En la medida en que el amor decae, se pierde también el sentido de justicia, que es dar a cada uno lo suyo. El egoísmo se convierte en fórmula única y se tiende a despilfarrar a ciegas lo que conviene al conglomerado social. Así los pobres y necesitados pasan por un eterno viacrucis, una condena larga de burocracia y asuntos oficiales. Nada se resuelve, mañana es la palabra más exacta para el que sufre los rigores de la existencia. 

     La indiferencia y el yo tengo lo mío cuadran el presupuesto que proclaman la ley y la fórmula como única tabla de salvación. Los que viven al borde del colapso económico han sido saqueados en sus iniciativas de hondo calado virtuoso y se les ha enseñado a depender, a olvidar la cátedra de resolver por ellos mismos, a emanciparse corazón adentro al develar la fibra humana de que están hechos.

     Dar recetas para todo, estructuradas con esmero lógico, ha saturado el botiquín de inquietudes fuera de alcance de las posibilidades económicas y mentales. Los acostumbrados a la espontaneidad, a la enseñanza hogareña y vecinal, tienen que revertir el proceso y optar por acogerse a lo dictado desde frías oficinas. No existe la convergencia entre lo aprendido y lo dictado por la nueva pedagogía.

     El hoy, con su ser afluente de luz, debe proyectar lo ya sabido, fruto de la verdad original que se devela en cada época. Borrar las soluciones ad hoc para cada circunstancia es empobrecer los recursos que pasan de época a época como una contribución propia a la existencia. La riqueza mental llega con el hoy y el ayer de conocimientos variados, de espontaneidad del espíritu.

     La justicia no es un producto neto del dinero, ni de decisiones arbitrarias, sino de una actitud de proveer lo mejor a los ciudadanos que viene adherido a la felicidad terrenal que es una antesala para la eternal. Al incluir a todos desde la cátedra gubernamental y establecer el equilibrio propio, se mantiene la paz social, se abre el entendimiento a nuevos métodos de vida y esperanza.

     Se falta a la justicia cuando se impulsa el aborto, la eutanasia y se le resta el matrimonio categoría vigorosa. Esas ínfulas de poner orden extralimitándose inciden en el decaimiento moral y espiritual de los ciudadanos. Mientras unos se regodean en sus hijos y nietos, miran con escepticismo a los que anhelan tener lo suyo. La felicidad no es una medida exacta para unos y otros. Una familia es feliz con poco, la otra con mucho.

     Es oportuno soñar con un Puerto Rico mejor sin obviar la rica herencia de cómo subsistir en cada situación trágica o rutinaria. Revelar el contenido histórico de cada detalle que exhibieron nuestros antepasados para sobrevivir es lección magna, justicia para el alma y para el cuerpo. Todo lo que llega a través del esfuerzo y la buena voluntad es curativo, una vacuna de gran inmunización contra la indiferencia y la ignominia. Se hace justicia al dar la cabida al amor que es medida básica para salir adelante.

  1. Efraín Zabala

Editor

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here