A raíz del proyecto acerca de limitar el aborto, se ha suscitado toda una ola de reacciones por estar en contra de los “derechos reproductivos de la mujer”, por ser inconstitucional, por coartar libertades. Los medios noticiosos se han hecho eco de estos reclamos, pero no he visto ninguno a favor del proyecto, cosa que dudo mucho que no se haya dado, ya que la inmensa mayoría de los puertorriqueños estamos en contra del aborto. Estoy a favor de los derechos reproductivos de las personas. Pero, como bien dice la expresión, es estar a favor de los derechos a la reproducción o, como decimos en Parcelas Amadeo de Vega Baja, a favor de parir. Pero, usado en el contexto en que se está utilizando, la expresión “derechos reproductivos” es la mayor demagogia e hipocresía que yo he podido ver, porque no estamos hablando de derecho a tener hijos, sino a de matar hijos en el sagrado vientre de la madre. O sea, todo lo contrario.

A ver, el proyecto dice prohibir el aborto a los 22 semanas.¡Son más de cinco meses!, cuando esa criatura ya es un bebecito que siente y padece, que tiene su cuerpecito, que ríe y llora en el vientre de su madre, aunque lo quieran negar. Gracias a los adelantos científicos, ya podemos saber todo esto. Si bien entiendo a las personas a favor del derecho aborto, una mujer puede llevar un embarazo por más de cinco meses sin que se decida abortarlo, para cuando ya esté formado como toda una personita lo decida abortar, y por tanto, querer defender a ese bebé es coartar el “derecho reproductivo” de la mujer. Digo, hay que carecer de corazón y de sentimientos para decidir matar a un bebé formado por aquello de defender los derechos de la mujer. Aunque la vida es vida desde el momento de la concepción y, por ende, sagrada. Entendería que se quisiera abortar un bebé en esas primeras 3 semanas, que es cuando se descubre que se está embarazada, porque todavía es un embrión, todavía está en una etapa celular y quizás no haya un lazo emocional para con el bebé. Pero, ¡cinco meses!, es no tener corazón.

Uno de los dones más sagrados es la sexualidad y de la reproducción. Desde el punto de vista biológico, la continuidad de la especie depende de la capacidad de reproducción. Desde el punto de vista sociológico, a través de ella que se crean individuos y se construyen familias y sociedades. Y, desde el punto de vista religioso, sí, de ese “fanatismo religioso”, la sexualidad y el derecho reproductivo es un don de Dios que nos capacita a amar, a ser fecundo, a dejar un legado a la humanidad. 

¡Qué casualidad que en estos días hemos visto el episodio de la adúltera en el Evangelio de San Juan! En ella, Jesucristo salva a la Adúltera de ser apedreada hasta la muerte, pero al final  Jesucristo le advierte que no peque más. Haciendo una re lectura, Jesucristo le advierte que sea responsable con su sexualidad. Jesucristo mismo dice NO, sean responsables con ese cuerpo, que ha sido un hermoso don para dar vida. Jesucristo reclama que se cuiden, que se protejan, que asuman sus derechos reproductivos a la hora de tener la relación sexual y no después, a cuenta de un bebé que espera ser amado. Dios nos pedirá cuenta por esa vida. 

P. Rafael Méndez Hernández

Para El Visitante

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