La vi en Netflix, una película española. No quiero quitarle el puesto a mi amigo Luis Trelles, el experto en cine, pero el tema es de parejas… y de la expectativa de procrear un hijo. Me toca. Merece una reflexión para casados.

Refleja, la situación actual -tristemente real- de esa clase media profesional española. Es un ambiente donde la presencia de algo divino refulge por su ausencia. Es juventud madura enfocada en el éxito profesional en tecnologías. La madurez en la que priva la atención a lo ‘english’, donde se adora el éxito. Y un ambiente sexuado, en que lo que se piensa es cómo desvestir en la mente a la nueva compañera tan sexy.

La pareja protagonista aparece amorosa, eso sí, entregados el uno al otro. Para él, su futuro es el triunfo creando comics o en publicidad. Y ella, profundamente mujer, anhelando procrear un hijo, lo que médicamente él no puede por su bajo contaje. Como el objetivo es realizarse como madre, ella busca otros medios posibles. “Desde luego, voila lo in vitro”.

Aquí comienza el conflicto, pues aunque él de cara hacia fuera, desea complacerla, en realidad ni pone interés, ni ilusión. Simplemente no quiere hijos. El síndrome de hoy en parejas jóvenes: el hijo estorba, es gasto, es impedimento para seguir buscando aventuras living la vida loca. Y asusta a los economistas, que miden cuántos mueren, ¡y cuántos nacen para el futuro seguro social! 

Ella, como lo de ser madre soltera también tiene su quid, decide imitar a una amiga fanática del proceso, aunque ya la desavenencia les separó. ¡Alerta de spoiler! Lo positivo viene al final, cuando él, con futuro en Londres y atendiendo necesariamente a unos niños de la vecina, ya cuidados por su esposa, se regocija y juega con ellos. La chispa brota, terminan en la cama y él pidiendo si quiere acompañarle a Londres. The end.

Ayuda el film a entender la realidad de una relación matrimonial profunda, cuando el panorama lo que busca es la relación pasajera, egoísta, centrada en lo que recibo y no en lo que regalo. Puede ser que esa nota se acentúe en la actual España, no tan católica, pero parece que es mentalidad de los millenials. Tremenda tarea para que capten lo profundo del matrimonio, mucho más cuando se considera no solo como experiencia de satisfacción y plenitud humana, sino como misión divina.  “Cambiando lo cambiable”, dice el filósofo, es también realidad nativa. Por eso no extraña la fácil decisión de convivir, como si fuera un paso necesario para un posible futuro matrimonio, si es que conviene. O el uso de la medicina actual, que avanza en el dominio de la generación humana.

Ese es el otro punto: los métodos de in vitro y otros se aceptan como algo positivo, gloria del crecimiento de la ciencia. No podemos negar que hay algo positivo en ese deseo de ser padres, no importa cómo. Pero la moral católica reacciona contra ello, precisamente porque se reduce la generación humana a un proceso de laboratorio, como ensayar con los conejillos de indias. La generación humana es el resultado de una decisión humana, personal, de encuentro especial con el nido ideal: una pareja que vive su compromiso de crear nido, no de pasar el rato o jugar a ser madre. Es por eso un indicio el saber que la generación humana se logra en un encuentro frente a frente, no como la de todos los animales. Bueno, ya les conté la película…

P. Jorge Ambert, SJ

Para El Visitante

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