El pasado 11 de abril, domingo de la Misericordia, feligreses y devotos se dieron cita en la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús en Santurce a partir de las 2:00 p.m. para reflexionar, orar y celebrar el don de la Divina Misericordia.

El evento comenzó a realizarse hace 14 años en la Arquidiócesis para resaltar esta celebración que San Juan Pablo II, en el 2000, durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, proclamó como la Fiesta de la Divina Misericordia en toda la Iglesia el segundo domingo de Pascua.

La Vicaría de Pastoral y la Comisión Arquidiocesana de la Misericordia (CAM), coordinan y realizan esta actividad que, este año, tuvo que ajustarse para cumplir con las medidas de seguridad por el Covid-19.

La apertura fue la exposición del Santísimo Sacramento, frente al cual los fieles escucharon y meditaron algunos escritos de Santa Faustina Kowalska relacionados con la figura de San José, para establecer un vínculo con la fiesta de la Misericordia y el año dedicado al patrón de la Iglesia Universal.

Luego, el Ministerio Corazón de María de la Parroquia Santa Rosa de Lima de Venus Gardens en Cupey cantó la Coronilla de la Divina Misericordia y el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San Juan, Mons. Alberto Figueroa, dio la absolución general, concedida por la situación de la pandemia a cuantos cumplieran con las disposiciones debidas.

Después dio inicio la Santa Misa presidida, también, por Mons. Alberto y, junto a él, P. Rodney Algarín, Vicario de Pastoral; P. Víctor Llenas, Vicario de la zona de Carolina; P. Héctor L. Cruz, párroco de la Parroquia Santa Teresita, y los Rvdos. D. Eddie López y D. José L. Rosa.

Durante la homilía, el Obispo explicó, desde el pasaje del Evangelio de San Juan, cuando Jesús se presenta a sus discípulos luego de la resurrección, que “son las manos y el costado lo que el Señor muestra a los discípulos para darse a conocer” y que son, al mismo tiempo, signo de la misericordia con que tocó leprosos, levantó a los caídos, consoló a los tristes, bendijo, sostuvo, sanó, sobre todo, a los pobres, excluidos y olvidados.

Además, insistió en que: “De nada nos vale tener la palabra misericordia en los labios continuamente si no ejercemos la misericordia a través de gestos concretos de misericordia”.

Y añadió: “Tú y yo somos ahora las manos del Señor para derramar sobre los demás las obras de misericordia […]. Tú y yo tenemos que ser para el mundo como el costado abierto del Señor, ayudándole a recibir la vida de la gracia, la que santifica y transforma”.

Por su parte, P. Rodney, quien acompaña a los laicos en la realización de este evento, comentó a El Visitante que, más allá de la devoción a la Divina Misericordia, “el pueblo tiene hambre de la misericordia de Dios y ahí está la importancia de anunciarla. Mientras haya hambre hay que testimoniar esa misericordia, y eso, más que una palabra bonita es que Dios nos enseñó primero que Él ha querido llegar hasta nuestras miserias, y nos toca anunciar al mundo que Jesús las conoce, las sana y que no debemos tener miedo, sino abrirnos a su gracia. Por eso, hoy es un día de fiesta revelada, fiesta en el corazón y fiesta que hay que anunciar”.

 

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here