Una de las oraciones católicas más importantes para cimentar nuestra fe, es el Credo. En él se incluyen todas las verdades reveladas por Dios al hombre, que nos permiten entender el sentido de nuestra vida. Esta oración nos recuerda todo aquello que se nos ha revelado por Dios y en lo que creemos. Su reflexión nos motiva a responder a Dios, con nuestros actos cotidianos y a reconocer el llamado de Dios a la vida del Espíritu. El Credo, nos ayuda a trazar el camino hacia un encuentro con el Dios mismo, creador, redentor y santificador.  

En su artículo final, el Credo nos hace decir: “Creo en la vida eterna”.  Creer en la vida eterna implica saber que hemos sido creados no solo para esta vida, lo que nos invita a fijar prioridades espirituales, más allá de los materiales. El Catecismo de la Iglesia Católica, al comentar este artículo de fe, nos explica que la muerte transforma nuestro ser en un cuerpo espiritual, que no perece (Catecismo, núm. 1020). Seremos retribuidos de acuerdo con nuestras obras y nuestra fe en un juicio particular. Pero también participaremos de la segunda venida de Cristo, tal y cual Él prometió (Mt 25,31). A este encuentro glorioso, nos referimos los creyentes como el juicio final.  

En el lenguaje de los no creyentes, el juicio final se representa como el fin del mundo. Para aquellos que no han internalizado lo que representa la vida eterna, es la destrucción de la humanidad, como se le conoce. Determinar cuándo llegará el fin del mundo, ha sido una tarea a la que muchos se han dedicado. El fin del mundo es temido por todos, porque se anticipan una serie de cataclismos, guerras y destrucción. Desde tiempos antiguos ha sido motivo de especulación e incluso se han llegado a predecir fechas exactas del fin, las cuales no se han materializado.   

De acuerdo con un grupo de científicos de la Agencia Espacial Europea, el Sol determinará la fecha en que los planetas más cercanos a él se destruirán.  Se estima que el Sol tiene 4,670 millones de años y se espera un gradual aumento en su tamaño y temperatura. La temperatura máxima, antes de que el astro colapse, puede alcanzarse en unos 6,000 a 8,000 millones de años. El calentamiento extremo ocasionaría que se agoten las condiciones de vida en el planeta, mucho antes de que físicamente desaparezca la Tierra.  Estos descubrimientos e hipótesis, aunque interesantes, no tienen para nosotros una utilidad práctica, más allá de alertarnos de que existe un final para toda vida y hacernos tomar conciencia de que existe una responsabilidad por conservar nuestro ambiente.

Determinar cuándo será el fin de los tiempos no nos corresponde a nosotros. Al referirse a esto, el evangelista San Mateo (24, 36) parafrasea las palabras de Jesús: “En cuanto al día y la hora, no los conoce nadie, ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solo los conoce el Padre.” Por eso insta a sus discípulos a estar preparados.  Estar preparados significa utilizar la vida que Dios nos ha regalado para vivir “un cristianismo realmente vital, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regenera en ellas”, por medio de la oración y la celebración litúrgica (San Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millennio Ineunte, 32). 

En su Mensaje ante la 60ma Jornada de Oración Mundial por las Vocaciones (2023), el Papa Francisco pide a todos los cristianos, laicos y consagrados a “llevar la vida a todas partes, especialmente allí donde hay exclusión y explotación, indigencia y muerte. Para que se dilaten los espacios del amor y Dios reine cada vez más en este mundo”. Estamos llamados a que “la fe que se haga testimonio”, que une con fuerza “la vida de la gracia, a través de los Sacramentos y la comunión eclesial, y el apostolado en el mundo”. Así, el cristiano, animado por el Espíritu Santo, “se deja interpelar por las periferias existenciales y es sensible a los dramas humanos”, recordando siempre “que la misión es obra de Dios y no la llevamos a cabo solos, sino en la comunión eclesial”, nos dice el Santo Padre. En este caminar tenemos la promesa de Jesús: “He aquí yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, (Mt 28, 20).

(Puede enviar su comentario al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano

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