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Es la primera persona que conocimos y la palabra que todos aprendimos. Es instinto amoroso en acción los 365 días del año. El título se obtiene por vía natural o adoptiva. Solo la mujer tiene la posibilidad de ese regalo divino, aunque algunas quisieran distorcionarlo y otras, cuando la vida se abre paso, quisieran terminarlo. Es el don de la maternidad. Para apreciar su grandeza hay que contemplar a María, la madre de Jesucristo. No mencionarla es descuido de hijo distraido y confundido. La nueva Eva es quien da ejemplo a las madres boricuas y de todo el mundo para que sean llamadas bienaventuradas.

Bieaventuradas las madres que dicen sí a la vida, las que se entregan a la Santa Voluntad de Dios y con su sacrificio edifican la patria terrena revestida de fe, esperanza y caridad; acercando la patria celeste a este mundo. 

Bieaventuradas las madres misericordiosas que con su entrega total dan ejemplo contundente de la misericordia de Dios en estos tiempos llenos de indiferencia y de incensibilidad. Ellas son la luz de este mundo y “recibirán misericordia”, (Mt 5, 7).  

Bienaventuradas las madres que sufren y lloran a causa de la violencia del narcotráfico y del crimen, de las guerras en el mundo. Bienaventuradas las madres que procuran el alto al fuego como emisarias de paz. Ellas son llamadas “hijas de Dios”, (Mt 5, 9).

Bienaventuradas las madres pobres en espíritu, que a pesar de cualquier desafío o falta de oportunidades decide hechar pa’ lante a sus hijos y hogar ante cualquier adversidad como terremotos, pandemias, huracanes y enfermedades. Ellas dan cátedra de valentía, ternura y amor. Ellas, con un corazón puro, verán a Dios (Mt 5, 8). Su responsabilidad es grande; su recompenza también. Por eso oremos por todas las madres. Aprovecho para felicitar a Marta María, mi esposa y madre de mi hija Maristella. 

Oración por las madres:

Padre Celestial, te damos gracias por nuestras madres, a las que Tú les has confiado el cuidado precioso de la vida humana desde su inicio. Tú has dado a la mujer la capacidad de participar contigo en la creación de nueva vida. Haz que cada mujer puede llegar a comprender el pleno significado de esta bendición. Mira a cada madre que está esperando un hijo, fortalece su fe en Tu paternal cuidado y amor para con ella y para su hijo en camino. Dale valentía en tiempos de miedo o dolor, comprensión en los momentos de incertidumbre y duda, y esperanza en tiempos de problemas. Concédele alegría en el nacimiento de su hijo.

Bendice a las madres a quienes les has dado el gran privilegio y la responsabilidad de ser formadoras de un niño o una niña. Haz que todas ellas puedan fomentar la fe de sus hijos, siguiendo el ejemplo de María, la Madre de Tu Hijo. Ayuda a todas las “madres espirituales”, quienes están al cuidado de los hijos de  otros y asumen su tarea con amor maternal, que puedan descubrir que engendrar vida es mucho más que dar a luz.

Te pedimos que envíes el Espíritu Santo Consolador a las madres que han perdido hijos, que están enfermos o separados de sus familias, que se encuentran en peligro o problemas de cualquier tipo. Muéstrales Tu misericordia y dales fortaleza y serenidad. Colma de tu paz a las madres que ya no están con nosotros, que disfruten en Tu presencia del fruto de sus esfuerzos en la tierra. María, Madre del Cielo, intercede por todas las madres, sé su guía y consuelo. Amén. ¡Felicidades a todas las madres!

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

Twitter: @Enrique_LopezEV

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