Entrevista con Mons. Álvaro Corrada del Río, SJ, Administrador Apostólico de Arecibo ad nutum Santae Sedis y Obispo Emérito de Mayagüez

A sus 12 años salió de Morovis con la intención de ser un simple religioso, sin imaginarse que Dios lo elegiría para ejercer el ministerio sacerdotal por casi 48 años y para ejercer el ministerio episcopal por casi 37 años en dos diócesis en EE.UU. y tres en Puerto Rico. En la coyuntura de su cumpleaños número 80, el Obispo Corrada abre las puertas de su oficina a este semanario para relatar su historia. Como obispo y buen jesuita -al estilo del Papa fransisco- simplemente eleva una oración de gratitud a Dios y solicita humildemente: que oren por él. 

Vocación y familia

Nace en Santurce el 13 de mayo de 1942. Crece en Morovis junto a sus otros 13 hermanos y hermanas en el ceno de una familia de gran valía y profunda fe. Su abuelo materno fue representante y senador por el Partido Republicano Puertorriqueño, un tío paterno fue Alcalde de Morovis y su hermano Baltazar fue Comisionado Residente en Washington, D.C., Alcalde de San Juan y Juez de la Corte Suprema de Puerto Rico.

“Mi vocación surgió bien temprano en mi niñez. A los 11 años ya quería ser religioso. Como en Morovis están los Padres Carmelitas, ellos querían que fuera a España al seminario menor. Mi padre rehusó. Me dejó ir al Seminario San Idelfondo de Aibonito. Allí celebré mis 13 años. Estuve 5 años y pedí entrar a los jesuitas, que dirigían el Seminario”, dijo entre recuerdos. 

Formación teológica parisina lo marcó

Profesa sus primeros votos como jesuita el 31 de julio de 1962. Reveló que “hasta cierto punto la Compañía de Jesús no pensaba que estaba suficientemente preparado para ejercer el sacerdocio y me prolongaron los estudios”. Por ello lo enviaron al Instituto de París, Francia, a estudiar teología. Allí fue estudiante del Padre Marie-Dominique Chenu, fraile dominico, teólogo destacado y uno de los padres del Concilio Vaticano II. Reconoció que este tiempo de estudio por 3 años fue determinantes porque “maduraron todas mis formas de pensar como sacerdote, religioso y como persona”.

Tiempo de Pablo Escobar y de NY en quiebra

Es ordenado sacerdote el 6 de julio de 1974 en Morovis con una gran fiesta de pueblo. Luego regresa a Nueva York. Para el 1979 debe hacer su tercera aprobación para la profesión solemne. Pero, los jesuitas lo mandan a Medellín, Colombia, durante el tiempo más intenso de la crisis generada por Pablo Escobar. Contrario a lo que cualquiera pensaría, detalló que “fue una experiencia maravillosa y tenía la intención de quedarme; esa experiencia formó mi criterio y mi fibra”. Pero, el gobierno local declinó otorgarle visa. 

Se supone regresaría a Puerto Rico, pero los jesuitas lo enviaron a la zona pobre de Manhattan a la Parroquia de la Natividad en East Lower Side. Era la zona en la que reinaban las adicciones, la pobreza y las personas sin techo en la Ciudad de Nueva York que entonces vivía la quiebra. Allí laboró en favor de los pobres y necesitados. Además se involucró fuertemente con la pastoral hispana y los sacerdotes hispanos en el este de los EE.UU. En ese contexto conoce a Fray Roberto que laboraba en el Bronx, quien hoy es el Arzobispo Metropolitano de San Juan.

Obediencia en cada paso

Un día recibe una llamada de la Nunciatura. “¿Usted es el Padre Álvaro Corrada?”, preguntaron. “Sí”, contestó. “Me preguntaron nuevamente, le dije: sí, ¿qué quiere? Empezó a decirme que el Santo Padre me nombraba Auxiliar de Washington. Pensé que me preguntaba por otra persona. Me dijo con fuerza: eres tú. El Santo Padre te quiere para Auxiliar de Washington. ¿Va a aceptar? Le dije: Soy jesuita, no puedo aceptar, llame a mi superior. Y le colgué”, especificó con la determinación que le caracteriza. Al otro día llaman e indican que el padre general no tiene objeción, que si va a obedecer al Santo Padre. Contestó: “Sí, yo obedezco. Pues, acepto”. 

Reconoció que nunca ha tenido mentalidad de que una diócesis le pertenece porque es el obispo. “Nunca he pensado que cualquiera de ellas me pertenece ni Arecibo, ni Caguas, ni Tyler, ni Washington ni Mayagüez. Simplemente soy Obispo mientras el Papa me pida que lo sea. Es un pensar de obediencia”, precisó.

Washington y su lema episcopal…

El Cardenal James Hickey de Washington D.C. lo pidió como Auxiliar por su labor en la pastoral hispana. En 1985 centenares de familias centroamericanas llegaban a causa de la violencia de la guerra. Sobre su lema, indicó que tiene gran devoción por la Transfiguración. “De ahí viene mi lema episcopal: Neminem disi Jesu (Nadie sino solo Jesús). Se trata de no mirar a nadie más, solo a Jesús”.

En sus 15 años en Washington priorizó en la situación de los hispanos. La Arquidiócesis se dividió en 3 regiones y estuvo al frente de la que albergaba la mayor población hispana. Durante los últimos 3 años y medio de ese tiempo estuvo de Administrador Apostólico de la Diócesis de Caguas. Allí laboró por la difícil situación acontecida en la Montaña Santa.

