Editorial: La paz sea con Ucrania

Por naturaleza, la muerte de otro ser humano nos provoca temor, tristeza y dolor. Así ha sido, aunque la insensibilidad nos quiere conquistar. Estos días recientes saltan las alarmas por el récord de rusos caídos en suelo ucraniano -según las autoridades de Ucrania-, por las cifras de ucranianos fallecidos en ese aterrador y nefasto conflicto que tristemente continua hoy… Una invasión que probablemente la gente de a pie no quería, pero que son obligados a apoyar con sus vidas en la línea mortal. Este año de tristeza y dolor debe ser una leccio para el mundo. 

La guerra, la violencia y la encañonada sorpresa no es la solución, más bien es un tren fatal que no para hasta arrasar todo y a todos sin discriminar bajo ningún concepto. Igual, cuando se va perdiendo todo tirano bien armado sin bandera grita amenazas nucleares. ¿Se prefiere ganar aunque luego mates poco a poco a todos los seres vivientes del planeta? ¡Elevemos un clamor al cielo por el fin de esta guerra!

Oremos y pidamos a Dios que conceda la paz a los miles que han perdido a sus seres queridos en Ucrania, una paz que solo el Resucitado puede dar. Oremos juntos con sencillez de corazón para que la paz de Dios renazca en suelo ucraniano y el abrazo fraterno llegue entre hermanos. Que finalmente llegue el alto al fuego, que se cambien la destrucción por la reconstrucción. Que el perdón y la reconciliación brillen como el sol mañanero. María Reina de la paz, ora por el pueblo ucraniano y ruso.

Unamos nuestra intención a la del Papa Francisco que tanto ha insistido, orado y trabajado por el fin de la guerra y que reine la paz. Oremos como San Francisco, seamos ecos de paz y emisarios de la serenidad de Dios, para que las banderas de la paz se eleven en los cielos ucranianos y rusos y en los demás países que viven el yugo de la guerra; unas banderas solo hondeadas por la brisa suave de Dios… 

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión. 
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender; ser amado, como amar.

Porque es: Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com

Twitter: @Enrique_LopezEV

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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