Cada vez son más las familias que los ingresos que reciben no le da para cubrir sus gastos y por ende su nivel de endeudamiento aumenta porque tienen que valerse de tarjetas de crédito y de préstamos para cubrir sus gastos cotidianos. Ese fue uno de los planteamientos que presentó el Dr. David Zayas, decano del Colegio de Administración de Empresas de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, recinto de Ponce. Esto como parte de la conferencia Salud económica en la familia que dictó como parte del VII Simposio de la Familia que se efectuó la tercera semana de abril en la Ciudad Señorial.

El Decano sostuvo que el hecho de que las familias no puedan cubrir sus gastos con los ingresos que reciben refleja que es necesario hacer cambios en la economía familiar. Según Zayas esta acción pone en riesgo a las familias porque, por ejemplo, si se incumple con el pago de la hipoteca, la familia podría perder la casa, lo que agravaría la situación.

Ante esto, enumeró los cuatro pilares de la salud económica en la familia que son: 1. Conocer claramente el estado económico donde operará la familia. 2. Reconocer el contexto situacional de la economía familiar. 3. Desarrollar una conciencia plena de que el proceso de administración económica de la familia es un proyecto a largo plazo. 4. Crear conciencia de que la evolución familiar impacta directamente el entorno económico de la misma.

Por eso ofreció recomendaciones para promover un entorno familiar económicamente estable que debe comenzar con el diálogo sobre los aspectos básicos que moderan la economía familiar. Mencionó la importancia de establecer un presupuesto económico realista y balanceado que promueva la generación de un entorno intrafamiliar económicamente estable.

El Dr. Zayas aclaró que todos en la familia deben estar al tanto de lo que ocurre con la situación financiera de la casa, pues solo conociendo la realidad de lo que ocurre todos los miembros podrán hacer los ajustes necesarios. Por eso sugirió que en los hogares donde hay hijos pequeños la mejor forma de enseñarlos a hacer buen uso del dinero, es dándoles una mesada o estipendio para que ellos lo manejen. Alertándolos sobre las consecuencias de que, si gastan todo en unos días, no tendrán más dinero hasta la próxima semana.

Asimismo, indicó que entre la pareja tienen que escoger quién va a tener la responsabilidad de ser el administrador del hogar que se encargará de hacer los pagos mensuales. Comentó que hay familias que optan por tener cuentas separadas, otros tienen una cuenta para cubrir los gastos mensuales. Y otros las tienen mancomunadas, lo que él por su experiencia recomienda.

Afirmó que es vital que cada familia haga un presupuesto que debe ser realista y balanceado. Esto porque aparentar que se tiene un nivel económico superior al que se posee siempre traerá problemas. Explicó que “un presupuesto balanceado es en el que hay más ingresos que gastos, lo que fomenta el ahorro. Está el que tiene ingresos iguales que sus gastos, entonces podrá cubrir sus deudas, pero no le alcanzará para ahorrar. Y está el que tiene más gastos que ingresos, que cada vez es la opción más común, entre las familias”.

Relacionado con las secciones básicas del presupuesto familiar, el Decano compartió que este debe incluir las fuentes de ingresos que contienen el dinero que se recibe sin importar si es semanal, quincenal o bisemanal. También otros ingresos, como los que se reciben producto de las inversiones, herencias o donaciones. En cuanto a los gastos otra pieza clave del presupuesto, confirmó que hay que detallar cada uno de ellos desde el más grande hasta el más pequeño y que estos pueden dividirse en diferentes categorías. Los ordinarios, que son aquellos que tienen fecha de vencimiento y un monto preestablecido. Los circunstanciales que incluyen (vestimenta, zapatos y reparaciones del auto, entre otros) y los extraordinarios entre los que están (eventos especiales, fortuitos, viajes educativos, accidentes, viajes de placer, graduaciones, asuntos médicos).

Al final, enfatizó que no existe una formula básica que puedan utilizar todas las familias porque cada una tiene sus particularidades. No obstante, admitió que si se tienen las cualidades de una buena administración que son: ser realistas con sus ingresos, tener un sentido de mayor provecho y de recursos disponibles, desarrollar cómo controlar los gastos y ser responsable con los pagos, es posible mejorar la economía familiar.

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