En éste y en los próximos domingos iremos leyendo el decimotercer capítulo del evangelio de Mateo, donde encontramos siete parábolas que van describiendo de forma catequética el misterio del reino de los cielos. Reino que se ha hecho patente en las palabras y en los signos milagrosos del mismo Jesús.

De las primeras parábolas me resulta muy llamativo y a la vez muy sugestivo el contexto en el que se pronuncian; se trata de la orilla del lago. Me resulta llamativo porque Jesús no comienza a hablar de la vida marítima, sino de la vida agraria y campesina. No habla de pescadores, lo cual sería muy comprensible al estar junto a un inmenso cuerpo de agua; habla, más bien, de un sembrador y su semilla. (Hará alusión a la vida marítima en la última de las siete parábolas -cfr Mt 13, 47 ss- y se leerá el decimoséptimo domingo). Me resulta, también, sugestivo en tanto y en cuanto Jesús tiene que explicar la parábola; sus discípulos son pescadores, no agricultores. Lo mismo hará ante la petición directa de éstos (cfr Mt 13, 36) con la parábola del trigo y la cizaña como se verá el próximo domingo. (Parábola también de la vida agraria y no de la vida marítima).

En el texto de la primera lectura Isaías (Is 55, 10-11) utiliza un lenguaje poético también muy seductor. La vida del profeta se desarrolla más bien en la ciudad y, desde ese contexto, es decir, desde la vida citadina habla de la vida campesina. Habla de semillas que, regadas por la lluvia celeste, germinan. Es capaz de hilvanar una hermosa analogía entre la lluvia y la Palabra. La que no retornará vacía, sino que cumplirá la voluntad del Señor; es decir, germinará y dará fruto. También se podría señalar un doble contexto particular para Pablo en la segunda lectura (Rom 8, 18-23). Por un lado, él como judío tendría sus ojos y su corazón puestos en Jerusalén, sin embargo como buen anunciador y evangelizador ha puesto su atención en Roma. Y la ciudad de Roma es signo esperanzado de la dimensión universal que habría de conseguir el mensaje cristiano. Pablo sugiere una creación grávida y a punto de estallar. Aguardamos, con la creación, cual madre en labor de parto, la hora de que germinemos todos como hijos de Dios. Esta analogía utilizada por Pablo la considero también desconcertante en su contexto: Él fue soldado, no médico.

Una mirada panorámica de las tres lecturas nos puede construir, bastante completo, el proceso de germinación. El evangelio nos ofrece el elemento de la semilla y el terreno. Científicamente se sabe que la semilla no germina si no ha sido transportada a un ambiente favorable. Jesús lo ha podido observar y lo hace parábola. Pablo con su imagen del  parto, nos puede estar sugiriendo el proceso necesario de hinchazón y ruptura que ha de atravesar una semilla para iniciar su crecimiento. No hay vida sin dolor. El profeta, por su parte, con la imagen de la lluvia nos lleva a ese otro elemento completamente necesario para la germinación: el agua. Ésta es la que permite a la semilla fundirse con el suelo. Y ahora, cualquiera podría señalarme que también he traspasado los contextos: Que soy sacerdote y no biólogo. ¡Lo acepto!

Creo que hoy Jesús nos mueve de nuestros cómodos contextos y espera que los cambiemos. No pide que seamos estrategas militares, nos pide que construyamos y luchemos por la paz. Eso implica que no nos podemos quedar a la orilla del camino. No pide que seamos artesanos, sino que dejemos moldear en sus manos nuestra blanda arcilla. Eso implica que nuestro camino de crecimiento no necesita para nada las duras piedras; necesita más bien, la lluvia. No pide que seamos médicos, sino que busquemos siempre sanar. Eso implica que nuestra vida no podrá estar rodeada de punzantes y nocivas zarzas. No pide que padezcamos jadeos y dolores de parto, pide que en todo demos a luz siempre la esperanza. No pide que estemos esclavizados a una doctrina y unas normas, pide que entremos en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. No pide que seamos sembradores, sino que seamos el buen terreno donde su semilla pueda germinar.

Por P. Ovidio Pérez Pérez

Para El Visitante

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