Fe y trabajo

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Reflexión a 10 años de laborar para la Iglesia

Ora et labora una frase que desde muy pequeño me enseñaron los monjes benedictinos que me educaron en la escuela. doce años después, entendería el significado. En el año 2012 un amigo me contactó para preguntarme si conocía a alguien que estuviera buscando trabajo porque el Arzobispado de San Juan necesitaban una persona para Recursos Humanos. “No me viene nadie a la mente en este momento, pero ¿me puedes explicar que funciones realizará?”. Así pegunté lleno de incredulidad por no poder entender cómo un laico podía hacer una carrera profesional trabajando para la Iglesia. En mi mente no había espacio para un cambio de empleo y mucho menos salir de una industria para ir a trabajar para la Iglesia.

Dios me bendijo con un padre y una madre espectaculares que me enseñaron amar a Dios sobre todas las cosas. Todos los domingos teníamos que asistir a la Iglesia. Mi madre es catequista y mi padre hoy en día es Diácono. Como podrán imaginar, me inculcaron el respeto y el amor a la Iglesia. 

Muy pocos laicos tienen la oportunidad congregarse para la celebración de la misa y a su vez trabajar para alguna organización de la Iglesia Católica. Trabajar para la Iglesia ha sido una experiencia transformadora en mi vida. Al principio, provenir de la industria privada supuso un cambio cultural significativo, ya que estaba acostumbrado a un entorno enfocado principalmente en los resultados económicos. Adaptarme a un ambiente de trabajo donde el enfoque no es crear riquezas económicas fue un desafío, pero también una oportunidad para replantearme mis prioridades y redescubrir lo que realmente es importante en la vida.

Tengo que admitir que no todo ha sido fácil o color de rosas. Recuerdo que un sacerdote me dijo si tu fe no es sólida no puedes trabajar en la Iglesia, pues, vas a estar trabajando con humanos imperfectos que tomamos decisiones en ocasiones incorrectas. Al igual que todo patrono, la Iglesia tiene sus retos y sus áreas de oportunidad. En los pasados 10 años aprendí que la Iglesia no es simplemente una organización, es una comunidad de personas unidas por la fe y guiadas por el Espíritu Santo. Cada decisión, cada acción y cada proyecto tienen un propósito más profundo que trasciende lo meramente material. Hoy en día, lo que me apasiona no es el reconocimiento ni el estatus que podría brindarme un puesto directivo en una compañía de capital privado. Lo que realmente me llena de satisfacción es el saber que cada día aporto a la misión evangelizadora de la Iglesia, ayudando a difundir el mensaje de amor, esperanza y solidaridad.

Si bien al principio el cambio cultural fue un reto, ahora puedo afirmar que trabajar para la Iglesia ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. Ha sido una experiencia enriquecedora que ha transformado mi perspectiva sobre el trabajo y la vida. Agradezco la oportunidad de contribuir al servicio evangelizador y los invito a que de una forma u otra se unan en sus comunidades o alguna de las pastorales de la Iglesia para que puedan poner su tiempo, tesoro y talento a la disposición de nuestra madre iglesia. No se arrepentirán.

Luis E. Ramos Zapata

Para El Visitante

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