La frase es del Fray Luis de León después de salir de la cárcel y regresar a la cátedra luminosa. Tomada prestada la ágil mirada, el Visitante de Puerto Rico, comienza a fluir por las parroquias como una buena noticia, como un huésped dominical que informa y forma, como un rayito de esperanza para los miles de puertorriqueños que se dan cita en el templo para cumplir con el precepto dominical y degustar la Palabra Santa.

En este momento de pesada cruz y de incertidumbre, El Visitante llega como interlocutor de buena noticia, al servicio de la verdad y a la justicia, como acompañante del Pueblo de Dios que camina en Borinquén como un heraldo de amor y entrega. Sobre la palabra Santa, leída y escudriñada, se vierte el Semanario Católico que se acerca a los cincuenta años de publicación y de presencia parroquial.

Entrelazar las ideas fértiles y proclamar el amor de Dios, es predicar desde los techos, edificar la Ciudad de Dios con esmero y justo balance cielo-tierra. Se vive inmerso en un mundo con agendas escalofriantes, con sutiles forma de convencer, con fuerza económica capaz de atraer al más sensato y preparado.

La palabra de El Visitante va por los rieles de la enseñanza dócil, del criterio auténtico de los obispos que tienen como oficio enseñar, capacitar a los fieles para que encuentren su libertad en Cristo, único maestro. Todo lo que es digno y bueno, justo y necesario, representa una bandera de luz sobre un mundo que sufre dolores de parto, de lucha por su liberación.

Comenzar de nuevo implica una aventura, un doble esfuerzo, una mirada colmada de esperanza. Los que dan la milla extra proponen la colaboración como una mano extendida, como una palmadita sobre el hombro, como un agradecimiento a ese apostolado que es querido por la Iglesia y elevado a buena semilla de vida y virtud.

El Visitante abre sus puertas después de muchos meses de espera y rezos. Servir desde la palabra escrita conlleva una preocupación meticulosa, dar el máximo. Este apostolado pasa por la mente y el corazón, se abre en ritmo de resurrección. Se servirá la palabra adecuada, la invitación a plasmar en los corazones una sana forma de amar a Dios y servir al prójimo.

Se abre un nuevo capítulo de mucho esfuerzo y dedicación. El Señor nos acompaña en esta tarea de calmar la sed y el hambre de un pueblo que ama a Cristo y anhela su reivindicación como cristiano.

 

P. Efraín Zabala

Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here