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El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta el Kήρυɣμα  (Kerigma), el anuncio cristiano de la Resurrección del Señor.

En su Carta a los cristianos de Colosas, San Pablo les insta a que hagan de Jesucristo resucitado la razón de sus vidas, aquello por lo que deben luchar.

San Juan en su Evangelio nos presenta los eventos que rodearon la Resurrección del Señor.

            Aναστασις (Anástasis), es el antónimo de Katábasis, la palabra que vimos el pasado domingo. Significa exaltación, glorificación, elevamiento, alzada, subida, triunfo. Esta es la palabra que los cristianos de origen griego utilizan para designar la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. De hecho, los griegos ortodoxos y católicos bizantinos llaman a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén la Iglesia de la Anástasis, la de la Elevación de Jesucristo sobre el pecado y la muerte.

            Recordando la segunda lectura de la Carta a los Filipenses, San Pablo dice: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó (katábasis) hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó (anástasis) sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, 11y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.  O sea, porque obedeció al Padre y se humilló de forma total, su Padre lo levanta y la Resurrección se convierte en la glorificación de Cristo.

            Esta Anástasis de Jesucristo se convierte en la razón de ser de nosotros los cristianos y nos debe de llenar de alegría, porque el triunfo de Cristo se convierte en el triunfo de todos nosotros, y esperanza de vida eterna que Cristo nos obtuvo con su muerte y Resurrección, su katábasis y su anástasis. Es por eso que su muerte y Resurrección son inseparables y si nosotros queremos disfrutar de ese triunfo de Cristo, un triunfo que Cristo quiere para nosotros, entonces debemos de abrazar la Cruz.

            El Kerygma, el anuncio de la Resurrección del Señor, se convierte en la razón de ser de la primitiva Iglesia. En el día de Pentecostés, cuando la Iglesia rompe a anunciar el Evangelio en la persona de San Pedro, comienza con este anuncio: “Ese Jesús, al que ustedes mataron colgándolo del madero, ha resucitado y nosotros somos testigos de ello”. Este anuncio ha de llenar de alegría y esperanza a todos los que sufren. Me vienen a la mente los pobres, la gente sencilla y los civiles que son las personas que verdaderamente sufren en las guerras, como el conflicto de Rusia-Ucrania, el de Israel-Palestina, y ahora Haití. El anuncio de la Resurrección de Jesucristo tiene que ser una bofetada a los grupos que buscan poder y fortalece para los humildes que no lo tienen. Esto es a lo que se refiere San Pablo cuando, en su carta a los Colosenses, les dice que busquen los viene de arriba, no los de la tierra. Esos mismos bienes son los que tenemos que buscar nosotros.