Blasón: Franjas independientes de color azul y plata, divididas por un fuerte; en centro el cordero pascual junto con una concha a la izquierda y un ancla a la derecha; en la base, la Virgen de Belén.

Explicación: El diseño del Obispo González representa el escudo de la Arquidiócesis de San Juan y la ciudad de San Juan, capital de Puerto Rico. La división del escudo representa los fuertes del Viejo San Juan. 

La mitad superior es de color azul. La figura principal es el Cordero de Dios o Cordero Pascual que tiene un doble significado: el de Cristo resucitado y el de San Juan Bautista, precursor del Salvador. Este cordero de pie representa, en primer término, a Jesucristo Redentor, por lo que su aureola lleva la insignia de la cruz. La bandera que porta el cordero, blanca, con una cruz roja, representa el sacrificio de Cristo en la cruz y también su triunfo en la resurrección sobre el pecado, la muerte y el maligno. En esto se diferencia del cordero sentado que es una imagen apocalíptica. El cordero representa, además, a San Juan Bautista, precursor del Salvador, ya que fue él quien señaló a Cristo diciendo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del Mundo”. La roca sobre la que se yergue el Cordero representa el Monte Sion, símbolo de la ciudad santa de Jerusalén y de la Iglesia. La concha representa al peregrino, que evoca al cristiano su constante peregrinaje, siguiendo las huellas del Maestro por los caminos del mundo. Para el Obispo González, la concha es un recuerdo de la filiación divina recibida en el bautismo, que también nos hace hijos de la Iglesia. En la Guía del Peregrino, del Movimiento Cursillos de Cristiandad, junto a la imagen de una concha, se lee que peregrinar es caminar por Cristo hacia el Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y de todos los Santos, llevando consigo a los hermanos. El ancla en la antigüedad era conocida como un signo de seguridad. Los cristianos adoptan este signo y le dan un nuevo y superior significado. En la doctrina cristiana, el ancla representa la virtud de la esperanza, que ocupa un lugar de gran importancia. Es Cristo quien es la esperanza que nunca falla para aquellos que creen en Él.

La mitad inferior muestra a Nuestra Señora de Belén, sobre un fondo plateado, y las murallas de la Ciudad de San Juan, de la cual es protectora. Nuestra Señora de Belén es la devoción más antigua de Puerto Rico. Llegó a San Juan entre 1511 y 1522. A causa de las invasiones inglesas de 1598 y holandesas de 1625 fue ocultada y prodigiosamente hallada según la tradición. En 1714 tuvo un altar privilegiado en la Catedral de San Juan. Durante el asedio de Abercromby (1797), el obispo Juan Bautista Zengotita dio órdenes para que todos los días se llevaran a cabo rogativas en las parroquias de la ciudad. Sus participantes, principalmente mujeres, cantaban cantos y letanías y llevaban en las manos velas o antorchas. El cuadro de la Virgen de Belén fue paseado en procesión por la ciudad pidiendo auxilio. La precipitada huida del invasor fue atribuida al valor de los puertorriqueños y la intercesión milagrosa de Nuestra Señora de Belén.

El lema debajo del escudo que reza: “Y GUÍAME POR EL CAMINO ETERNO” (Salmo 139, 24) fue una frecuente jaculatoria que, desde los tiempos del seminario, ha acompañado al O González.

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