Bajo el tema de reflexión: La misión en el corazón de la fe cristiana, que nos propuso el Papa Francisco y el lema: Puerto Rico en misión, el Evangelio es alegría, vivimos la experiencia, en el Santuario del Espíritu Santo de Dorado, de un Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND) que ha marcado nuestras vidas para siempre. Ciertamente, como Iglesia, estamos en permanente estado de misión, más con el paso del huracán María se hace cada vez más urgente “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las situaciones que necesitan del amor y la luz de Jesucristo” (cfr. Evangelii Gaudium, 20).

Así pues, como “fruto del huracán”, que ha echado al piso nuestras comodidades, la planificación del DOMUND se vio enriquecida por el esfuerzo y sacrificio de una comunidad de fe, que más allá de sus propias necesidades familiares, dio cátedra de disponibilidad, servicio, oración y creatividad para hacer posible esta gran fiesta. Ajustes de horario en las reuniones, días de limpieza, recogido de escombros, logística y coordinación de la ambientación, la liturgia, la comida y hasta el estacionamiento, fueron dones y tareas que nos han servido de instrumentos para crecer en la confianza, la unidad y la solidaridad.

Más aún, esta jornada misionera acogería una celebración muy especial: el 25 aniversario de ministerio sacerdotal de P. José Orlando Camacho Torres, religioso y misionero corozaleño de la Congregación del Espíritu Santo, quien sirve como superior del Grupo Espiritano de Puerto Rico-República Dominicana y es el actual director nacional de Obras Misionales Pontificias (OMP) en Puerto Rico.

Finalmente, llegó el tan esperado día (domingo, 22 de octubre), desplazando las inquietudes e incertidumbres, la sencillez y la acogida ocuparon ese espacio y Dios, a través de la naturaleza, nos hizo disfrutar de una brisa constante que nos mantuvo cómodos y atentos. Sobre 250 personas se dieron cita y participaron de una dinámica que destacó la conciencia misionera universal. A su llegada al Centro de actividades, P. Carlos Connors del Santuario del Espíritu Santo, recibió una franja de tela de uno de los colores representativos de los continentes en el rosario misionero. La misma fue bendecida antes de comenzar la misa, con el compromiso de orar, durante 1 año (hasta el próximo DOMUND), por las necesidades del continente recibido.

Compartimos una bella Eucaristía presidida por Monseñor Eusebio Ramos Morales, Obispo de la Diócesis de Caguas y animada por el ministerio musical, precisamente del barrio Palmarito de Corozal (donde creció P. Orlando) y por el grupo de danza litúrgica de Toa Baja.  Monseñor Eusebio nos exhortó a asumir, con alegría, nuestra parte en la misión de la Iglesia, como bautizados. Además, resaltó nuestro rol activo, como hombres y mujeres de fe, para que Puerto Rico siga levantándose de la crisis. Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue durante el ofertorio, cuando una familia presentó una planta con un retoño, una bandera puertorriqueña y un sombrero típico (la pava), signo de fe y esperanza en que Puerto Rico se irá renovando, y ya está en el proceso, para superar la intolerancia, la indiferencia y el materialismo. Este ofrecimiento provocó que los presentes se pusieran de pie y comenzaran a aplaudir, en señal de que unidos y contando con Dios podremos levantarnos de cualquier situación.

Luego de la distribución de la comunión, se dio reconocimiento, por medio de una semblanza, a P. José Orlando. Este recibió un regalo de parte de la comunidad del Santuario y acto seguido, expresó toda su gratitud. Enfatizó en su acción de gracias a Dios por el llamado, a su madre Luz Esther Torres Albaradejo (que en paz descanse) por su ejemplo de vida cristiana y perseverancia y a la Congregación del Espíritu Santo por las oportunidades de trabajo pastoral y vida comunitaria internacional en Brasil y de trabajo administrativo en Puerto Rico. Experiencias que han formado y desarrollado su ministerio sacerdotal y le han dado las herramientas para asumir los retos de la “misión cotidiana”, que nos toca a todos y todas. Terminada la Eucaristía, la providencia divina junto con la generosidad y gestiones de mucha gente, nos permitió “pasar de la misa a la mesa” y compartir los alimentos y hasta refrigerios (con hielo y todo).

Sencillamente ha sido una experiencia de transfiguración, de una manifestación de Dios tal, que este DOMUND 2017 ha quedado sellado por los valores del Evangelio. Los cuales, el fuerte azote del huracán María ha provocado que despierten en el corazón de cada puertorriqueño y puertorriqueña, que “a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, busca responder a las amplias necesidades de la evangelización”, comenzando por casa (cfr. Mensaje del Papa Francisco-Jornada Mundial de las Misiones 2017).

(P. Jonás Rivera, cssp)

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