Getting your Trinity Audio player ready...

EL racismo es un modo de pensamiento que lleva a aprobar o rechazar automáticamente a un individuo sin darse a la tarea de conocerlo, sólo porque pertenece a una u otra raza. De esta forma se confieren cualidades de superioridad o de inferioridad a una persona o grupos de personas en virtud de su raza. La preferencia puede estar fundamentada en el color, rasgos físicos, procedencia étnica o cultural. El pensamiento racista niega la igualdad entre los hombres, negando un principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia: la igual dignidad de todos los hombres, por ser todos hijos de Dios.  A estos efectos el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia (144) nos recuerda: “Dios no hace acepción de personas, porque todos los hombres tienen la misma dignidad de criaturas a su imagen y semejanza, La Encarnación del Hijo de Dios manifiesta la igualdad de todas las personas en cuanto a dignidad.”  Tal y cual nos dice el apóstol San Pablo: “Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gal 3,28)

El racismo ha sido denominado por el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, como un veneno que afecta las estructuras sociales y la vida cotidiana en todas las sociedades. La lucha contra el racismo se da a distintos niveles, tanto comunitarios como nacionales e internacionales.  La Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, establece en su Carta de Derechos, Sección 1: “La dignidad del ser humano es inviolable. Todos los hombres son iguales ante la Ley. No podrá establecerse discrimen alguno por motivo de raza, color, sexo, nacimiento, origen o condición social, ni ideas políticas o religiosas. Tanto las leyes como el sistema de instrucción pública encarnarán estos principios de esencial igualdad humana.” Sin embargo, resulta sorprendente que los organismos internacionales, nacionales y las comunidades cristianas, condenan el racismo y su consecuente discrimen, pero a diario se siguen observando comportamientos que refleja una clara discriminación con las personas que son diferentes.  Atropellos y masacres parecen fundamentarse en la incorrecta idea del racismo. Mientras hablamos de igualdad, parecemos expresar la siguiente contradicción: Si, somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros.

La Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico en su publicación ¿Somos racistas? Cómo combatir el racismo (2006), establece: “El racismo en Puerto Rico no es un asunto trivial ni inconsecuente: todo lo contrario. El racismo es como un cáncer que progresivamente atenta contra la calidad de vida de miles de puertorriqueños y residentes de Puerto Rico, al privarles de iguales oportunidades de educación, empleo, vivienda y salud” (p.13). Los pensamientos racistas son aprendidos, por lo que su erradicación requiere corregir actitudes y patrones de comportamiento. También requiere autodisciplina para evitar tanto en nuestra conducta, como en nuestro vocabulario expresiones que prejuzguen o denigren a una persona solo por su color, nacionalidad o aspecto físico.

En La ceremonia anual para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial  del 2023, el presidente de la Asamblea General, Csaba Kőrösi, subrayó la necesidad de realizar “esfuerzos incesantes” para combatir el racismo. En su discurso describe al racismo: “Como un virus, el racismo muta y se adapta a diferentes épocas y contextos. Se dice que ‘el racismo es como un Cadillac, cada año hay un modelo nuevo’. De hecho, sus manifestaciones y síntomas pueden cambiar, pero la amplitud de su daño permanece intacta”. 

 El Papa Francisco, también se ha expresado firmemente en contra del racismo y reclama que los líderes religiosos tienen que difundir entre sus fieles principios y valores éticos que defiendan la igualdad de las personas. La ley moral natural, inscrita en el corazón del hombre, es la que establece el derecho a la igualdad.  En la lucha contra el racismo, nos dice el Papa “Todos estamos llamados, en nuestras respectivas funciones, a cultivar y promover el respeto de la dignidad inherente a toda persona humana, empezando por la familia – el lugar en el que se aprenden desde muy temprana edad los valores de compartir, de la hospitalidad, de la hermandad y solidaridad – pero también en los diversos contextos sociales en los que operamos”.

(Puede enviar su comentario al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com).

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano