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“Vendrá uno que es como el Tabor entre las montañas”, (Jr 46, 18-19).

Subir la cuestaelevarse a las alturas o simplemente ascender. Cualquiera de estas frases define el trayecto desde la base a la cima; desde las llanuras del Valle de Jezreel hasta la Basílica de la Transfiguración que es la “corona” sobre el Monte Tabor en Tierra Santa. Es el lugar sagrado donde la tradición dicta que Jesús se transfiguró frente a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. Ascender, encontrar la iglesia y entrar en ella genera un cierto impacto ante un lugar sacro y con fuertes enseñanzas. Un lugar que invita a quedarse…

Desde la distancia se puede apreciar la silueta erguida del monte. Son más de 1,843 pies de ascenso al monte santo rodeado por planicies revestidas de cultivos de granadas, lo que lo convierte en un lugar prominente para apreciar la creación de Dios y un lugar estratégico. El premio a la llegada, además de la temperatura agradable y las ventiscas leves, es la fachada esbelta de la Basílica de la Transfiguración. La iglesia es custodiada por los franciscanos, que cuentan con un monasterio en el lugar. 

El Santuario de la Transfiguración fue diseñado por el Arquitecto Antonio Barluzzi en 1924 y fue edificado sobre ruinas bizantinas anteriores. El lugar fue pieza clave para batallas históricas como la de los israelitas contra los cananeos, como relata el libro de Jueces 4.

La iglesia es de proporciones medianas, rodeada de flores, muros de piedra, jardines, bosque y alguna zona arqueológica. Al ingresar por las puertas del templo, la atención de centra en la media cúpula en el que se encuentra el mosaico de fondo dorado con la representación majestuosa y artística del acontecimiento de la Transfiguración. Jesucristo es el centro del mosaico, con Moisés y Elías a la derecha e izquierda, en presencia de los tres apóstoles.

Bajo el mosaico se encuentra el altar. Este se encuentra sobre un arco exquisitamente decorado con los acontecimientos de la vida de Jesús y que en su inferior crea un espacio para un recinto bien reservado donde se cree aconteció la Transfiguración. Se puede descender hasta él por medio de una escalinata. La basílica rodea, abraza y resguarda este lugar, que encierra cierta mística, antigüedad y sacralidad.

El Monte Tabor y la Transfiguración se suelen asociar a la contemplación de Dios, Su luz y Su Hijo que es el mesías Jesucristo; plenitud entre la ley (Moisés) y la profecía (Elías). Pero también se asocia a la valentía, a ese no tener miedo y bajar a misión de manifestar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra. Estos elementos son la catequesis presente en cada detalle de la basílica. A pesar de la belleza de la cima del monte y lo agradable del recinto sacro que resguarda, el camino de Jesús continuó a Jerusalén a culminar su obra redentora. 

La experiencia de estar en ese hermoso lugar deja una huella inolvidable para cada peregrino que allí llega con su plegarias e intenciones. En definitiva, el Monte Tabor levanta el ánimo y es recordatorio de la llamada a la transfiguración y glorificación de la vida a Jesucristo. Para ello, el camino sigue a la Cruz que se encuentra más allá en Jerusalén y desde ella a la Resurrección. Para esto, hay que salir y responder a la llamada de Dios…

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com

Twitter: @Enrique_LopezEV

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