El “Trastorno Psicótico Compartido” es considerado como una alteración perceptiva de la realidad. Esta psicosis se produce en el momento en que una persona comparte ideas delirantes con otra; por lo regular con alguien con quien tienen una relación muy estrecha. La psicosis incluye síntomas tales como alucinaciones, delirios, fantasías, pensamientos, lenguaje desorganizado, etc. A la par, se muestra un comportamiento motor extraño e inapropiado, que indican que existe una pérdida de contacto con la realidad. Cabe señalar que en los inicios de la conceptualización del término “Psicosis Compartida”, se acuñó la expresión francesa “Folie à deux”, que literalmente significa “Locura Compartida”.
En 1942, Alexander Gralnick propuso la división del “Trastorno Psicótico Compartido” y/o la “Locura Compartida en cuatro subtipos: Por una parte, los delirios de un individuo psicótico son transferidos a un individuo no psicótico. En segundo lugar, la aparición simultánea de una psicosis idéntica en dos personas predispuestas. Por otra parte, la transferencia de delirios de una persona a otra, pero solo después de un período largo de resistencia por parte del individuo no psicótico. En este caso, los delirios persisten a pesar de la separación. En último término, el desarrollo de nuevos delirios en la persona que está bajo la influencia de otro paciente delirante.
No obstante, y por regla general lo que más predomina en el “Trastorno Psicótico Compartido” es que existe un sujeto con el trastorno primario y socialmente dominante. Este suele tener una personalidad atrayente, sugestiva y/o llamativa, que utiliza para convencer o persuadir al paciente con el trastorno secundario su idea delirante. O sea, sus creencias absurdas, actitudes desatinadas, ideas descabelladas e irracionales, etc. Es de notar que para poder compartir la psicosis es necesario que exista una cierta predisposición del otro/a (paciente con el trastorno secundario) que posibilite que el delirio pueda compartirse.
No se han determinado las causas concretas para su causa, pero se hipotetiza que esta pude ser producto de una serie de circunstancias diversas. Entre ellas se incluyen factores psicosociales, genéticos y biológicos, que actuarían como predisponentes para su aparición. Igualmente se piensa que cuando dos personas han padecido un trastorno psiquiátrico anterior uno retroalimenta o se convierte en una réplica del otro/a.
Por otra parte, las personas con “Trastorno psicótico compartido” presentarán cierta “cronicidad psiquiátrica”. Esto significa que existe un alto riesgo de que el trastorno vaya en aumento, y que tenga una larga duración. Igualmente, estos pacientes desarrollan una gran resistencia a las terapias, lo que provoca que las intervenciones sean difíciles de llevar a cabo. Siendo así́, esta patología puede ocasionar una gran discapacidad y dependencia a quien la padece. En igual forma, hay que señalar que estos pacientes tienden a aislarse del ambiente social de las personas que les rodean. Esta separación posibilita que se acreciente la proximidad asimétrica, desigual y enfermiza entre los/as implicados en el trastorno psicótico.
La prevalencia de la “Psicosis Compartida” es poco conocida, razón por la cual este trastorno suele ser poco diagnosticado. Afecta más a las mujeres, y aumenta su aparición según avanzan en edad. Según las estadísticas, el 90% de los casos las personas tienen una relación familiar o cercana, y es de corte afectivo o espiritual. Adicionalmente, se han encontrado antecedentes familiares de psicosis en un 35% a 60% de los casos. En otros, menos del 10%, cursa en relaciones de amistad.
La pregunta que seguramente nos aborda ahora es: ¿el trastorno psicótico compartido tiene cura? Esto va a depender de los motivos que han desencadenado la psicosis. Las intervenciones psicológicas pueden ser más adecuadas que la medicación antipsicótica. Éstas implicarían la identificación del paciente inductor, y el tratamiento de su trastorno mental. Además, es de suma importancia la separación psicológica, más que la física, entre el inductor y el inducido. Y promover de la independencia entre los diferentes miembros, reducir el aislamiento social en el que se encuentran y volver a introducirlos en la realidad. En algunos casos un tratamiento de duración determinada tendrá́ éxito. Sin embargo, en otros el tratamiento se suministrará de por vida. Y en otras ocasiones, las personas con este trastorno tendrán que depender de alguien que “lleve el control”, y le motive a seguir el tratamiento.
P. Ángel M. Sánchez, MS, Ph.D.
Para El Visitante



