En la primera lectura, sacada del libro de Josue, presenta otro de los momentos cumbres de nuestra historia de la Salvación: la primerísima vez que el pueblo de Israel celebró la Pascua judía, preámbulo de nuestra Pascua cristiana.

En la segunda lectura, de la Primera Carta a los Corintios, presenta a San Pablo exhortando a la comunidad corintia a la conversión, traducida a una reconciliación con Dios y el prójimo.

La parábola del Evangelio de San Lucas, es quizás la más conocida y querida: la Parábola del Hijo Pródigo, una que no necesita presentación.

La primera lectura sirve como un repaso de nuestra historia de salvación. Dado que la Cuaresma es preparación para la Pascua que presenta ese momento en que se comenzó a celebrar la Pascua judía. Ya el pueblo de Israel había terminado su peregrinación por el desierto, había cruzado el Río Jordan y había entrado a la Tierra Prometida. Una vez que se había instalado y comenzado a crecer como pueblo, procede a celebrar su momento fundacional como nación, que fue precisamente el paso del Ángel exterminador matando a los primogénitos egipcios, y el paso del pueblo de Israel por el Mar Rojo.

La razón por la que San Pablo escribió la 1ra Carta a los Corintios es la reconciliación de las distintas facciones de la comunidad. Expone que no puede haber arrepentimiento y conversión, si no hay reconciliación. Es verdad que San Pablo arguye que debemos de reconciliarnos con Dios para que haya une verdadera conversión, pero es que no hay reconciliación con Dios posible, si primeramente no la hay con el hermano. La Cuaresma es momento de reconciliarnos con aquellos con los que estamos disgustado.

La parábola del Hijo Pródigo esta dentro del contexto de las parábolas de la misericordia. En todas ellas, el énfasis que es la alegría que Dios siente cuando uno de sus hijos se reconcilia con Él a través de la conversión, y cuando está perdido y vuelve a encontrarse con Dios. Dios es representado aquí por el pastor y la esposa que encuentran la oveja y el drama respectivamente.

Pero hay unos aspectos acerca del protagonista principal de la Parábola del Hijo Pródigo: el Padre. Antes de que el Hijo llegara al Padre, este lo reconoció a lo lejos, salió corriendo, y lo abrazo. Miremos lo que hay entre líneas. Si el Padre lo reconoció desde lejos fue que, desde que el muchacho se fue, el Padre estaba ojeando constantemente el horizonte, el camino por el cual el muchacho se había ido y por estar en esa constante vela pudo verlo inmediatamente que apareció. A pesar que el Padre estaba ya cegato por la edad, lo reconoció inmediatamente y salió corriendo a abrazarlo, no espero que el muchacho llegara a Él, a pesar de los achaques. Tampoco importó que estuviera asqueroso, lo abrazo y lo beso. Cuán grande es el amor del padre por su hijo. Pero, al mismo tiempo, vemos que en la fiesta, el Padre extrañó al hijo mayor y, tanto estuvo que hasta salió a buscarlo de la misma manera que corrió hasta el hijo menor. Corrió hasta el hijo mayor para que se uniera a la alegría de la fiesta. Dios es el Padre que ama a TODOS SUS HIJOS, Y QUE LOS QUIERE JUNTO A ÉL.

P. Rafael Méndez Hernández, Ph.D.

Para El Visitante

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