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Uno de los apelativos de Jesucristo es Sabiduría de Dios, y es por eso que todo lo que dice el Libro de la Sabiduría sobre ella misma, se le aplica a Jesucristo.

En la primera Carta a los Tesalonicenses, San Pablo nos habla de la vida eterna que nos espera en virtud de la Resurrección de Jesucristo, y que por lo tanto, no debemos de temerle sino esperarla con esperanza.

A través de la Parábola de las 10 Vírgenes en el Evangelio de San Mateo, Jesucristo se presenta a sí mismo como el novio de la Iglesia.

Es una tristeza que los judíos no hayan aceptado el libro de la Sabiduría como un libro inspirado por Dios y que por eso no solamente no aparece en los libros sagrados judíos, sino que tampoco aparece en la Biblia protestante. Es una lástima puesto que todo lo que en este libro se dice aplica por completo a Jesús, la Sabiduría de Dios. En la lectura de hoy se nos dice que la Sabiduría se deja encontrar, quiere ser encontrada y por eso, todo el que la busca la encuentra, se beneficia con ella, se llena de Dios. ¿Acaso no es eso lo que decimos de Jesucristo? Porque Jesucristo es nuestro amante, nuestro novio, el novio de la Iglesia.

Esta imagen de Jesucristo como novio el mismo Jesús la utiliza muchas veces. Hace un par de semanas, en la parábola de la Fiesta de Bodas a la cual todos estamos invitados, Dios Padre tira la fiesta de bodas para su Hijo, el novio. Jesús, el novio-esposo de la Iglesia la ama con pasión. ¿Cómo es que llamamos el proceso de ejecución de Jesucristo, desde su captura en Getsemaní hasta su muerte en el Gólgota? La llamamos la Pasión del Señor. La llamamos así puesto que la muerte de Jesucristo fue una entrega total, en la que nada quedó sin ser entregado. Jesucristo entregó su corazón, su alma, su vida, su sangre, su integridad física, en un acto de amor total en el cual no se reservó nada para su novia la Iglesia. Debido a que nos ama tanto, se deja encontrar, como dice la primera lectura de hoy, para llenarnos de su amor, con todas las consecuencias que ese amor tiene.

Esto tiene unas implicaciones. Una de ellas es precisamente el sacerdocio reservado para los hombres. El sacerdote representa a ese Novio, a ese Esposo, a ese Cristo que ama a su Iglesia de manera total. Cuando el sacerdote celebra la misa, realiza este acto de amor total que fue la muerte de Jesucristo en la Cruz. Esta también es una de las premisas del sacramento del matrimonio; mientras que la esposa representa a la Iglesia, que se abre a la fecundidad, el esposo representa a Jesús, que ama a su Iglesia al extremo de entregarse por completo a ella. Así lo especifica San Pablo en la Carta a los Efesios.

Por eso, como dice San Pablo en la segunda lectura de hoy, no debemos de temerle a la muerte puesto que ella es la fiesta de bodas del Cordero, en donde la Sabiduría de Dios, Jesús, es el centro de la fiesta, y su amor lo inunda todo.

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante

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