Gran Misterio de fe y amor

Sin duda alguna, de entre todos los misterios de nuestra fe el más grande de todos, es el de la Santísima Trinidad, puesto que es la base del resto de nuestros misterios. El misterio de la Trinidad es nada más y nada menos, que la constitución de Dios mismo, en ese Dios en quien creemos y adoramos, en quien ponemos nuestra fe, en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta fe brota de las palabras mismas de Nuestro Señor Jesucristo por la forma de Él expresarse de sí mismo, de su Padre y del Espíritu Santo. Lo primero que debemos de recordar que el Hijo es, de las Tres Divinas Personas, el que se hizo hombre y habitó entre nosotros y lo que hemos visto de ÉL, sobre todo después de haber resucitado, es lo que nos habla del misterio trinitario.

A todo lo largo del Antiguo Testamento, Dios siempre se ha manifestado como uno, como el Único Dios de Israel. La primera lectura de hoy nos presenta el momento más íntimo, más epifánico entre Dios y el ser humano. Es la ocasión donde Dios se manifiesta a Moisés, aunque Moisés no lo puede ver con claridad. Tras que Dios se manifiesta a través de una nube, Moisés se postra en tierra porque sabe que, si lo ve, se muere. Pero no por eso deja de tenerle la confianza de pedirle que tenga piedad de su pueblo y que habite sobre él. Y es que, aunque Dios esa infinitamente mayor que nosotros y no podemos compararnos con Él, mayor ha de ser nuestra confianza y sentido de filiación que el miedo que nos pueda dar su presencia. Dios no quiere tanto que le temamos, sino que lo amemos, como Él mismo proclama ante Moisés.

Aunque la primitiva Iglesia no había formulado todavía los misterios de nuestra fe, entre ellos el de la Santísima Trinidad, no por eso no se puede decir que no se creía en ellos. Cuando San Pablo se despide de la comunidad de Corinto en su segunda carta, lo hace invocando a la Santísima Trinidad. Esta despedida, que se ha convertido en el saludo litúrgico nuestro por excelencia, no solamente menciona a las Tres Divinas Personas por su nombre, sino que le da a cada una de ellas un atributo: el Hijo nos hace santos, el Padre nos ama y el Espíritu Santo nos une.

Y hablando de que el Padre nos ama, ese es el énfasis de Jesucristo en su conversación con Nicodemo. En esta conversación, Jesucristo indica que nuestro Padre celestial no quiere que nos condenemos, sino que nos salvemos. Por eso es que envía a su Hijo, para que, a través de su Hijo, nosotros sepamos cuánto nos ama Dios y cuán importante somos nosotros para Él. A lo largo del Evangelio de San Juan, Jesucristo habla constantemente de su Padre, de cómo se tratan ellos dos, para que nosotros sepamos qué nos espera cuando nos encontremos ante Dios: una comunidad de amor.

P. Rafael “Felo” Méndez Hernández

Para El Visitante

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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