‘El corazón de una madre se va con el hijo al escenario bélico’

“Es una sensación de afinidad espiritual tan cercana como cuando estaba en mi vientre, así de fuerte es el latido del corazón de una madre cuando su hijo está en la guerra”, esas fueron las palabras de la Dra. Sonia Santiago, presidenta de Madres contra la guerra, cuando recordó el tiempo que su hijo estuvo destacado en Iraq.

La también psicóloga recibió a El Visitante, previo a la conmemoración del Día de las Madres y narró la terrible experiencia que vivió los 17 meses que su hijo pasó como infantero, soldado que va al frente abriéndole camino a los demás, y los describió como los más difíciles de su vida. “El corazón de una madre se va con el hijo al escenario bélico. Yo estaba como robotizada acá, pero mi mente y mi corazón estaban con mi hijo allá. El saber que tu hijo está expuesto continuamente día y noche a la muerte es una cosa espantosa. Cada vez que un carro desconocido se estacionaba cerca de mi casa mi corazón se me iba del pecho”, rememoró.

Tras casi 1 año y medio sin ver a su hijo, el encuentro entre ellos se dio en una base militar en Luisiana, para llegar allí tuvo que tomar un avión hasta Texas, conducir por casi 3 horas a través del desierto para abrazar nuevamente a su retoño. “Él no sabía que yo iba a estar allí. Llegó flaquito y prieto porque cogió mucho sol en el desierto, cuando me vio imagínate se me tiró encima y me abrazó. Fue algo único, un abrazo eterno, no quería soltarlo”, expresó emocionada.

De otro lado, compartió que durante su juventud se unió a Mons. Antulio Parrilla, Obispo Auxiliar de Caguas, para persuadir a los jóvenes para que desistieran de ir al ejército. Había comenzado la Guerra de Corea y como parte de las actividades que realizaba el grupo, acudían a las diferentes facultades de la Universidad de Puerto Rico (UPR)para convencerlos de no enlistarse.

Sobre este particular, confesó que recientemente se encontró en el Viejo San Juan con un caballero que le dio las gracias por haberle salvado la vida. Cuando ella preguntó ¿cuándo ocurrió eso? Él respondió que tenía planes de entrar al ejército y en la cafetería de la UPR ella lo persuadió y él desistió. Le dijo también que la mayoría de sus amigos que sí fueron a la guerra regresaron heridos o muertos.

Por eso, para esta madre fue muy impactante cuando un día su hijo, luego de pasar 10 meses buscando trabajo, le informó que el próximo día tomaría un avión que lo llevaría a la base militar para comenzar su entrenamiento porque se unió al ejército, “a mí se me cayó el mundo”.

La mujer que es católica practicante, enfatizó que la guerra en Iraq comenzó el 19 de marzo del 2003 y en mayo de ese mismo año decidió fundar el grupo Madres contra la guerra, organización pacifista anti militar que tiene tres objetivos principales; red de abogados para ayudar al militar a dejar la milicia, amparándose en la objeción por conciencia, derecho del militar, al que puede acogerse un soldado en cualquier momento, por razones éticas, morales o religiosas. “Es un protocolo molestoso, pero no imposible. Hemos orientado a varios exitosamente, y exhortamos a los militares a acogerse a esto, es su derecho”, expresó.

La segunda finalidad, es orientar a la juventud para que no firmen un contrato militar. “No se dejen llevar por lo que les dicen los reclutadores que van a ganar dinero y que van a estudiar. Después de estar en la guerra llegan tan mal que es muy difícil que puedan hacerlo. Son cantos de sirenas que se convierten en pesadillas”, alertó. Y el tercero, es brindar apoyo a las madres y familiares que pierden sus hijos en la guerra.

Por último, Santiago lamentó que su hijo regresó con varias condiciones de salud relacionadas con su experiencia bélica: entre ellas: Síndrome post traumático del estrés, tres discos herniados. Así como osteoartritis y osteoporosis provocado por haber recibido en un periodo de 2 semanas cuatro dosis de la vacuna contra el Antrax, sin esperar el tiempo requerido entre cada una. “Mi hijo es un muchacho de 34 años que no puede trabajar, le dan ataques de ansiedad y de pánico. Está deshabilitado, pero gracias a Dios está conmigo”, puntualizó.

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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