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Uno de los rasgos que define al hombre de nuestro tiempo es el ateísmo. Los cristianos debemos ocuparnos para que la fe recupere su sitial de liderazgo en la humanidad. Tenemos que reaccionar ante el fenómeno del ateísmo imperante. Hemos de cuestionarnos si una de las razones o la principal razón por la que el mundo se ha alejado de Dios es si el cristianismo se ha alejado del mundo.

   Hoy la vida se organiza sin tener ninguna referencia a Dios. Para la mayoría Dios no importa. El filósofo Carlos Alberto Marmelada afirma: “en cuestión de décadas, la sociedad ha rechazado la postura minoritaria de que Dios no existe para asumir un fenómeno de masas por el que la vida se organiza sin tener ninguna referencia a Dios”.

De este modo, el filósofo concluye que “el ateísmo actual ya no es fruto de un razonamiento teórico o una inquietud intelectual” sino que consiste en “vivir si Dios con absoluta normalidad” en la que bautiza como una “sociedad posatea”.

Para el filósofo Marmelada, son dos las notas fundamentales de esa sociedad posatea: el consumismo desmedido y el indiferentismo religioso. Esta sociedad experimenta hoy una “necesidad psicológica” que es el consumismo, entendido como “el anhelo desmedido de bienestar”: conseguir y disfrutar nuevos bienes es “el horizonte último” lo que acaba suprimiendo cualquier preocupación por lo trascendente.

 El consumismo, basado en la inmediatez y la experimentación, supone un signo evidente de que el hombre se equivoca en el sentido que da a sus vidas y tiene como consecuencia última, el indiferentismo: “Solo me preocupo de esta vida porque es la única de la que tenemos una certeza absoluta e inmediata. Como no podemos experimentar nada relativo a la otra vida, no merece la pena dedicar tiempo al estudio de lo que no podemos tener certeza”, sintetiza.

El autor que esta “hegemonía” del ateísmo y la indiferencia, penetra incluso en la propia Iglesia: el conjunto formado por los “creyentes no practicantes” es una fuente de militantes potenciales del indiferentismo: mucha gente “quizás esté bautizada, ha hecho la primera comunión o recibido la confirmación, pero cada vez es mayor el número de personas que no asiste a la Santa Misa ni acude al sacramento del Amor de Dios o la confesión”.

 El llamado mundo occidental es tierra de misión. Quienes fueron evangelizados antaño hoy se tienen que reevangelizar. Se requiere realismo. Hay que tener una visión real de nuestra sociedad, sin pesimismos, pero igualmente sin optimismo infundado. 

 Nos corresponde presentar con atracción la fe cristiana. No podemos plantear el cristianismo como una cosmovisión más entre muchas otras, Es precioso ser novedosos al presentar a Dios haciendo creíble el mensaje de Cristo al hombre posmoderno. El cristiano ha de saber enseñar lo que vive, pero sobre todo ha de esforzarse por vivir lo que enseña. Por esto mismo, en la nueva evangelización, la apuesta es por la autenticidad frente a la apariencia. El mundo reclama testigos coherentes, no meros propagandistas. 

La Iglesia debe anunciar el Evangelio a un hombre culturalmente distinto al que lo ha hecho hasta ahora. Hay que saber transmitir el concepto de Dios en un mundo secularizado, despertar el agrado por la vida cristiana, la simpatía por su estilo de vida, de manera que los mandamientos no sean interpretados como un recorte de la libertad, sino como el curso en que esta puede alcanzar su máxima expresión. Exige el testimonio de quienes viven el mensaje. 

El anuncio debe ser gozoso, fuente de alegría. Un cristiano triste es un triste cristiano, como decía Santa Teresa de Jesús.  Un puente que puede facilitar el diálogo entre la fe cristiana y el ateísmo indiferentista es la reflexión en torno a valores como la alegría, la solidaridad, la veracidad y tantos otros. La caridad es lo que precisamente hace creíble el mensaje cristiano, lo que lo hace creíble, veraz. Hacer comprender que es en la persona de Cristo donde todos estos valores alcanzan su máxima expresión.

Comunicar la fe es destacar lo esencial del mensaje de Cristo con la mayor claridad y el mejor conocimiento posible, aspectos que contribuyen a que el contenido tenga credibilidad y resulte empático. Nuestro reto es ser auténticos discípulos en un mundo que no tiene en cuenta a Dios. Con la protección y bajo el amparo de la Virgen nuestra Madre asumamos hoy la misión de llevar este mundo al encuentro con su Salvador. 

Padre Edgardo Acosta

Para El Visitante

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