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Ya no se trata de la invasión de Rusia a Ucrania, la vocal Korea del Norte, la tensión por el potencial encontronazo de EE.UU. Y China por Taiwán o la guerra económica, el reciente conflicto en Tierra Santa y otros tantos. El mounstruo de la guerra amenaza al mundo con sus garras. Tristemente pareciera que el mundo esta en ánimos bélicos de corte mundial, pero a pedazos. El Papa Francisco, en su lenguaje sinodal y varias ocasiones durante sus años como Pontífice, ha lanzado el reto de conseguir promotores de la paz. Un grito en el desierto con resonancias epicopales, sacerdotales y laicales frente a una sociedad donde pareciera que tomaron la delantera en la carrera por el vida espiritual el materialismo, el ateísmo pragmático, una ultra sensibilidad selectiva y sin sentido en estos tiempos y la mayor de todas, una indiferencia voraz.

¿Qué puedo hacer yo para promover la paz? Es lo que todos deberíamos reflexionar a diario ante el mounstruo de la guerra que ascecha a la espera del momento perfecto para atacar desde su guarida momentanea en la noche silenciosa. Ora et labora. Orar y promover la paz con la acción cotidiana, con el ejemplo y el trabajo. La paz viene de lo alto, pero empieza desde el batey nuestro desde donde crece a la comunidad y contagia. Con espíritu sinodal, oremos juntos para que la paz reine en todos los rincones del mundo y que los ánimos de guerra desaparezcan. 

Es por ello que el Papa Francisco convocó a una jornada de oración y ayuno el viernes, 27 de octubre de 2023. Esta jornada se vivió en las seis diócesis del archipiélago borincano, en las parroquias, con ánimo ferboroso para que Dios conceda la paz. Plazas, espacios públicos, calles, templos o áreas comunitarias fueron los espacios para elevar plegarias a Dios. ¡Oremos y ayunemos para que Dios nos conceda la paz! 

Es curioso. Alguno pensará que orar por la paz no tiene frutos. Todo lo contrario. Que todos nos unamos en una sola voz, corazón y plegaria nos une como una sola Iglesia que pide a Dios la paz. Solo hay que plantearse por un instante nos unimos a todos los esfuerzos diplomáticos, las llamadas telefónicas y las reuniones que se realizan desde la Santa Sede, las conferencias episcopales y otros emisarios de la paz en tantos paises incluso en los paises en guerra. Incluso, el mismo Papa Francisco directamente ha llamado a presidentes y embajadores para expresar su preocupación por las concecuencias de las guerras y expresar la necesidad de identificar caminos de paz en vez de guerras. El Papa ha querido visitar las fronteras y los países en conflicto para promover la paz.

Pidamos que el Principe de la Paz bendiga, sane y transforme las mentes y corazones de todos los líderes y asesores que se relacionan con las tomas de desiciones directas o indirectas para que entiendan que, como señala el Papa: “En el conflicto tomamos un solo partido: el de la paz”. Que asimilen que la violencia y muerte son un círculo vicioso que solo lleva a más violencia y muerte en un espiral exponencial que solo entrega ruinas y cementerios. Para que logren comprender que el sendero que todos anhelamos es el Camino, la Verdad y la Vida que señala al perdón, la reconciliación y la sana convivencia. Que Dios les conceda a los líderes y sus asesores la serenidad, la fuerza y la sabiduría para proceder con bondad. Y que sane a tantos de la tragedia, pérdidas y sicatrices de la guerra. Asimismo, oremos por el eterno descanso de los que han fallecido directa o indirectamente a causa de estos conflictos.

Al final, vivimos en nuestro amado planeta que es esférico y en el que estamos conectados de una u otra manera. La paz y el bien vencerán solo con el tiempo. Oremos a la Divina Misericordia: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. María Reina de la paz, ora por la paz del mundo entero.

Aquí la oración por la paz de San Francisco de Asís. San Juan Pablo II la rezó en 1986 frente a los representantes de todas las religiones del mundo. Meditar y orar detenidamente por la paz, como si todo dependiera de nuestra oración…

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que allá donde hay odio, yo ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión. Que allá donde hay error, yo ponga la verdad. Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe. Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza. Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Maestro, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar, ser comprendido, cuanto comprender, ser amado, cuanto amar. Porque es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo, es perdonando, como se es perdonado, es muriendo como se resucita a la vida eterna. Amén.

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com

Twitter@Enrique_LopezEV 

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