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“Les pido que intensifiquen la oración”. Así ha solicitado en muchas ocasiones el Papa Francisco al pueblo católico ante las situaciones actuales que atraviesa el mundo. La importancia de este acto religioso resulta ser tal que el Sumo Pontífice ha declarado el 2024 como el “Año de la Oración”. 

Este tiempo de invocación a Dios comenzó el pasado domingo 21 de enero.  Fue anunciado en el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro en Ciudad Vaticano, en el marco de la Semana de oración por la unidad de los cristianos que se celebró del 18 al 25 del mismo mes. Este año estará dedicado “a redescubrir el gran valor y la absoluta necesidad de la oración en la vida personal, en la Iglesia y en el mundo”. 

Orar: ¿Qué es orar? 

Tanto la Iglesia como el Papa –como delegado de Cristo– y los santos han hecho sus propias interpretaciones de lo que para ellos es la oración, y no se alejan mucho unos de los otros en lo que han pensado sobre esto. Por su parte, el Papa Francisco dice que la oración es una invocación que va más allá de nosotros mismos, es algo que nace en lo más profundo de nuestra persona y que tiene un encuentro… es un camino. La oración es la voz de un “yo” que va a tientas en busca de un “tú”. En otras palabras, para Francisco la oración es eso que conduce una búsqueda de nosotros hacia algo más, que es Dios. 

Por otro lado, Santa Teresa del Niño Jesús argumentó en un manuscrito que para ella, la oración “es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría”. San Juan Damasceno dijo en su momento que para él “es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”. 

El Catecismo de la Iglesia Católica establece que la humildad “es la base de la oración” y que “es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración”, (núm. 2559). Sencillamente, la oración “es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo”, (núm. 2565). 

En la oración se establece un encuentro entre Dios trino y el ser humano. “La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él”, (Catecismo, núm. 2560). 

“La oración tiene el poder de escribir el destino de la humanidad de modo diferente”, comentó el Francisco en una catequesis ofrecida en el 2020 sobre la importancia de la oración. “Gracias a la oración, Dios muestra su misericordia y su bondad al mundo. Tu oración transforma el desierto del odio en un oasis de vida y paz”, completó. 

¿Cómo puedo orar? 

Si bien es cierto que no hay forma perfecta para orar, sino la que sale del corazón, en el Catecismo de la Iglesia Católica –del numeral 2623 al 2649– se pueden encontrar varias formas para realizar una oración efectiva. Estas maneras de orar comprenden la oración de adoración a Dios o l de bendición hacia algún objeto, propiedad, persona o momento. Además, está la oración de petición o intercesión por algo o alguien –ya sea de manera independiente o a través de un mediador, que puede ser una persona particular, un santo o beato–, así como la de acción de gracias y la oración de alabanza para dar gloria al Todopoderoso. 

También existe la oración mediante la lectura de las Sagradas Escrituras, que usualmente se conoce como Lectio Divina y que se puede dar en la modalidad de meditación, reflexión o contemplación. 

De otra parte, la Biblia ofrece muchas herramientas para orar, incluso Jesús es facilitador de la oración por excelencia: el Padrenuestro. El Hijo de Dios responde a uno de sus discípulos quien le pidió que les enseñara a orar diciéndole: “Cuando recen, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino. Danos cada día el pan que nos corresponde. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe.v y no nos dejes caer en la tentación”, (Lc 11, 2-4). 

¿Son contestadas nuestras oraciones? 

Siempre las oraciones son escuchadas por Dios, aunque no lo parezca o no lo notemos a simple vista. Y ya que son escuchadas nuestros rezos, estos son contestados de diversas maneras. En algunas ocasiones la respuesta de Dios es “no” y esto no significa necesariamente que sea algo negativo, sino que es lo mejor, porque Dios siempre sabe y quiere lo mejor para nosotros. Cuando la respuesta es “sí”, es por lo mismo, y en otras es “espera un poco” porque no es el momento. En efecto, las oraciones siempre son contestadas. Esto puede darse por medio de las personas, es decir, a través de un amigo, un familiar, o incluso hasta por un extraño en la calle. 

Sin embargo, cuando oramos o pedimos algo a Dios no puede hacerse poniendo condiciones, pues estaríamos limitando la misericordia y el amor de Dios o tratando de controlar Su tiempo. Nuestras oraciones siempre son contestadas, pero no a nuestra forma ni al tiempo de nosotros, sino al de Dios y a su forma. Podríamos decir que, en la oración se prueba nuestra fidelidad, nuestra perseverancia y sobre todo nuestra fe. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

Para El Visitante