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Desde sus 15 años no ha podido desligarse del llamado misionero que tiene desde su bautismo. “La misión es un estilo de vida”, afirmó Fabiola Torres Rivera en entrevista con El Visitante. Su primera experiencia de misión fue en la República Dominicana y desde entonces ha compartido la alegría del evangelio en un sinnúmero de ocasiones, las cuales han sido en su mayoría por cuenta propia dentro y fuera de Puerto Rico. Su última experiencia se dio por Latinoamérica durante 5 meses, en la que sirvió y compartió sus conocimientos, dones y talentos con los más necesitados y comunidades desventajadas. 

Renunció a lo que tenía: trabajo y “vida estable” para ir a servir a tierras desconocidas. Todo fue posible durante tantos meses gracias a la Providencia Divina, a quien le tiene mucha devoción. Su travesía comenzó en enero de este año con el Encuentro Misionero Latinoamericano (EMLA) de la Juventud Mariana Vicentina en Honduras. Luego, peregrinó por México, Guatemala, El Salvador, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. En todos estos países, Dios se manifestó a través de los detalles y las personas, confesó. Su recorrido lo terminó entre mayo y junio haciendo un retiro de silencio durante un mes. 

Durante todo este tiempo de misión, pudo divisar las diferentes realidades y necesidades de los pueblos latinos. “Comunidades donde no está presente Jesús en la Eucaristía”, donde el sacerdote asiste y celebra Misa una vez al mes, falta de conocimiento sobre Dios y los sacramentos de la Iglesia, entre otros son algunos de los escenarios. Por su parte, aportó con acompañamiento a familias, niños y ancianos, ofreció talleres y catequesis sobre temas en los que había carencia. Además, vio la necesidad e importancia de que Jesús esté presente y realmente en la comunidad por medio de la Eucaristía. “Esa es la prioridad” de la misión. “Debemos llevar lo más importante”, apuntó. 

De igual forma, Torres Rivera recalcó que es importante adentrarse en las costumbres y tradiciones de los pueblos, acercarse a ellos y acompañarlos. Asimismo, estar dispuesto a ayudar y atender las necesidades de los demás. Y al terminar el tiempo de misión, darle seguimiento y continuidad a ello, pues “la misión nunca termina”. 

Por otro lado, Fabiola enfatizó tener en cuenta que un viaje misionero no es de turismo ni de placer. No todo fue “color de rosa”. En este tipo de acciones se hacen ciertos sacrificios que pueden incomodar, como caminar mucho, dormir en lugares no muy cómodos o comer algo que no sea apetecible al paladar. La misión requiere sacrificios, así como hizo Jesús, que se sacrificó por los demás. 

Esta hazaña de Fabiola fue posible gracias a la bondad las personas, a sus ahorros, a su arduo trabajo previo, venta de artículos y, sobre todo, a la Providencia de Dios que nunca le abandonó. 

El ajetreo de la vida no nos puede hacer permanecer “en la ignorancia o en una burbuja”. Son muchas las cosas que pasan a nuestro alrededor que pueden ser campo de misión. “Dios da la gracia. No es fácil, pero si hermoso”, añadió. Todos los días tenemos una oportunidad de ayudar a alguien y ser agentes de misión. “El Seños nos muestra dónde está la misión”, es cuestión de siempre estar alegres y dispuestos, prepararse y anticiparse a las necesidades de los demás para ser efectivos en la llamada de Dios. “La misión no se puede limitar… siempre puedo hacer algo” por el otro. Por último, recalcó que la misión siempre debe ir acompañada de oración, “es oración más acción” y que la misión nos debe hacer crecer en espíritu. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

j.rodriguez@elvisitantepr.com Twitter: jrodriguezev 

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