(Mensaje en ocasión del Día mundial de la Radio en la Universidad  Interamericana de P. R. el 13 de febrero)

 

Mons. Roberto O. González Nieves, OFM

Arzobispo Metropolitano de San Juan

 

Sean mis primeras palabras para agradecerles y felicitarles a todos cuantos laboran en la radio, uno de los pilares fundamentales de la libertad de prensa y expresión pública. Bien utilizada esta libertad, ustedes tienen un gran potencial para lograr un Puerto Rico más justo, unido y hermanado. Y, en estos tiempos de crisis, ustedes los servidores y servidoras de la radio y los demás comunicadores adquieren una invaluable importancia, pues pueden convertirse en forjadores de esperanza y en fuente de ánimo para un pueblo que parece languidecer, pero sabemos que Puerto Rico, siempre ha superado sus momentos difíciles y este no será una excepción; Puerto Rico es como el moriviví: que cuando parece decaído y medio muerto, resurge, sea abre, se expande dando signos de nueva vida.

Hoy he sido invitado aquí para reflexionar sobre el tema de la verdad y lo quisiera hacer en el contexto de los medios de comunicación. La comunicación de la verdad en un tono respetuoso debe ser la primera y la más alta vocación de las personas que dedican su vida a trabajar en los medios de comunicación, incluida la radio.

El ser humano tiene sed de la verdad. Aun a quienes les gusta mentir o que viven de la mentira, no les gusta ser engañados. Esa sed que lleva al ser humano a la búsqueda de la verdad puede ser saciada por los radiodifusores cuando estos estén comprometidos con ella. Esto es así y únicamente posible cuando la verdad, la ética, el sentido de justicia, mutuo respeto y el bien común constituyan el horizonte de este poderoso medio de comunicación social.

Si un medio de comunicación, en este caso la radio, se desvía de este norte, pierde su horizonte y haría un servicio reducido a la comunidad. Debido al fuerte impacto que la radio ejerce sobre asuntos tan medulares como lo son la gobernanza, la economía, la política, la educación y la cultura, la opinión pública, se hace preciso que toda gestión sea guiada por el principio de la verdad, especialmente la verdad sobre el ser humano, su dignidad, su derecho a su buen nombre, la convivencia social fundada en la verdad y el respeto y su destino en el Misterio del Creador.

Cuando un medio de comunicación social pierde las raíces de la ética y la verdad y elude su compromiso social “termina por olvidar la centralidad y la dignidad inviolable del ser humano, y corre el riesgo de influir negativamente sobre su conciencia y sus opciones, condicionando así, en definitiva, la libertad y la vida misma de las personas.” (Benedicto XVI, Mensaje Jornada Comunicaciones Sociales, 2008, n.4.) Por el contrario, cuando la radio es fiel a su vocación de comunicar la verdad y asume su compromiso social pasa a ser un instrumento valioso e insustituible para la paz, y constituye para la Patria uno de sus más cimeros patrimonios para la defensa y la promoción del ser humano.

De la misma manera que desde la radio se puede edificar una sociedad y una cultura con la verdad, también y tristemente se puede hacer mucho daño con la falsedad, con la indiferencia social producto de la enajenación que ocasiona la falta de la verdad y cuando solo se informa parte de la verdad, aquella que le conviene. Por ejemplo, cuando la radio se convierte en megáfono del bullying o acoso al ser humano, foros para desacreditar, para insultar, para degradar a la mujer, ridiculizar al religioso, a las personas LGBTT, a las figuras públicas, atentar contra el sagrado derecho a la intimidad, a la reputación y a la honra, no está siendo fiel a la verdad del ser humano, su dignidad y su derecho a la paz y a la alegría. Cuando se actúa así es porque se ignora o se desvaloriza y condiciona la verdad sobre el ser humano que es la coronación de la creación de Dios. Y, como estamos en el mes del amor, crezcamos en el amor por  la verdad que salva y redime; mostremos nuestro amor a la verdad en el amor al prójimo y a la patria tan sufrida y tan amada.

