La virtud de la justicia duerme el sueño de los justos en estos días de sufrimiento y angustia. Se percibe una manera de partir el pan que repugna porque las tajadas grandes son para unos pocos, seleccionados por el carimbo partidista. Los más, que son los trabajadores a tiempo completo, viven de la esperanza, del ojalá vertido sobre la buena voluntad  de otros que tal vez se les afloje el sano principio de dar a cada uno lo suyo.

Una sociedad vacía de transparencia y de valores éticos se hunde en sus cimientos huecos. No habrá hoy ni mañana, si el populismo es un despilfarro de almíbar, un ofrecimiento color manzana adámica. Vivir entre confeti y caballos de Troya, es una ruina, un desplome sicológico. No hay sociedad que prevalezca si el baile fundamental es en sancos, un balanceo que siempre deja víctimas en el camino.

De un tiempo a esta parte Borinquén ha perdido su glamour social para perder su aliento vital en cosas de poca monta, en pasatiempos de poco calado social. La aventura carnavalesca presida todo intento de aparecer y los marginados y los pobres viven a expensas de ayudas federales, al borde de una pobreza mental que aterra y clama al cielo.

Se alardea del bienestar social y económico sin tabular el llanto que deprime y deja un saldo de locura, muerte y destrucción. Los oprimidos por la escasez económica viven entre filas, promesas, trato cruel. Ante esta situación extrema, el ir y venir hacia Estados Unidos se convierte en sueño de verano, en allá es mejor, en basta con presentar la tarjeta de pobre para recibir la ayuda.

Los maestros, los bomberos, las enfermeras y enfermeros se han quedado sin voz ante la debacle organizada por los ávidos de las finanzas. No pueden tolerar el abuso que es dieta diaria, una forma de muerte anunciada, de encender el desquite por la lucha en el trabajo. Rendir una labor adecuada se hace cuesta arriba al tener que exprimir el alma ante las exigencias esenciales.

Puerto Rico es de todos y resulta cruel la mezquindad salarial a los esforzados y los que dan la milla extra para evitar el descalabro social y moral. Los buenos administradores saben partir el pan y logran equilibrar voluntades en el ejercicio de sus prerrogativas para el bien común. Hay que evitar el enriquecimiento de algunos versus el empobrecimiento de muchos.

Se vive una época plagada de injusticia, de desorientación social, de engañitos de ocasión. La alcancía se abre para algunos y solo quedan un petty cash para los asuntos vitales, para la mesa común. Así se establece el desorden y se aviva la llama del nosotros y ustedes, propio de la lucha de clases.  

Justicia para todos no es un eslogan traído por los pelos, sino una fuerza avasalladora que se torna en poderío para vivir en paz y armonía. Hacer causa común con la injusticia es vandalizar la democracia, abrir un hueco para el desastre y dolor. Mejor es aunar voluntades que lanzar una ristra de balas que todo lo enlútese y daña.

Padre Efraín Zabala

Para El Visitante

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