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El 31 de enero, la Iglesia celebra la memoria de San Juan Bosco, conocido popularmente como don Bosco. El santo italiano nació en 1815 de una familia pobre y humilde. Fue ordenado sacerdote en Turín-Italia en 1841, y allí comenzó su actividad pastoral con San José Cafasso. Su pasión era la educación de los niños y jóvenes, los más pobres y abandonados.

En 1859, inspirado en el ejemplo de san Francisco de Sales, Bosco fundó la Sociedad de San Francisco de Sales, conocida en todo el mundo como los Salesianos de Don Bosco. En 1872 también cofundó junto con santa María Mazzarello, las Hijas de María Auxiliadora, o salesianas de Don Bosco para ocuparse de la educación de las jóvenes. También fundó la Asociación de Salesianos Cooperadores y la Asociación de Devotos de María Auxiliadora. Juan Bosco murió el 31 de enero de 1888, fue beatificado en 1929, en 1934 fue canonizado y en 1989 san Juan Pablo II lo declaró “Padre y maestro de la juventud”.

Todo comenzó con un sueño

Soñar es una acción rutinaria que muchas veces pasa desapercibida. Es normal que, al despertarse, muchas de las experiencias vividas en el subconsciente, mientras se duerme, no vienen a la memoria. Sin embargo, muchas veces estas vivencias incorporan ideas que marcan a la persona, quien se encarga de plasmarlas en acciones. Los sueños pueden convertirse en ventanas de inspiración que transforman vidas o indican el camino a seguir.

Para la misión de Juan Bosco, los sueños jugaron un papel importante. En muchas ocasiones, no les hacía caso; pero al pasar del tiempo, percibía que se cumplían y tomaba consciencia de lo proféticos que eran. Los sueños de don Bosco tuvieron una finalidad pedagógica. En su totalidad, don Bosco tuvo 159 sueños proféticos. Uno de ellos, que es el que he escogido para compartirlo con ustedes queridos lectores, fue el conocido “sueño de los 9 años” que en este año 2024 la Familia Salesiana está celebrando los 200 años de este sueño que marcó la vida de don Bosco y le inspiró a crear la obra salesiana actualmente esparcida en todo el mundo. 

Este sueño lo narra el mismo don Bosco, al inicio de las Memorias del Oratorio con estas palabras:

Cuando tenía nueve años, tuve un sueño… ¡Este sueño me acompañó a lo largo de toda mi vida! Me pareció estar en un lugar cerca de mi casa, era como un gran patio de juego de la escuela. Había muchos muchachos, algunos de ellos decían malas palabras. Yo me lancé hacia ellos golpeándoles con mis puños. Fue entonces cuando apareció un Personaje que me dijo: «No con puños, sino con amabilidad vencerás a estos muchachos» ¿Quién es Usted que me pide hacer algo imposible? Él me respondió: «Yo soy el Hijo de Aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día. Mi Nombre pregúntaselo a mi Madre». De repente apareció una Mujer de majestuosa presencia. Yo estaba confundido. El me llevó hacia ella y me tomó de la mano. Me di cuenta de que todos los niños habían desaparecido y en su lugar vi todo tipo de animales: perros, gatos, osos, lobos… Ella me dijo: «Hazte humilde, fuerte y robusto… y lo que tú ves que sucede a estos animales, tú lo tendrás que hacer con mis hijos». Miré alrededor y vi que los animales salvajes se habían convertido en mansos corderos … Yo no entendí nada… y pregunté a la Señora que me lo explicara… Ella me dijo: «A su tiempo lo comprenderás todo».

El sueño de los 9 años es la profecía que le da Jesús a don Bosco. Es su proyecto, el programa de su vida, es más que un sueño, es una visión trascendente que plasma la obra y la Familia Salesiana. Jesús se le presenta como un pastor que le encarga a muchos animales salvajes que antes eran jóvenes blasfemando. Lo interesante de este sueño es que incorpora componentes educativos, es decir, cómo a través del sueño se perfila la cuestión educativa salesiana. El sueño narra que los jóvenes que se habían convertido en animales rebeldes se transforman en corderos y luego en pastores. ¿Qué significa que sean animales rebeldes? Que están en una condición inhumana y deshumanizada. Por ello, Jesús al convertirlos en corderos los humaniza para que se vuelvan en humanizadores de otros.

Es más que un sueño, es la manera en la que Jesús le confirmó su misión. En él se narra el objetivo de la obra salesiana: que los jóvenes en situaciones deshumanizantes se conviertan en corderos para luego transformarse en pastores de más muchachos. ¿Qué finalidad tiene esto? La salvación de los jóvenes. Este sueño guio la vida de don Bosco, quien puso todas sus energías para materializarlo. 

Hoy también lo diría a nosotros: ¡Haz realidad tu sueño! Es decir, ¿quieres una vida normal o cambiar el mundo? Pregunta de cada día: ¿Estoy hoy satisfecho o quiero conseguir algo grande? Porque tener un sueño significa darle sentido y dirección a la vida; no conformarse; preguntarse ¿qué es realmente importante para mí? Y don Bosco se dio una respuesta: “transformar a esos lobos del sueño (muchachos que se golpean, maldicen) en corderos”.

Además, quienes tienen un gran sueño no pueden guardárselo para sí mismos. Y don Bosco hace esto. ¡Él lo cuenta! Él lo comparte. Comunica sus ideas con tanta fuerza que convence a los jóvenes y colaboradores para que apoyen su visión y lo acompañen en el viaje.

En el sueño don Bosco, Jesús y María lo toman de la mano. Se encomendará a María, tendrá una fe inquebrantable en el Señor. Se convierten en su fuerza, su energía, incluso ante dificultades que parecen insuperables. Y hoy nos lo dice también a nosotros, en este momento difícil después de la pandemia, sigan soñando y confiando en el Señor y encomendándose a María. Porque, si el Señor y María lo quieren, su sueño se hará realidad, también hoy, ¡también aquí en Puerto Rico!

P. Ángel Fernández, rector mayor de los salesianos, afirma que Dios tiene un sueño para cada uno de nosotros, de nuestros jóvenes, un proyecto ideado, diseñado a medida por Dios mismo. El secreto de la tan deseada felicidad de cada persona será, precisamente, descubrir la correspondencia y el encuentro entre estos dos sueños: el nuestro y el de Dios. Entender entonces cual es el sueño de Dios para cada uno es, en primer lugar, darnos cuenta de que el Señor nos ha dado la vida porque nos ama, más allá de lo que somos, incluidos nuestros propios límites. ¡Debemos creer, entonces, que nuestro Dios quiere hacer cosas grandes en cada uno de nosotros! Todos somos preciosos, un gran valor, porque, sin cada uno de nosotros, hay algo que no se podrá realizar, personas a las que solo yo podré amar, palabras que solo yo podré decir, momentos que solo yo podré compartir.

Concluyo con las palabras de la Virgen a don Bosco durante este sueño: “No tengas miedo, yo estaré contigo”. Hoy estamos invitados como don Bosco a confiarnos en “la Auxiliadora”, a arriesgarnos como don Bosco aún en las dificultades más fuertes de nuestra vida. ¡Feliz día de don Bosco, Padre y maestro de la juventud! El sueño se hizo realidad.

(Para la versión completa, acceder a www.elvisitantepr.com)

Sor Maritza Ortiz, fma

Para El Visitante