La asignatura más valorada desemboca en el éxito fácil o en cómo llegar rápido a la vertiente de la riqueza. Se echa a un lado toda la sabiduría de las cosas pequeñas para aligerar el paso hacia la luminosidad del dinero que lo compra todo. Esa afición moldea lo correcto y echa a  un lado el conocimiento sencillo, la actitud viva de dominar la tierra.

La mente atrapada por el fisco se encarga de rebatirlo todo o la lotería de cada puertorriqueño que emana de una concepción de eterna complacencia con la vida muelle. La necesidad, la pobreza, el hambre, pasan a ser gajes del oficio de aquellos que no tuvieron suerte, que prefirieron mirar de lejos que darse por completo a lograr metas del gran progreso humano.

Ante el ideal de convertirlo todo en oro, se cae en la pobreza de no tener la habilidad de solucionar un problema básico. La burocracia engorda y el papeleo cubre los escritorios, y mañana se convierte en la palabra más usada. Mientras los necesitados esperan, los que tienen el sartén por el mango se repliegan ante el que busca una ayuda de emergencia. No hay una pizca de sentido común, ni un ¡ay bendito! que subraye los días de pena de uno que implora misericordia.

La muchedumbre de empobrecidos clama por un trato urgente, por una diligencia que fluya de la mente y el corazón, que la necesidad no espera. Mirar de lejos nunca es una solución adecuada y trae consigo una desorientación que desinfla a la mente. Las noches de los que esperan no terminan, se agrupan en las pesadillas nocturnas.

La acción gubernamental debe fluir por todo el ámbito social para evitar os desacuerdos y los temblores del corazón. Para los que tienen y poseen la llave de las soluciones instantáneas esta sobre la mesa una vez enseñan su identificación, la pleitesía adquiere un imán especial, una entrada gratis para todos las ocasiones de negocio o de entretenimiento. 

Conviene pues, emancipar a unos y otros, a pobres y a ricos para revitalizar el ámbito de las relaciones humanas. La hermandad primera clama por la justa distribución, por el intercambio de talentos, por la cuchara grande que sea medida exacta para que nadie pase hambre y viva al margen de una sociedad aturdida por lo económico y material.

Aligerar el paso para dar a cada uno lo suyo es casi un instinto de conservación en esta tarea de compartir el pan y no permitir que se queme en el horno de la burocracia y la mente formal e indecisa. Se codifica la ruina cuando los ricos y pobres, los ignorantes y los sabios, fraguan su destino en polos opuestos. Hacer fácil la vida a aquellos que yacen al margen, es obligación de todos, especialmente de los que tienen los almacenes llenos.

Padre Efraín Zabala

Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here