Violencia doméstica, fracaso de la política publica 

El comienzo de este año 2024 ha sido fatídico en el tema de la violencia doméstica. La reacción de las autoridades gubernamentales ha sido la de convocar reuniones de alto nivel, enfatizar la llamada emergencia social y dar vueltas de noria, cual si fuera solución real al problema. Es necesario replantear si las medidas gubernamentales y las leyes aprobadas en los últimos años han tenido alguna efectividad. De primera instancia parece ser que nada ha cambiado, más bien se acrecienta y agudiza la violencia doméstica y otras formas de violencia en nuestra sociedad boricua. 

El gobierno de turno, sea cual fuere, establece un relato de cara al pueblo, dando la sensación de que atiende con efectividad la situación. Todos sabemos que tal relato no responde a la realidad. El hecho de que siga en aumento el número de víctimas fatales y que la aplicación de las leyes sea casi inútil, refleja el fracaso profundo de tales medidas. 

Comenzando por el modo de señalar, violencia de género, es ya impropio y solo indica la estigmatización del hombre. Existe la presunción de que la mujer es atacada y victimizada por el mero hecho de ser mujer. ¿Tendríamos que admitir que los hombres son atacados y victimizados por el mero hecho de serlo? 

 El Centro de Control de Enfermedades estadounidense (CDC) dispone de un detallado Listado de Factores de riesgo y protección ante la perpetración de estos crímenes que ofrecen una explicación de esas causas. Concretamente aporta 39, divididos en factores de riesgo individuales, de la propia relación, comunitarios y sociales.

Por orden, el CDC cifra como principales factores de riesgo una baja autoestima, reducidos ingresos, edad joven, comportamientos delictivos o agresivos en la juventud, el consumo excesivo de alcohol y drogas o la depresión e intentos de suicidio. La ira, la falta de habilidades para la resolución de conflictos no violentos, la personalidad antisocial o la impulsividad completan el cupo de los diez factores de riesgo más relevantes. Hay que esperar al puesto 16 para encontrar factores relacionados a la llamada cuestión de género, como la “creencia en roles de género”, al 17 para el “deseo de poder y control” o al 18 para la “hostilidad hacia las mujeres”. En la sección comunitaria, la “falta de voluntad de los vecinos para intervenir” ante la violencia queda relegada al puesto 35 y en el apartado de factores sociales y al 36 las supuestas “normas tradicionales de género y desigualdad de género”.

La Unión Europea dispone de una lista similar de que incluye, por orden, abuso de alcohol y drogas, violación de orden de alejamiento, problemas mentales, haber sido testigo de abuso cuando era pequeño en su familia, desempleo, antecedentes de violencia, celos patológicos y control coercitivo sobre la pareja. El factor machismo sólo se menciona en noveno lugar y sólo en la categoría comunitaria, no referido directamente a las características psicológicas individuales del agresor.

Mientras el gobierno invierte millones de dólares en programas diz que, para proteger a la mujer, crea dependencias que suman burocracia inútil, una ínfima cantidad se dedica a atender el tema de las enfermedades mentales. Si ignora así la principal causa de la violencia generalizada. 

El hecho de que, en la mayoría de los casos, los homicidas se suicidan, implica que la identificación y tratamiento de los desórdenes mentales de los potenciales agresores debe ser la principal medida de prevención. Hay documentación que recoge que “la significativa contribución de factores psicopatológicos (como desórdenes depresivos o delirios psicóticos) en estos homicidios-suicidios, la mayor parte de los cuales ocurrieron en el contexto de una separación reciente, divorcio o conflictos domésticos), pero “el machismo o la aversión a las mujeres `por el hecho de serlo´ brillan por su ausencia”.

Para trabajar seriamente con esta lepra social es imprescindible que los gobiernos dejen la ideología feminista a un lado. Es engañoso llamar violencia de género a los que es violencia de pareja o doméstica. En lugar de crear dependencias que solo suman burocracia, dotar al Departamento de Salud de fondos y herramientas para atender la grave problemática de salud mental que afecta a muchos. Esto supondría atender sus complejas causas reales. Es evidente que después de muchas reuniones, declaraciones de emergencias, creación de entes absurdos e inútiles, no se ha logrado ningún resultado respecto de aquello que se afirmó querer combatir.

Padre Edgardo Acosta

Para El Visitante

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