La oscuridad no solo es ausencia de luz, también puede convertirse en un reflejo del abandono y la vulnerabilidad. Para muchos adultos mayores en Juana Díaz, cada apagón significa incertidumbre, ansiedad y hasta riesgo de accidentes en sus propios hogares. Ante esta realidad, la Pastoral Social de la Parroquia San Ramón Nonato, de la Diócesis de Ponce, emprendió una misión sencilla, pero profundamente transformadora: instalar focos solares en las casas de personas de la tercera edad que viven solas o en condiciones precarias.
Se trata de una alternativa limpia, gratuita y sustentable. Estos focos funcionan con pequeñas placas que absorben la energía del sol durante el día y la convierten en iluminación durante la noche. No requieren electricidad ni costosas baterías, lo que los convierte en una solución práctica para quienes carecen de recursos o de sistemas de energía alterna.

El Reverendo Diácono Nelson Rivera, trabajador social clínico y coordinador de la Pastoral Social, explicó que la iniciativa nació de la preocupación por los múltiples riesgos que enfrentan los adultos mayores durante los apagones. “Muchos de nuestros envejecientes son encamados y quienes los cuidan también suelen ser personas mayores. La desesperación y la ansiedad en esos momentos llevan a tropezones y accidentes. En lugar de un paciente, terminamos con dos. Los focos solares brindan tranquilidad, permiten movilidad segura y reducen el desespero en medio de la oscuridad”, destacó.
La parroquia ha instalado ya más de 60 focos solares en comunidades como Jacaguas, Collores, Guayabal, Río Cañas Arriba y Abajo, así como en sectores del pueblo. Cada instalación se realiza con acompañamiento de voluntarios de la Pastoral Social, quienes ven en esta labor parte de su formación cristiana y su misión de servicio.
El impacto se refleja en testimonios como el de doña Margarita Vélez Santiago, de 85 años, quien recibió uno de los focos en su hogar en Jacaguas. “Antes, cuando se iba la luz, yo me quedaba a oscuras sin saber qué hacer. Ahora tengo mi foco solar que me alumbra toda la noche. Es una bendición”, expresó emocionada.
Para el Padre Pedro Guzmán, párroco de San Ramón Nonato, esta obra es signo del Jubileo que vive la Iglesia bajo el lema “Cristo es nuestra esperanza”. “La luz es esencial, y más para los enfermos y personas mayores. Este proyecto trae esperanza en medio de una crisis energética. Es también una manera de poner en práctica la exhortación de nuestro obispo, que nos invita a integrar las Pastorales Sociales en la vida parroquial y a atender las necesidades reales de nuestro pueblo”, subrayó.
El trabajo no se limita a la feligresía católica. El Diácono Nelson resaltó con orgullo que, gracias al impulso del párroco, la ayuda se ofrece sin distinción de credo. “Si la persona no es católica, eso no limita que podamos brindarle el servicio. Ahí es donde nos hacemos verdaderamente Iglesia: atendemos la necesidad real de la persona”, afirmó.
El proceso para seleccionar los hogares beneficiados responde a criterios claros. Se priorizan familias de bajos ingresos, personas sin plantas eléctricas o sistemas de placas solares y casos de vulnerabilidad evidente. “No vamos a instalar un foco en una casa que ya tiene todos los recursos. Queremos que la ayuda llegue donde realmente hace falta”, explicó el diácono.
Los voluntarios de la parroquia, entre 10 y 15 miembros activos, también juegan un papel crucial. Algunos se encargan de las instalaciones, otros apoyan en la distribución de alimentos o acompañan en visitas pastorales. “La evangelización también es testimonio. No se trata solo de predicar, sino de estar con la gente, agarrarlos de la mano, acompañarlos en sus problemas y hacer su carga más liviana”, reflexionó el diácono Rivera.
El proyecto no estuvo exento de retos. Al inicio, había focos disponibles, pero poca demanda. Sin embargo, con la agudización de los apagones, la iniciativa cobró fuerza y los equipos se agotaron rápidamente. Incluso surgieron anécdotas curiosas, como la de una vecina que pidió retirar el foco porque se encendía en horas inusuales de la madrugada y no la dejaba dormir. “Son detalles que se van aprendiendo, pero en general la gente ha estado muy agradecida”, compartió entre risas el diácono.
Además de los focos solares, la parroquia ha organizado un centro de acopio de suministros para emergencias, realiza distribuciones de alimentos en coordinación con Cáritas y ofrece charlas de orientación a la tercera edad, incluyendo prevención de fraudes, clínicas de salud y bancos de sangre. “No estamos todo el tiempo metido en el templo, porque sabemos que el templo de Dios es su pueblo”, enfatizó el Padre Pedro.

El proyecto, que comenzó con una colecta en Acción de Gracias que recaudó más de dos mil dólares, es hoy un modelo de cómo la solidaridad y la creatividad pueden dar frutos sencillos pero profundos. El Diácono Nelson lo resume con claridad: “Tenemos que tocar el dolor ajeno, sentirlo y ser parte de la solución. La evangelización también va en el testimonio”.
La Pastoral Social de San Ramón Nonato invita a toda la comunidad a unirse con donativos, materiales o tiempo como voluntarios. Cada foco solar que se instala no solo ilumina un cuarto oscuro: también enciende una chispa de esperanza en los corazones de quienes más lo necesitan.



