista donde niños y niñas  inocentes son asesinados en el vientre materno cada día del año; no hay paz en Puerto Rico cuando se usa el poder político para discriminar y/o perseguir; no hay paz en los empleos porque ya ni la paga a ciertos empleados se les garantiza; vivimos en un terrorismo laboral cuando a menudo se sugiere el despido de empleados y abusar de acuerdos laborales; no hay paz cuando perturbamos con el chisme, el bochinche, la paz individual, la mentira y la difamación. Todo lo anterior es un tipo de violencia. También viven una especie de violencia los ancianos y ancianas abandonados, los niños y las niñas  maltratados y abusados sexualmente y las comunidades con amenazas ambientales como en Peñuelas. Nos solidarizamos con los que dicen, “¡No a las cenizas. Sí a la vida!”

Con este mensaje quiere el Papa que creemos una cultura de la “no violencia como un estilo de política para la paz, y pido a Dios (dice el Papa) que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores personales más profundos. Que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales.” (n. 1) Nos dice el Santo Padre que el corazón humano es el verdadero campo de batalla donde se enfrentan la paz y la violencia: “

También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21). Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf. Mt 5,44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39). Cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11) y cuando, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (cf. Mt 26,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación…” (núm. 3)

Queridos hermanos y hermanas, con este nuevo año, Dios nos brinda un nuevo tiempo para hacer de la esperanza esa zarza ardiente que jamás se apaga; para hacer de la paz, la manera de conducirnos e interrelacionarnos. Se aproximan tiempos difíciles para nuestra vida colectiva como pueblo puertorriqueño, para nuestras familias y para todos los sectores de nuestro gobierno y del País y, sobre todo,  para los pobres y los más vulnerables. Oremos por nuestro nuevo gobierno, pidamos para ellos ecuanimidad, objetividad,  sabiduría, fortaleza, sensibilidad y amor por todos sus compatriotas, especialmente los pobres y marginados. A los miembros de la Junta de Supervisión Fiscal y al nuevo gobierno, les refiero unas palabras del Papa Francisco que pueden ayudarlos en el difícil y doloroso discernimiento que les toca.

“Jesús mismo nos ofrece ‘un manual’ para esta estrategia de construcción de la paz en el así llamado Discurso de la montaña. Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia. Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades. Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio. Esto exige estar dispuestos a «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso». Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social.”

Les deseo a todas y a todos un Año Nuevo de paz y bien en el amor del Niño-Dios. ¡Que el Señor les bendiga y proteja siempre!

¡Muchas felicidades!

 

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