La Hermana Carmina Rosselló, rscj cumplió 90 años el pasado miércoles. Sin embargo, admitió que aún le faltan muchas cosas por hacer, pero aseguró estar preparada para cuando Dios la llame.

“Yo he venido para esperar a Jesús con los brazos abiertos. Sé que Él me guarda un rincón de su corazón”, dijo la religiosa de cabellos blancos y hablar pausado, que regresó hace 2 años de Cuba para pasar sus últimos años en la Isla.

Aunque ha vivido miles de experiencias, la religiosa aseguró que le falta mejorar mucho en su vida, primero su relación con Jesús y después con sus hermanos.
“Dios es relación. Cuando hablamos de la Trinidad decimos Abba, Papá. Jesus quiere relacionarse con nosotros; y la fuerza y el fuego de esa relación y el Espíritu Santo”, destacó la Hermana que enfatizó que esas son palabras del Papa Emérito Benedicto XVI, pero que ella las ha adoptado.

La Hermana Carmina, oriunda de España, relató que su vocación la sintió desde niña, por eso a los 18 años quiso ingresar al convento, pero su padre no se lo permitió. No fue hasta que cumplió la mayoría de edad, 21 años, que inició su vida religiosa. Los votos perpetuos los hizo en Roma en el año 1954.
Años más tarde llegó a Puerto Rico, fue profesora de teología en la Universidad del Sagrado Corazón de Santurce durante 19 años.

En esa época un sacerdote dominico holandés de nombre Baltasar Hendriks quería hacer una casa de oración, pero por diferentes razones no pudo. Ella le presentó la idea a la superiora de su orden y esta la acogió.

Esto porque durante sus años como profesora se percató que una vez las mujeres terminaban sus estudios universitarios no tenía un espacio para continuar su formación.

“Quería establecer algo para que ellas pudieran profundizar en las Sagradas Escrituras, sobre la liturgia y otros temas. Un lugar para continuar formando su fe. Así nació la Maranatha Casa de Oración ubicada en Río Piedras”, recordó.

La Hermana de la orden del Sagrado Corazón confesó que lamenta grandemente que por el horario más personas no puedan participar de las actividades que se hacen en la Casa.
“En la Casa se realizan talleres, conferencias, retiros y hasta clases, pero se ofrecen durante el día lo que priva a los profesionales y jóvenes a participar de ellas. Por eso mayormente las que participan son mujeres retiradas”, admitió.

También, dijo que desearía que el centro fuera ecuménico. “Sé que eso no redundaría en que viniera una masa de gente, pero es posible que la cantidad de personas que participa fuera mayor”, sostuvo.

Afirmó que el asunto del ecumenismo es algo que le corresponde trabajar a ella y espera dialogarlo para ver de qué forma se puede conseguir. Claro está, sin afectar la Eucaristía que se realiza una vez por semana.

De otro lado, narró que tras 19 años en Puerto Rico solicitó permiso para ir a Cuba y no imaginó que pasaría 25 años allí. En ese tiempo fue profesora de teología del Seminario y dio retiros a religiosas, sacerdotes y laicos.

Aseguró que durante su estancia en Cuba, quedó evidenciado que la Casa de Oración puede seguir sin ella.

“Sé que la Casa puede seguir sola. Los 25 años que estuve fuera son la mejor prueba de ello. Solo vine 23 veranos a dar talleres y la Casa siguió funcionando”, indicó.

Finalmente, contrario al concepto que se tiene sobre la vida consagrada, la Hermana afirmó que “he sido muy feliz en la vida religiosa. Tengo un esposo que es Jesús y muchos hijos que no engendré físicamente. Algunos me han dicho una frase de El principito: ‘me has domesticado para siempre’. Si esto no es fecundidad, no sabría qué decir de la fecundidad religiosa”.

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