La verdad es una palabra que se repite mucho, pero me parece que se suele practicar poco; la verdad es una palabra simple de pronunciar, pero en muchas ocasiones difícil de practicar. La verdad es una palabra muy amenazada en nuestros tiempos y vista con sospecha. Esa verdad, que debe ser el norte de todo comunicador, muchas veces se ve amenazada por los desafíos de nuestros tiempos. Por ejemplo:

  1. Existe el desafío de vencer la tentación de sacrificar la verdad en la radio por los ratings o índices de audiencia;
  2. El desafío de callar la verdad por las presiones políticas o económicos de los más poderosos; y también de los religiosos;
  3. El desafío de responder a los intereses de los auspiciadores y no ser servidores del bien común;
  4. El desafío de hacer desaparecer la verdad ante agendas mezquinas o individualistas;
  5. El desafío de vencer la tentación de sustituir la verdad por la imparcialidad;
  6. El desafío de vencer la tentación de poner a las personas a pelear en los programas y alimentar un espíritu de confrontación en vez de dialogar entre los participantes;
  7. El desafío de anteponer los propios intereses a los del ser humano; y
  8. El desafío de enajenarse de la sociedad sufriente y caer en una indiferencia que humilla y mata.
  9. El desafío de relativizar la verdad.

Hace unos meses me expresaba que Puerto Rico parecía vivir en la cultura de la mentira. Se nos ha mentido en las propuestas de estatus, sobre nuestras finanzas, se nos miente cuando se nos asegura que tenemos el presupuesto balanceado, sobre las consecuencias del divorcio express, entre otras. Y, creo que esta crisis puede ser la plataforma para forjar un nuevo Puerto Rico sobre el principio insobornable de la verdad que nos conduce a la paz, a la justicia y a la libertad.

Qué mejor que la radio para convertirse en esa plataforma que nos abra totalmente a la cultura de la verdad mediante la cual:

Promovamos el desarrollo del ser humano, su dignidad y sus legítimos derechos; promovamos la cultura del encuentro, de la inclusión, del diálogo, del respeto, de la escucha atenta, de la caridad, de la solidaridad, donde promovamos la verdad de la economía y nos resistamos a una economía capitalista desenfrenada que mata, a una ecología antiética; nunca se cansen de fomentar la paz en Puerto Rico, de promover el diálogo, la comunión, la solidaridad, la amistad y no la animosidad entre todos los puertorriqueños y puertorriqueñas. Sin una cultura de la verdad nos exponemos al riesgo de ser una sociedad que vive del engaño. “La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad” (Caritas in veritates, n. 3) tan necesaria en nuestros tiempos. Sin la verdad no hay confianza, no hay esperanza, se pierde el amor por lo propio, por lo nuestro, por el otro, por la patria.

Ustedes, queridos hermanos y hermanas del mundo de la radio, son parte indispensables en la refundación de nuestra patria. Puerto Rico debe sentirse orgulloso de su radio que en la mayoría de las ocasiones tanto bien hace. Ustedes muchas veces son la única voz de aquellos que no tienen voz, que nadie les toma en cuenta. La verdad nos conduce al otro, nos abre los ojos para ver el sufrimiento de un Puerto Rico en crisis, un Puerto Rico que vive en una especie de terrorismo sicológico donde se siembra el terror sobre el empleo, las finanzas, nuevos impuestos, nuevos despidos, más emigración y más confrontación. La verdad como motor de la radio permitirá que en este medio y en esta crisis nuestros ancianos tengan su voz, nuestra juventud, oportunidades, nuestros niños, protección, nuestras mujeres, igualdad, nuestros políticos fiscalización, nuestros religiosos, caridad cuando la merecen y repudio cuando fallamos.

Nunca se cansen de ser portadores de la verdad en un mundo donde a veces la lógica de la mentira es la que dicta la pauta; anímense a actuar a contracorriente cuando la corriente nos aleja de la verdad; hagan de la verdad el logo más distintivo de cada emisora y, como San Juan Bautista, den testimonio de la verdad en que se origina el Misterio de donde proceden nuestras vidas.

  1. ORACIÓN EN OCASIÓN DEL DÍA MUNDIAL DE LA RADIO

Invoquemos al Espíritu Santo para que en Puerto Rico no falten comunicadores y personas en la radio que sean valientes y testigos auténticos de la verdad que, fieles al mandato de Cristo y apasionados por el mensaje de la fe, «se hagan intérpretes de las actuales exigencias culturales, comprometiéndose a vivir esta época de la comunicación no como tiempo de alienación y extravío, sino como tiempo oportuno para la búsqueda de la verdad y el desarrollo de la comunión entre las personas y los pueblos.[1]

Señor, que dijiste “conozcan la verdad y la verdad nos hará libre” permítenos conocer la verdad, vivir en la verdad, y anunciar la verdad.

Oremos para que el Espíritu de Dios les acompañe y les ilumine siempre, para que puedan ser mensajeros y testigos de la verdad que libera y salva.

 

[1] (Ref. Juan Pablo II, Discurso al congreso Parábolas mediáticas9 noviembre 2002, 2: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de noviembre de 2002, p. 3). (4 de mayo de 2008)

 

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