La Isla nena

“Tuve que atender el bombazo que mató a David Sanes. La situación de Vieques era una que venía de hace tiempo. Vieques vivía 200 y pico de días de bombardeos que empezaba aveces desde las 4 a.m. y terminaba a las 10 p.m. Estabas en la escuela, en la parroquia en la casa y ¡bum!, todo vibraba. ¿Cómo vivían? Yo no me explico. Era una injusticia clara”, detalló. 

Fueron 15 sacerdotes que querían ir a la desobediencia civil. Especificó: “Los llamé y les dije ¿por qué no montamos un campamento de la Diócesis. Se montó el campamento católico. Recibimos un apoyo tremendo de la comunidad protestante. No caí preso porque esa noche tuve una confirmación en Fajardo. Fue bueno -no caer preso- porque el protagonismo debía ser de los viequenses”.

“Tiempo hermoso” en Tyler

De vuelta a Washington solo estuve 3 semanas. Habían nombrado un nuevo Arzobispo. Y recibió una llamada para que fuera de Obispo a Tyler, Texas. Explicó: “Mis amigos Obispos me decían si has sido obispo en el noreste, ¿por qué te envían a Texas? Aprendí la obediencia amorosa. Me fui tranquilamente y estuve 13 años de felicidad con una vida de obispo muy fructífera. Venían los migrantes de los campos y les montamos una catequesis para adultos, misas en español y hubo muchos conversos”. En 10 años, según el Censo, de 35 mil católicos pasaron a 135 mil.

Un grupo de feligreses lo demandaron por colocar una misa en español. Se comunicó con el Juez y le dijo que aunque perdiera, que ganaría la apelación. El togado pidió a los fieles que resolvieran con el Obispo en 10 días y así lograron reconciliarse. Lo providencial es que de esa situación surgió una vocación sacerdotal, el hijo de una pareja de los demandantes. “En todo momento florece la Iglesia. Ahora estoy en Arecibo y pido lo mismo a Dios que florezca la Diócesis de Arecibo”, dictó con voz grave en forma de plegaria.

Diócesis del oeste 

Fue entonces que el Papa -hoy emérito- Benedicto XVI lo envía a Mayagüez. Realmente le sorprendió porque no pensaba que volvería a Puerto Rico como obispo. Claro, su labor de sacerdote y obispo había sido en EE.UU. “Si el Papa me pide ir a Mayagüez, pues, voy a Mayagüez en obediencia amorosa. Me encantó y quizás lo que más fuertemente trabajé fue el proyecto de ética e integridad -para la protección de menores y personas vulnerables-”. 

Allí asumió el reto de ser presidente de la Junta de Síndicos de la PUCPR y gozó de participar de la creación de los proyectos de la Escuela de Teología en la PUCPR y el Seminario Interdiocesano.

Corrada y Arecibo

Su etapa de retiro como Obispo Emérito de Mayagüez duró año y medio. Recientemente, con el nombramiento del Papa Francisco para ser Delegado Apostólico de Arecibo afirmó: “No dude en aceptar porque creo en la obediencia amorosa. Arecibo es una Diócesis bellísima. Fui el primer sacerdote ordenado por el segundo Obispo de esta Diócesis. Mi familia es toda de aquí. Le tengo gran amor y admiración de esta Diócesis. He conocido a todos sus obispos. Me reunía con Mendes dos veces al año en su retiro en EE.UU. Mons. Miguel quien me ordenó, fue a operarse en Caguas, lo cuidaron en la comunidad redentorista en Catedral y tuve mucho trato con él. Conocí Mons. Iñaki batallando en la CEP y conozco a Mons. Daniel Fernández”.

“Ahora estoy conociendo la Diócesis de Arecibo y como todas necesita ayuda y oración”, afirmó. La Diócesis camina sobre sus parroquias donde bautizados y bautizadas hacen la vida de la Iglesia. Elogió sus movimientos como: Movimiento Juan XXIII, Familia de Jesús, Cursillos de Cristiandad y otros muy fuertes que son punto referencial para Latinoamérica y EE.UU.

Sobre la situación del Obispo Daniel dijo: “Me ha dolido muchísimo y quisiera que no fuera así. A la misma vez las heridas no se pueden dejar abiertas. Hay que sanar y cicatrizar porque un cuerpo herido no puede hacer el trabajo de Cristo, que es ir a los necesitados y los pobres”.

Papa Francisco y Obispo Corada

Describió al Papa como acogedor. Primero lo conoció como Cardenal de Buenos Aires desde la distancia siendo Obispo en Texas. Ya luego ha compartido en varias ocasiones con él. Para Corrada, Francisco es “un Papa clave en la historia que define si la Iglesia va a abrazar completamente el Concilio Vaticano II. […] Este Papa es el que nos está haciendo vivir el Concilio. Hay muchos que se resisten. Y el Papa nos esta haciendo vivir la sinodalidad”.

Con 37 años de ministerio episcopal a cumplir, dijo que solo le falta santificarse mucho por sus pecados y gastarse para, si Dios lo permite, poder ganar la entrada al cielo.

Obispo Auxiliar de Washington: 1985-2000

Administrador Apostólico de Caguas: 1997-2000

Obispo de Tyler, Texas: 2000-2011

Administrador Apostolico de Tyler: 2011-2013

Obispo de Mayagüez: 2011-2020

Administrador Apostólico de Arecibo: 9 de marzo de 2022 hasta la actualidad.

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

Twitter: @Enrique_LopezEV

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