El próximo 1 de octubre, la Iglesia Católica celebrará la memoria de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, también conocida como Santa Teresita de Lisieux, por el monasterio carmelita francés donde vivió hasta su muerte. Una santa que en su “caminito” espiritual sigue mostrando que la humildad y el abandono al amor misericordioso del Padre no tienen límites.
Al hacer memoria sobre quien es Santa Teresita para nosotros los carmelitas podemos asegurar que es una fuente de inspiración. Su amor incondicional se refleja en la misión de evangelizar no solo con palabras, sino también con obras. Ella, desde su clausura y siendo la “más pequeña flor del Carmelo”, se ofreció como intercesora incansable por los sacerdotes y por quienes aún no conocían a Cristo. Así mostró que la misión carmelita no depende de grandes acciones, sino de un corazón encendido en la presencia de Dios.
Su entrega la llevó a ser proclamada Doctora de la Iglesia y Patrona de las Misiones, recordándonos que la santidad puede alcanzarse en lo pequeño de cada día. El corazón contemplativo de Teresita se enriqueció de la intimidad con Dios: entendió que no todos pueden realizar grandes obras, pero que todos somos capaces de amar.
En palabras de la misma santa: “Mi caminito espiritual es el camino de la infancia espiritual, de la confianza y de la entrega absoluta al Amor del Padre.” Esa confianza la sostuvo en la adversidad y le permitió prometer antes de morir: “Pasaré mi cielo haciendo el bien en la tierra… dejaré caer una lluvia de rosas.”
Su vida sencilla y llena del Amor de Dios sigue inspirando hoy a quienes buscan amar
con lo pequeño de cada día.

Santa Teresita del Niño Jesús: la pequeña flor que transformó el mundo conamor
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