Encaminada la Misión Continental a 1 año de su lanzamiento

Al cumplirse 1 año del lanzamiento de la Misión Continental en Puerto Rico, el primer sábado de noviembre unas 130 personas entre laicos, sacerdotes y obispos de la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico se reunieron en el Polideportivo de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en Ponce, para celebrar y revisar cómo va el Programa de trabajo.

La actividad se dividió en tres momentos. En el primero, el presidente de la Comisión de Evangelización de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP), Mons. Álvaro Corrada del Río, Obispo de Mayagüez, ofreció un mensaje sobre el propósito del Encuentro.

El asesor de la Comisión y también director del Instituto de Pastoral, Padre Feliciano Rodríguez dio un resumen del proceso nacional en los cinco desafíos que se identificaron en los cuatro Encuentros anteriores: Matrimonio y familia, Juventud, Educación, Salud, Economía y pobreza, que se realizaron a través de la metodología de ver, juzgar y actuar.

Luego los presentes pasaron al segundo momento del día. Se dieron las instrucciones para el trabajo en equipo. Para esto se entregó una hoja con tres preguntas: ¿Qué se ha hecho y qué no?, ¿Qué conocen que se realiza en sus diócesis y para aportar al cumplimiento de los objetivos y enriquecer el esfuerzo? Y la tercera, ¿qué sugerencias concretas estiman útil para el desarrollo de esa área de acción pastoral, siguiendo las líneas y objetivos del Programa Nacional? Acto seguido se dividieron en grupos, dos mesas por cada desafío y los movimientos apostólicos se reunieron en otro salón.

El tercer momento fue la plenaria en el que un representante de cada área pasó al frente a exponer lo que analizaron en sus respectivos grupos.

Por su parte, Padre Jorge Cardona, coordinador de la vicaría de Pastoral de la Diócesis de Caguas y quien fungió como moderador de la actividad explicó que una de las metas era establecer comisiones nacionales en las cinco áreas prioritarias. “En el caso de Matrimonio y familia así como de Juventud ya tienen comisiones a nivel nacional. En ese caso ellos asumen el programa y lo desarrollan”, indicó.

Sobre esto se informó que se constituyó la de Educación. Mientras, los miembros de las áreas de Salud, Economía y pobreza indicaron que se reunirán con el Arzobispo, Obispo responsable de ambas áreas.

Del mismo modo, P. Cardona enfatizó que en este Encuentro también se revisaría el progreso del programa. Entre los puntos que se abordaron sobre esto: hubo un compromiso de parte de las seis diócesis de desarrollar la Misión Continental, solidificar las comisiones nacionales y diocesanas, así como crear la Comisión Nacional de Misiones.

De otro lado, en cuanto a las aportaciones más significativas que hicieron los participantes sobre lo que falta por hacer; en el área de Economía y pobreza el Dr. Leandro Colón insistió en mirar nuevamente la realidad económica del país puesto que en los últimos 6 años ha cambiado. También se mencionó la necesidad de incluir a los Movimientos apostólicos en la Misión continental. Igualmente se sugirió aprender de la Pastoral Juvenil que lleva muchos años organizada.

En un aparte con El Visitante, el presidente de la Comisión de Evangelización de la CEP, Mons. Álvaro Corrada señaló que antes del nombramiento del Papa Francisco, Puerto Rico estaba un poco retrasado en extender la Misión continental, pero al elegir al Papa han encontrado un gran apoyo. “En algunas Diócesis y en la Arquidiócesis la mayoría de las comisiones ya están establecidas. Hay otras que están comenzando. El puente está hecho, que fueron los Encuentros anteriores, ahora tenemos que usar esos puentes para llegar a las diócesis, a las comisiones diocesanas, por los movimientos y entonces vamos creando el kerigma, el anuncio como peregrinos”.

Continuó diciendo que el plan continental de toda la Isla tiene ya las líneas de acción, objetivos y acciones concretas. Asimismo confirmó que este ha sido un trabajo en equipo entre laicos, sacerdotes y obispos. “No solamente las diócesis han participado en este proceso, hay laicos entregados en sus campos que están dispuestos a ayudar a Puerto Rico y ayudar a la Iglesia”, precisó.

A su vez reiteró que: “Hemos encontrado un camino en común para la Iglesia de Puerto Rico que no teníamos antes. El mito de que había división en la CEP, ya eso murió. Los Obispos estamos muy unidos no solamente en áreas de pastoral, de salud, de matrimonio y familia, sino también en las necesidades del pueblo”.

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

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