El bautismo es la entrada a la vida cristiana. Es el sacramento que nos introduce a la familia de la Iglesia Universal. Más allá de eso, ¿qué es? ¿Quién puede ser bautizado y quién puede bautizar? ¿Cúales son sus efectos? ¿Qué sucede con aquellos que no son bautizados? 

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que “El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado” (Núm. 1213). El Bautismo recibe el nombre gracias al rito principal de “sumergir” o “introducir dentro del agua” al nuevo miembro de la Iglesia. “La ‘inmersión’ en el agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en la muerte de Cristo, de donde sale por la resurrección con Él como nueva criatura” (Núm. 1214). Para los cristianos, el bautismo representa la cercanía del Dios Trino que se manifiesta en el Hijo amado. 

El Bautismo del Señor es el momento en que Jesús hace pública su vida oficialmente y Dios presenta a su hijo. En este acontecimiento, Juan cumple su misión de bautizar al Hijo de Dios, y Jesús comienza su misión públicamente. El Bautismo es la iniciación en la vida cristiana, es el comienzo del caminar hacia Cristo por medio del sacramento inicial. 

El pasado año, en la fiesta del Bautismo del Señor, el arzobispo de Lima, Perú expresó que a través de este acontecimiento “Jesús, que viene de parte de Dios, ha asumido nuestra vida y es el portador de la esperanza. Por eso, cada vez que uno de nosotros es bautizado, – recordemos – que también somos portadores de la esperanza de Jesús”. Jesús, sin pecado original, decidió bautizarse para invitarnos a reconocer nuestros límites y que desde ellos trabajemos contra los males que nos asechan. 

¿Quién puede ser bautizado?

En la Iglesia Católica es tradición bautizar a los niños, pero en sus orígenes, “el Bautismo de adultos – era – la práctica más común” (Catecismo, Núm. 1247). El sacramento de iniciación es para todo ser humano que aún no haya sido bautizado bajo el rito trinitario. Es decir, toda persona que sea bautizada “en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo” recibe el sacramento bajo la Iglesia Católica. Según el Catecismo, “la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento” (Núm. 1250). En otras palabras, el bautismo también es parte de la misión de los padres de alimentar la vida de fe de los hijos que Dios les ha confiado. 

¿Quién puede bautizar? 

Para poder conceder el sacramento del bautismo, este tiene que ser administrado por el obispo, el presbítero o por el diácono. “En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios y en la necesidad del Bautismo para la salvación” ((Núm. 1256). 

¿Cuáles son los efectos del bautismo?

En primer lugar, el bautismo nos da la gracia que santifica. Es decir, todos nuestros pecados son perdonados con el sacramento del bautismo, incluso el pecado original con el que nacemos y en el caso de los adultos, los propios pecados que son cargados con el tiempo. La fe, la esperanza y la caridad son las tres virtudes teologales recibidas junto al don del Espíritu Santo y demás bondades en este sacramento. El bautismo, además nos da la gracia del sacramento que nos ayuda en nuestra vida cristiana, a creer en Dios y amarle. 

¿Qué sucede con los no bautizados?

En el caso de las personas que han nacido sin el sacramento bautismal, debemos recordar que la salvación es para todos, sin distinción de raza, sexo, ubicación geográfica, etc. Dios no elige quien está salvo y quién no, sino que por medio del milagro de la redención todos hemos sido salvados y redimidos del pecado. Cristo murió por todos, incluso lo hizo por las personas que le antecedieron y por lo que vinieron después de su Pasión, muerte y Resurrección. Inclusive, los bebés que mueren luego del nacimiento y que han sufrido por alguna causa, se unen al padecimiento de Cristo en la Cruz y se unen también con Él en su Reino. Además, la Iglesia se une en oración en la Eucaristía por todos los fieles difuntos, por los que sufren, por los necesitados, por los hambrientos y sedientos de justicia, en fin, por toda la humanidad. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

j.rodriguez@elvisitantepr.com

Twitter: jrodriguezev

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