La justa participación en los bienes del país debe ser opción preferencial para el gobierno constituido. Los pobres y marginados, que son más, tiene su propio grito, pero éste queda archivado por la premura del séquito de los afortunados. Esas diferencias abismales van creando callosidad en la piel de los que esperan a la orilla del camino, y optan por brincar el charco en anhelo de oxigenar su bolsillo.

Una mirada global y sana servirá de punto de meditación para encarrilar la mente y el corazón en forma de justicia. Es hora de sanear la epidemia de los míos para llegar a la multitud que espera el día de la emancipación democrática. No es tiempo de migajas sino de una acción con vehemencia de salud económica que sea estímulo para reconstruir el país.

Hasta ahora, después de los jalones de oreja de la naturaleza, queda un latir enfermizo, una fiebre que cala hasta los huesos. Las enfermedades mentales se reproducen en cada esquina, se convierten en fuete para todos. Las distancias generacionales exhiben una indiferencia, un maltrato que debilita y estigmatiza. La mirada recelosa punza, no es de ayuda, ni de abrazo contundente.

Se proyecta el País como un lugar en desbandada, encadenado al pensamiento estéril. La conversación gira en torno a nuevo aliciente económico y se exacerba el compra-comprar tan aplaudido por todos. La felicidad llega de allende los mares y la finca se queda sola porque faltan manos, porque el trabajo parece ser sinónimo de esclavitud.

En estas circunstancias históricas es imperativo que se realce el bien común como objetivo primordial de todos y que la justicia y la sabiduría sean puntos de referencia para salir de estos suplicios. Continuar con los estilos de premiar a algunos versus los otros, es despilfarrar al momento oportuno, es aliarse con las malas mañas que tanto daño han hecho al País.

Puerto Rico necesita recuperarse de la politiquería, del fanatismo y de las verdades a medias. La continua lucha entre unos y otros ha propiciado los espejismos y la desesperanza.  La política y las religiones son los temas centrales que tienen al pueblo de rodillas. Ir más allá es tarea primordial, auscultar el corazón para acelerar la marcha es tarea impostergable.

El bien común es medicina para todos, pues pone de relieve el rostro de los intereses de muchos. Dejarse impresionar por los pedagogos de la desorientación contradice el propósito primero de los comicios. Se sirve al pueblo repartiendo verdad, justicia, tolerancia y virtud. Caer en la encerrona de más de lo mismo es un atolladero, perder el equilibrio tan necesario para estos días difíciles.

P. Efraín Zabala

Editor

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