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La comunidad parroquial de San Isidro Labrador de Sabana Grande, pueblo del petate, sabe entretejer con sus manos la fe católica, su historia, su cultura y su tradición agrícola. A pesar de los retos pastorales y sociales que enfrenta la comunidad parroquial, el tesoro mayor que ofrece es su gente que busca manifestar los valores evangélicos por toda la enorme sabana y montañas que comprenden el recinto petatero. Para profundizar en la historia y la tradición del pueblo, El Visitante conversó con Padre Edgardo Acosta Ocasio, párroco de Sabana Grande y Vicario de Pastoral de la Diócesis de Mayagüez.

Historia

En los albores del siglo 19 se asentó una villa de pobladores en aquella sabana y en ella una ermita. La comunidad de vecinos desde sus orígenes pertenecía a la Villa de San Germán desde donde se fragmentó y estableció con carácter particular, según detalla el presbítero. “Se erige canónicamente en el 1814. Fue el Obispo Don Juan Alejo de Arizmendi, precisamente el primer obispo puertorriqueño, quien fundó la Parroquia. Antes era una capilla de la Villa y Partido de San Germán”, afirmó Padre Edgardo.

Actualmente, la parroquia cuenta con una comunidad nutrida que se reúne en la casa de todos: el templo parroquial ubicado en el casco urbano y sus 17 capillas repartidas en los distintos sectores. El equipo pastoral se conforma por el Diácono Milton Ortiz; Padre Luis Ramón Jusino Flores, vicario; P. Emery Mondesir, vicario; y el párroco. 

Fe y adversidad

El pueblo sabaneño es muy mariano y se distingue por el petate para vincular la fe a la sabia de la tierra. “Sí, hay mucha devoción a la Virgen y hay piedad popular. […] Sabana Grande es muy agrícola, se distingue por el petate porque aquí crece la palma que se usa para las artesanías de petate”, destacó P. Edgardo. La fe del pueblo ha sido el sostén ante los años recientes en los que se destacaron: la serie sísmica (al encontrarse en la zona próxima a Guánica y Yauco), la pandemia y los huracanes (2017 y 2022). Sobre esto compartió Padre Edgardo que: “Todavía sigue temblando y cada dos o tres días se siente. Continúa, pero hemos aprendido a vivir así asustándonos un poquito, pero seguimos pa’ lante. Dejó claro que la pandemia supuso una contracción en la población de la que aún no se han recuperado, “pero diría que hemos recuperado un 80-85% de la feligresía, vamos normalizándonos, en la cuaresma pasada volvimos a procesiones en las calles y visitas”. Todo esto al igual que la Iglesia que peregrina en los distintos pueblos de Borinquen.

Ya a nivel social, el sacerdote apuntó a los datos estadísticos del Departamento de Salud de PR con una crisis demográfica en la que se destaca una población de edad avanzada en crecimiento y una natalidad menguada. A esto se añade la migración principalmente a los EE.UU. que no necesariamente es un sueño, sino que puede tornarse en pesadilla. Y despotricó contra los empates y chapucerías en el servicio eléctrico, en vez de mejorar el sistema porque cada vez que se va el servicio esencial el pueblo sufre unos cuantos días.

“Estos son parte de los retos pastorales a los que nos enfrentamos. Obviamente tenemos que establecer un proyecto pastoral, una evangelización de cara hacia fuera. No podemos depender de un catolicismo de tradición o un régimen de cristiandad ya caducado, hoy no podemos compartir el hecho de que nuestra gente cree en nuestra fe. Lamentablemente hay gran indiferencia, un ateísmo generalizado, un bombardeo de los medios de comunicación de ideologías nefastas. Nos corresponde afrontar y asumir el reto de emprender una evangelización que llegue a esa población que hoy permanece en la indiferencia”, dijo el Vicario de Pastoral.  

¿Tesoro parroquial? Los petateros

A la interrogante de cuál es el tesoro de la parroquia, contestó Padre Edgardo: “Nuestra fe, ese fervor cristiano que todavía se conserva a pesar de todo en nuestra gente, que le lleva por encima de los retos y dificultades, a un espíritu solidario. Nos sentimos motivados a ayudar al necesitando, a socorrer al que está pasando por momentos de dificultad y a hacernos participes de sus situaciones de dolor. La parroquia tiene grupos que dos domingos al mes cocinan para los que están solos y los que no tiene techo. Tenemos un grupo que reparte enseres del hogar y alimentos. Siempre dentro de lo posible se ha suplido y se asiste al necesitado, ese espíritu de caridad y solidaridad”.

El Santo

San Isidro Labrador es el patrono de esta comunidad y de la parroquia al otro lado de Borinquen en Maunabo. Fue un agricultor que nace en Madrid para el 1080 y muere en 1130. Según Padre Edgardo fue “un hombre de profunda fe y de convicción que amó a Jesucristo y vivió postrado ante el Sagrario, que antes de ir  al trabajo a cuidar ganado asistía a misa diaria”. Sus mayores virtudes fueron la humildad y sencillez, valores que brillan en las comunidades bajo su patronato en Borinquen. Para celebrar al santo, los sabaneños celebrarán la novena por 14 fincas agrícolas de sus comunidades para bendecirlas.

Padre Edgardo hizo un llamado a que “honremos y oremos juntos a nuestro Santo Patrón en nuestra fiesta el 15 de mayo”.  Añadió que en Sabana Grande se concluirá un año jubilar, con ocasión de los 400 años de la canonización del patrono. Los que asistan a la celebración recibirán indulgencia plenaria, si cumplen con los requisitos. La celebración será el 15 de mayo en el templo parroquial. Comienza a las 6:00 de la tarde con la procesión, la misa es a las 7:00 p.m. 

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

Twitter: @Enrique_LopezEV 

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