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Hay un libro que reflexiona sobre los lenguajes del amor. Enseña que no todo lo que para uno es expresión de amor, puede ser interpretado por otro como tal.  Por eso el chino solo entiende si le hablas en mandarín. Y otros entenderán como amor lo que para ellos es tal. Sea como sea, no cabe duda que el flechazo de Cupido no brota solo por la atracción inicial, que envuelve mucho del egoísmo pasional del que busca lo que agrada a los sentidos. El amor se entenderá mejor, cuando se expresa en los detalles. También en esto diríamos que “el diablo está en los detalles”.

Y serían detalles que expresan en último término, mi deseo de hacerle bien al otro, de agradarle, de sumarle algo bueno. Después de todo amar es dar y darse, es cooperar con mi esfuerzo al bien del otro. La mujer, por lo general, posee una habilidad ingénita para encontrar el detalle, ¡y exigirlo! Es la esposa que se alegra por el carro que le regaló su esposo, pero llora porque le falta la tarjeta y la moña. En la cena el interés no es en que la comida sea exquisita, que de envidia al chef Piñeiro, sino en el mantel, la vajilla, e incluso la romántica vela.

Los varones por lo general, son en eso más ‘tiraos’. Lo que interesa es la cosa, no el papel de envolver ni la moña. Como un amigo, bien crudito en los detalles, que, al avisarle la esposa que le gustaría le trajese alguna flor, o algo así, arranca del camino unas flores silvestres y se las alarga directamente: “toma, para ti”. Bueno, al menos aprendió la primera lección. Hay varones más rudos en los detalles. Un psiquiatra, después de oír a la pareja en su problemática, entendiendo que aquella mujer necesitaba muchas expresiones externas de afecto, que el marido no le proveía, manda a la esposa a ponerse de pie. Puesta ella de pie, el psiquiatra le da un abrazo efusivo y le dice al esposo: Ve, eso hacerlo por lo menos dos veces en la semana. Y el marido: “¡Bueno, se la puedo traer el martes y el jueves! O el otro que, avisado por el siquiatra de que les convenía salir fuera, al menos dos veces en la semana, decide: “Bien, ¡ella sale el jueves y yo el viernes!”

¡Ay, los detalles! Dicen que una guerra se perdió por culpa de un clavo. El clavo de la herradura del caballo del general que, al desprenderse, lanzó a tierra al general, que se mató, y el ejército, sin cabeza, se desbandó y rindió. David se vistió de las armas de Saúl para enfrentar a Goliat, pero no se podía mover. Fue con una piedrita cómo le dejó inconsciente, y luego pudo cortarle la cabeza con su misma espada. Una cantante española de los años 70 (no recuerdo quién) cantaba: “Son tonterías, verdad, mis tonterías, en una tarde un clavel, en otra un pastel, así es la vida”.

Se trata de acumular detalles que agraden a otro, un servicio como “déjame a mi fregar, vete a la tele”. La sorpresa del postre que a él o a ella le gusta; liberarla a ella de una tarea molesta “deja, yo la hago”; un telefonazo en medio del trabajo en que le recuerdas brevemente que pensabas en esa persona; un paseo inesperado, o incluso una nalgada; un café en la cama… qué se yo. Hay tantas formas pequeñas de decirle al otro ser lo especial que es para ti. Cuando de veras hay amor, del bueno, no los flechazos de Cupido para San Valentín, uno se las inventa. Dicen los filósofos que “el bien es difusivo de sí”, o sea que la bondad no se siente bien dentro de sí, sino que desea salir, explotar, expresarse, materializarse…

Cuando faltan los detalles es como una pieza mecánica que lleva meses sin engrasarse, o el carro sin que le cambies el aceite: se ‘desbiela’. Y eso pasa tristemente con muchas parejas. Cupido está en los detalles. No seas como “el viejo seco, seco, que se casó con la vieja seca, seca, y se secaron los dos”. Aun de viejos, y con muchas dolamas, ya sin nuevos petardos que explotar, siempre puedes buscar gestos sencillos, que le recuerden al ser amado lo especial y significativo que es para ti. Y no olvides que todos necesitamos comer, pero si en la casa propia no hay cocina, el diablo nos tuerce a mirar hacia la cocina ajena. ¡Ojo al pillo!

P. Jorge Ambert, SJ

Para El Visitante

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