Cuando enfrentamos pruebas o dificultades que nos hacen comenzar de nuevo, sin saber lo que vendrá, siempre quedamos con recuerdos de sabor amargo. Nos queda un sentimiento de temor por lo que pueda pasar más adelante. Pero, ¿cómo podríamos ser personas completamente funcionales ante los eventos traumáticos de la vida?

Según el Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. (NIMH, por sus siglas en inglés), “algunas personas desarrollan trastorno de estrés postraumático después de experimentar un hecho impactante, aterrador o peligroso”. Es completamente natural sentir miedo o ansiedad luego de una situación de trauma, ya sea por alguna pérdida, un accidente o cualquier suceso inesperado y fuera de nuestro control. Sin embargo, nos preguntamos si el temor es una respuesta corporal normal. La respuesta es sí. Esto nos ayuda a evitar o responder a tiempo ante un peligro aparente. 

En diálogo con este semanario, la doctora en psicología Nilda Tarafa explicó que el estrés postraumático –o la ansiedad– puede provocar en cualquier persona un malestar emocional y amenazar la seguridad o salud del individuo sin importar su edad. “La ansiedad se experimenta antes, durante y después de haber estado expuesto directa o indirectamente a un suceso en el que la persona pueda sentir que su vida está amenazada”, precisó. 

Eventos como huracanes, tormentas, terremotos, etc., pueden ser causantes de inestabilidad emocional. Y en Puerto Rico nadie está exento de sufrir las consecuencias de estos fenómenos. Cuando se acerca nuevamente la temporada de huracanes o vuelve a temblar la tierra, se recuerda el temor y dolor de lo sucedido en años recientes. Pero si le añadimos la crisis económica y social, empeora la cosa. Y es ahí cuando se activan estos sentimientos de angustia y miedo. Pero ¿cómo podríamos trabajar con ellos? 

Cada evento es diferente y único. Sin embargo, podemos prepararnos de cierta forma, ya sea económicamente o material, y se pueden trabajar en la prevención. De esa misma forma, “también nos tenemos que preparar emocionalmente para entender que esto nos saca de una zona de comodidad y que luego nos tenemos que recuperar de ese impacto. […] En la medida en que no trabajemos ese malestar que ha provocado la exposición de estos sucesos, es algo que vamos guardando y al venir otro es como revivir esas memorias”, añadió Tarafa. Por eso, es importante la preparación y buscar los mecanismos correctos para liberar esas tensiones.

Por lo general, los síntomas de estrés postraumático comienzan al poco tiempo del suceso principal, pero a veces surgen más tarde y pueden durar más de lo normal “y deben ser lo suficientemente graves como para interferir en aspectos de la vida diaria, como las relaciones personales o laborales”, dicta el Instituto Nacional de Salud Mental. Uno de los síntomas puede ser el sentirse desasociado de la situación, como espectador en vez de protagonista. Para que un adulto sea diagnosticado con este trastorno de estrés postraumático, debe contar con al menos uno de los siguientes síntomas que plantea Instituto por lo menos durante un mes: recuerdos intrusivos, evasión de lo sucedido, hipervigilancia y reactividad, o síntomas cognitivos y del estado de ánimo. Estas señales no deben estar relacionadas al uso de medicamentos, sustancias u otras enfermedades. Es necesario que un psiquiatra, psicólogo o trabajador social con experiencia en enfermedades mentales puede corroborar estos síntomas. 

Todas “las emociones son válidas” –comenta Tarafa– sin embargo, es importante saber manejarlas y educar a los niños a también a identificarlas. Es cierto que las emociones de los adultos igualmente afectan a los niños porque consciente o inconscientemente ellos actúan según lo que observan y perciben. Añadió: “Los padres no pueden olvidar que tienen una responsabilidad de educar a cómo afrontar la vida y resolver las cosas para que desde pequeños sus hijos vayan viendo y creando esa conciencia educativa. Así cuando les toque vivirlo puedan sobrellevarlas”.

Siempre habrá una presencia de ansiedad y temor, pero resulta más manejable cuando aceptamos lo que sucede. “Si estamos en negación, el nivel de tensión se duplica”. “La fe también hace el proceso diferente” cuando toca enfrentar las pruebas. “Hablar sana”. Eso ayuda a validar las emociones y ayuda a liberar las tensiones. “El diálogo de corazón a corazón” con amigos, familiares o profesionales de la conducta, sin que seamos cuestionados o ignorados por sentir, es sumamente necesario e importante. Así podemos lograr que los malestares se alejen poco a poco y se tenga mejor respuesta ante las incomodidades. “Si no expresamos cómo nos sentimos, eso interfiere en cómo enfrentamos lo próximo que esté por venir”, completó la psicóloga.

Por último, la psicóloga invitó a trabajar con la aceptación, al igual que no dejarse gobernar por las barreras de la vida. Parece fácil, pero toma su tiempo y su proceso. “La vida es una evolución que tiene etapas. Cada una de estas es un nuevo comienzo que nos reta a perseverar en nuestros esfuerzos. Miremos más allá: ¿a qué nos lleva este nuevo comenzar? Nos lleva a ver en qué tengo que madurar, crecer, cambiar o transformar. De esa manera podemos darle sentido a estas cosas de las que no tenemos control”, culminó. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán

j.rodriguez@elvisitantepr.com

Twitter: jrodriguezev

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