Getting your Trinity Audio player ready...

El libro del Génesis nos presenta el final de la odisea del Diluvio, cuando se establece una promesa entre Dios y la humanidad en la persona de Noé.

San Pedro en su primera carta nos explica lo que conlleva la muerte de Jesucristo y su relación con el Arca de Noé.

San Marcos nos presenta su escueta versión de las tentaciones de Jesucristo en el desierto.

El desierto: en las Sagradas Escrituras el desierto es el lugar del Diablo, porque es un lugar de muerte, de aridez, en la que la vida es difícil.  Paradójicamente, el desierto es uno de los lugares de encuentro con Dios por excelencia puesto que el hombre (y la mujer), al no tener con qué defenderse, tiene que por obligación depender totalmente de Dios y, por otro lado, al no haber distracciones sino que todo es una monotonía, el hombre puede concentrarse en la oración y la meditación, factores indispensables para tener un encuentro personal con Dios.

Enfatizamos mucho el carácter penitencial de la Cuaresma, y otra de las dimensiones de esta sagrada temporada es la dimensión bautismal.  La Cuaresma, desde los tiempos de la primitiva Iglesia, es el tiempo en que se preparan a los adultos para que hagan los sacramentos de iniciación en la Vigilia Pascual.  Es por eso que en nuestras parroquias en este tiempo vemos catequistas especializados que están preparando a adultos para que hagan los sacramentos en este tiempo.  Debido a esto, en las misas dominicales cuaresmales se nos presentan en la Liturgia de la Palabra temas importantes relacionadas con el sacramento del Bautismo.  También en la Liturgia de la Palabra se nos presentan hitos en nuestra historia de la salvación, para que los catecúmenos (adultos preparándose para el bautismo) pueden conocer la trayectoria salvífica de nosotros, Pueblo de Dios, hasta el punto culminante de la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

He aquí que estamos discutiendo el agua, el elemento más importante del sacramento del Bautismo.  La pequeña humanidad que se salva en el Arca, tiene que pasar por agua, en la cual tiene que pasar un periodo de purificación.  Nos dicen las Escrituras que estuvo lloviendo cuarenta días con sus noches; el número cuarenta es el número de la preparación, por eso no nos debe de extrañar que Jesucristo estuviera precisamente ese número de días y noches en el desierto.  Así que Noé y su familia tuvo que pasar por ese periodo de purificación para que la humanidad se limpiara ante Dios.  Pero San Pedro, analizando el tema del agua del Diluvio y el agua del Bautismo, nos indica algo hermoso: el agua del Bautismo no es simplemente para limpiarnos sino para darnos vida: de la misma manera que Noé y su familia se salvaron, nosotros somos salvados a través del Espíritu Santo que se nos es derramado en el Bautismo, en virtud de la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Volviendo al tema del desierto, San Marcos es el más escueto de los evangelistas porque nos indica simplemente que Jesucristo pasó cuarenta días en el desierto, tentado de Satanás, entre alimañas, y atendido por ángeles.  Los demás evangelistas, a través de las mismísimas tentaciones de Satanás, nos indicaran que Jesucristo pasó ese tiempo en el desierto, para entregarse completa y totalmente a la providencia de su Padre, con miras a su pasión que se daría tres años después.  Nos enseña esto que nosotros debemos ser capaces de desconectarnos de las distracciones del mundo para conectarnos con Dios.