Un hombre y una mujer establecen unos vínculos estrechos de amor, ayuda mutua, fidelidad y se inmolan en el amor sin tacha, el amor sacrificado. Hay una ternura básica que rige todo comportamiento humano que tiene que ver con la débil condición, que es herencia de todos. Sobre esa verdad se sitúa la pareja que busca luz y equilibrio para no perder la ruta.

     Toda otra consideración debilita el justo proceso de la felicidad que aparece y desaparece, llega a sorbos. Olvidar la verdad básica, para ir detrás del confeti, es situarse frente al precipicio, que siempre está a la vuelta de la esquina. Esa decisión de dar un sí debe ser reverenciada por la sinceridad robusta. Es preciso conocer a la persona amada, penetrar en su dolor íntimo, que la confianza sea llave mágica, acuerdo virtuoso.

     El flechazo primero no es un pasaporte para poner fecha al día solemne de la boda. Antes de dar el paso y ponerle frosting a un mero encuentro, es preciso oír el ritmo del corazón, o las circunstancias del momento. Conocer el entorno familiar y el comportamiento  con el padre, la madre y los hermanos, es una pauta para aclarar dudas, para tener una idea clara del carácter de la pareja. No se es persona en la quietud de un manantial, sino en las olas bravías de la vida familiar.

     La situación de pensar a la ligera y a Dios que reparta suerte, ha llevado al matrimonio de muchos que han hecho de ese hermoso encuentro un callejón sin salida. Existen las parejas mutiladas por la vanidad, el amor al dinero, la mezquindad de valores y metas altruistas. Lo efímero, que es como una pena, prevalece sobre lo esencial y básico. Dar la milla extra por la persona amada tiene connotación de humillación e inferioridad.

     La discusión de los últimos días se ha centrado en el golpe a la integridad de la persona y a la torpeza de los agresores. Esos espectáculos de terror echan sombras sobre el matrimonio que ha sido vejado por uno y otros y que deterioraron la mente y el corazón de aquellos que aspiran a formar un hogar, que son una esperanza para el país que llora la pérdida de los valores y el respeto como vínculo amoroso. 

     Convertir el matrimonio en una mera apariencia, o en una ventajeria de ocasión, es contribuir  a un futuro de fantasmas y solitarios que aman desde lejos y miran a través de las celosías. El amor de lejos se pierde entre las espina de la soledad que tarde o temprano aparece entre las sombras.

     “Yo te quiero a ti” es un boleto gratuito que surge de Dios, un llamado a contribuir a profundizar en el misterio de la vida. Hombre y mujer pasan por la puerta estrecha de la vida cogidos de la mano. El duro golpe, o la palabra ofensiva, desgarran el corazón, crean la violencia.

Padre Efraín Zabala

Para El Visitante

 

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